David Otero es uno de esos músicos sin miedo al fracaso. El exintegrante de El Canto del Loco lleva 20 años en la industria musical, en la que ha logrado salir airoso en cada una de sus etapas profesionales. Tras pertenecer durante 10 años a uno de los grupos de pop rock español más importantes de la historia, el exguitarrista y compositor de la banda juvenil se lanzó al vacío convirtiéndose en El Pescao. Después de experimentar en nuevos escenarios y lograr posicionarse en el segundo puesto de las listas de ventas españolas, cuatro discos y giras en España y Latinoamérica, esta ave fénix ha decidido rebuscar entre sus cenizas. 

Este 5 de marzo presentó Otero y yo, un álbum que recoge las canciones que le han acompañado en su trayectoria con la colaboración de artistas punteros en el panorama musical actual como Taburete, Nil Moliner, Ana Guerra, Dani Fernández, Cepeda o Funambulista. En su visita promocional a Barcelona, donde actuará el próximo 7 de octubre, David Otero explica a BMagazine qué fue lo que le llevó a volver a abrir el baúl de los recuerdos, cuál está siendo la aceptación del público y cómo valora la situación actual y el comportamiento de la industria en un contexto tan excepcional como es el de la pandemia. 

El artista David Otero posa en la Gran Via de les Corts Catalanes de Barcelona / BMAGAZINE



Acabas de estrenar Otero y yo, un álbum con el que versionas temas que te han acompañado durante toda tu carrera con otros artistas, ¿cómo nació la idea?

La idea llegó durante los directos de 2016 y 2017. Nunca tocaba las canciones de El Canto del Loco, aunque la mayoría las había compuesto yo. Un día en un concierto toqué Una foto en blanco y negro y la respuesta fue súper chula. Desde entonces decidí meterla en el repertorio y poco a poco fui incluyendo otras como Volverá. Escogí tres o cuatro, las que sentía más mías. Varios amigos me dijeron que era una pena no tener un CD de esas canciones. Al escuchar su reacción comencé a dar vueltas a la idea de grabar un directo. Esa ilusión terminó siendo un disco del cual hemos podido disfrutar el proceso un año entero.

¿Fue difícil el proceso de creación? Has tenido que escoger con qué artistas colaborar, qué canciones versionar, etc.

No ha sido un proceso difícil, más bien ha sido delicado. Hemos tenido cierta sensibilidad a la hora de juntar las voces con el significado de la canción, la persona, su momento, su timbre de voz, la forma de combinar nuestras energías, la estética del tema, etc. Primero pensamos qué canción le quedaría bien a cada uno. Después todo cambiaba porque quizás alguno de los artistas me decía que le hacía ilusión cantar otra. Dani Fernández me dijo que no quería hacer una versión nueva, sino que le interesaba más hacer un tema desde cero; con Ana Guerra estuvimos cantando toda una tarde hasta que dimos con Peter Pan, que era la que quedaba más bonita y en la que empastaban mejor las dos voces; con Taburete tenía claro que quería hacer una canción de ‘El canto’ y Una foto en blanco y negro les iba… Cuando oí a Willy cantar una estrofa lo vi claro; con Bely Basarte ya había cantado varias veces Buscando el sol; Aire la compuse con Funambulista… Cada una tiene su historia.

¿Hacer este álbum ha servido como proceso sanador para cerrar una etapa o ha hecho que se te remuevan todavía más recuerdos?

El proceso de cierre de una etapa ya lo había vivido antes de hacer este disco, durante una terapia que hice hace dos años y medio y que fue la que realmente hizo cristalizar esta idea: sin miedos, sin inseguridades, volviéndome a enfrentar a todo lo que me había pasado. Pensé cómo no voy a mostrarlo al público si esto lo canto en mi casa porque me gusta. Muchas veces nos enfocamos en hacer una canción para radio o una canción que se ponga de moda, pero la música tiene que ser algo que haga sentir cosas especiales. Debe representar algo más allá de tu estado normal y natural, una idea que quieras compartir con los demás, y yo lo he hecho de corazón. Cuando consigues eso tienes un tesoro, pero no es fácil llegar a ello.

¿La respuesta del público ha sido la que esperabas?

Cuando un proyecto tiene dimensión tan grande, con unos datos muy potentes, como ha sido el caso, surgen opiniones de todos los gustos. Si me dices que es una cosa muy de nicho, que ha llegado a 200 personas, lo más probable es que estén de acuerdo con lo que se ha hecho. Entre el vídeo y el stream de Una foto en blanco y negro hay alrededor de unos 30 millones de plays, que es una barbaridad. Más toda la radio que ha sonado, que ha sido muchísima. Con tanta interacción hay opiniones de todos los públicos. Claro que va a haber gente a la que no le guste y que me tenga manía haga lo que haga. Antes de sacar la primera canción muchas personas me decían ‘vaya mierda vas a hacer’ y yo decía ‘coño, pero si es que ni lo has escuchado’. Con esa actitud es difícil que guste. Pero también he recibido millones de historias súper bonitas a raíz de estas canciones y que compensan las críticas.

Durante un tiempo actuaste bajo el nombre de El Pescao, ¿cómo fue la experiencia?

