La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, comienza a encontrar reticencias entre los suyos a la hora de confeccionar las listas de cara a las próximas elecciones municipales del mes de mayo. Sus mayores sostenes dentro de la candidatura ya no estarán: Gerardo Pisarello y Jaume Asens. En su lugar, deben ir otras personas que no lo ven claro.

Pero no es sólo eso. Además, hay tensiones son sus socios de candidatura, Podemos e ICV, algunos de cuyos candidatos se encuentran con reticencias por parte de Colau y su equipo, cuando no con el decidido veto de los mismos.

El mayor problema que tiene en estos momentos la alcaldesa es buscar a su segundo. El puesto, según parece, se le habría ofrecido a Jordi Martí, el exsocialista alineado con el independentismo a quien Colau fichó como gerente. Pero, de momento, su incorporación en el lugar de Pisarello se ha congelado, según algunas fuentes municipales.

Dentro de Barcelona en Comú (BeC), se prefiere ser cauto sobre la cuestión de los nombres. “De momento, Ada Colau ha iniciado una ronda de encuentros con activistas, que hacen aportaciones sobre qué perfiles pueden enriquecer más la lista. Estamos en ese proceso, que durará todavía hasta finales de este mes de enero. Luego ya vendrá otra etapa, en la que se barajarán nombres, antes de culminar una lista con cara y ojos. Pero aún es pronto para hablar de personas en concreto”, admiten a Metrópoli Abierta fuentes del entorno de Colau.

Pero las tensiones ya existen y están presentes en el proceso de confección de listas. “El problema es que los integrantes de la lista tendrán un sueldo limitado, y por eso hay reticencias a la hora de meterse en la candidatura”, avisan desde algunos círculos. En la oposición, se razona incluso con que la negativa de Jordi Martí tiene algo que ver con esa limitación. “Es que no es lo mismo tener un salario de más de 100.000 euros, que es el suyo como gerente, que pasar a cobrar 2.200 euros mensuales, que es lo que le corresponde como concejal, si decide integrarse en la lista”, subrayan.

QUEJAS DE CONCEJALES

Lo mismo ha pasado con otros posibles candidatos, que frenan su entusiasmo por la obligación de limitar su salario y donar la mayor parte de él al partido, que es una de las cláusulas que han de firmar los integrantes de la candidatura. “En esta primera legislatura, algunos de los miembros de BeC se quejaban en privado de lo poco que cobraban, pero ellos sabían las normas que había y que no podrían cobrar lo que cobran los demás concejales”, aseguran las fuentes.

Otra cosa son las pugnas internas que hay entre los socios de la coalición. Los representantes de ICV, que ya tenían experiencia de gobierno, son los que más problemas han tenido a la hora de desarrollar su labor y de encajar en el equipo de gobierno. Algunas fuentes consultadas achacan esa tensión precisamente a que “ellos ya habían gobernado y no solamente conocen el funcionamiento de la administración, sino que tienen una concepción diferente de lo que es un servicio público. En cambio, el círculo más cercano a Colau llegó por primera vez a la Administración y ha aplicado su concepción ideológica a su trabajo, lo que ha distorsionado el funcionamiento de la maquinaria municipal”.

ROCES CON LOS SOCIOS

La responsable de ecología, urbanismo y movilidad, Janet Sanz, uno de los pesos pesados dentro del equipo municipal, fue una de las que navegó con más dificultad por entre los recelos de los fieles a la alcaldesa. Pero Laia Ortiz, por ejemplo, segunda teniente de alcalde y responsable del área de derechos sociales, siempre mantuvo una tensión indisimulada con ese entorno radical de la alcaldesa. Y el concejal de Turismo, Comercio y Mercados (al mismo tiempo que concejal del distrito de Les Corts), Agustí Colom, recrudeció su pulso con el teniente de alcalde Pisarello, en la recta final del mandato, hasta el punto de que en el propio Ayuntamiento se llega a afirmar que Pisarello y Colom se odian mutuamente. No pueden ni verse”.

Colau y la regidora Janet Sanz, uno de sus 'pesos pesados' / Archivo



También entre los ‘