Fue complicado. Cuando sales de pertenecer a un grupo como El Canto del Loco te enfrentas a un contraste gigante. Pasas de tener una respuesta inmediata y buenísima en la que no te preocupas casi por nada, a cero. Sin embargo tus instrumentos de trabajo siguen siendo los mismos: la guitarra, la voz, los pedales, etc. Cuando estás acostumbrado a tener un público de 100.000 personas y, de repente, solo van 50 a tus conciertos, lo primero que piensas es que no lo estás haciendo bien. Todo depende de la perspectiva con la que lo mires. Ha sido un proceso en el que he tenido que ir comprendiendo todo lo que estaba viviendo y convertirlo en algo que me llenase para quedarme con lo bueno.

¿Por qué ahora has decidido probar suerte con tu propio nombre?

Realmente tuve una desvinculación con el sentido más profundo de por qué había puesto a mi proyecto El Pescao. Al salir de El Canto del Loco me daba vértigo enfrentarme al nuevo proyecto con mi nombre y mis, por eso mí manera de protegerme fue poner un ‘pescao’ delante. Acabé dándome cuenta de que lo había hecho para frenar los golpes, como si fuera una barrera. De esta manera, si fracasaba quién lo haría sería El Pescao y no yo. Me estaba guardando una vida extra preservando mi nombre, y finalmente me he lanzado a ello. A pesar todo, en ese proyecto hice canciones maravillosas que se van a quedar para siempre y con las que he sido muy feliz.

El artista David Otero posa en la Gran Via de les Corts Catalanes de Barcelona / BMAGAZINE



¿Ha sido más positiva la respuesta de la audiencia al mostrarte con tu nombre y tu apellido?

En cuanto a números, trayectoria y gráfica sí que ha sido más positiva. Hay artistas y proyectos que no lo necesitan, pero yo cuanto más sincero y honesto me muestro, mejor respuesta recibo. La gente conecta más conmigo. Por eso mi proyecto se basa 100% en que la gente me vea con mis defectos, mis virtudes; a veces pareciendo un idiota, un tío inteligente, pero que me vean. La música que hago tiene mucho más sentido y mayor potencia cuando soy lo que soy cuando estoy en casa. A mí no me funciona disfrazarme.

¿Ha sido fácil introducirse en la industria musical en solitario? Tienes más de 20 años de experiencia en el sector…

La industria musical es muy compleja. Es un baile de máscaras en el que vas descubriendo quién mola y quién no. Es un juego con una parte de ficción en la que hay egos, posturas ante ciertas decisiones musicales, etc. La industria está un poco herida por todo lo que ha cambiado desde la época del streaming y la piratería en 2001. He tenido momentos en los que el viento ha soplado a mi favor, otros en los que no tenía aire para avanzar y me obligaba a ir hacia atrás. Pero he aprendido muchísimo. A día de hoy ser un artista de pop normal no es nada atractivo para una compañía de discos, pero tiene sus virtudes llevar tantos años en esto.

¿Por qué has apostado por el talento joven en este álbum?

Tengo una gran conexión con la gente de veinte años. La mayoría de los cantantes con los que he colaborado en este disco son de esa generación y me siento muy cercano a ellos por muchos motivos. Al igual que yo aprendí muchísimo de personas de 40 años cuando yo tenía 20, creo que es inteligente pensar que me pueden aportar muchas cosas. A pesar de ello, la industria se equivoca un poco apostando tanto por el nuevo talento y por seguir manteniendo como por obligación a los que llevamos tanto tiempo.

Tras veinte años de recorrido musical, ¿crees que en la industria española hay demasiada competencia?

Yo veía más uñas y dientes en nuestra época. A día de hoy sigue habiendo competencia, pero es más sana. Con ‘El canto’ sentíamos rencor por parte de otros grupos y segmentos musicales. Nos odiaban. Ahora se odia por temas personales, no tanto por el género musical al que pertenezcas. Un rapero con un popero pueden colaborar juntos y sale algo de puta madre, en nuestra época un rapero pensaría ‘¿qué haces con este grupo de niñas que son un producto de marketing?’. Las nuevas generaciones han crecido con la capacidad de normalizar lo diferente, cosa que en la mía había un estigma muy grande contra lo distinto. Antes te dabas la vuelta y veías que estaban yendo a por ti. Me he llegado a encontrar en situaciones de flipar y ahora, quitando la parte de las redes sociales en la que hay mierda por un tubo, el tú a tú es mucho más tolerante. En nuestra generación éramos unos borricos, tenías que ser un machote y pegarte y yo era tan distinto a todo eso... Por eso encontrarme una generación como la que hay ahora me ha sorprendido mucho.

La primera colaboración de este álbum supuso un boom que te catapultó de nuevo a la primera fila del panorama nacional, pero en pocos meses llegó la pandemia. ¿Cómo la afrontaste?

La afronté como cualquier otro. Para mí supuso lo mismo que para el que el día de antes de la pandemia abrió un restaurante, un hotel o un gimnasio. Casos como el mío hay millones en este país, pero lo que no podemos hacer es lamentarnos y pensar ‘¿y por qué yo?’. Es el momento de afrontar las cosas como vengan, de ver qué podemos aprender y qué nos trae de bueno.

Una persona como tú, que se ha pasado media vida encima de un escenario, ¿no tiene ganas de volver a la normalidad?

Ganas no faltan. Empezaremos el 17 de abril en Valencia, aunque todo está en el aire. Hay muchos lugares que están esperando a ver si llega una cuarta ola, si se podrá hacer, etc. Tengo un concierto programado en Barcelona. Será en octubre en la sala Barts, esperemos que se pueda hacer. Durante este tiempo he hecho 20 conciertos, que ya son un montón en esta situación. He tocado en situaciones muy extrañas porque son shows raros, pero ha sido muy emocionante.

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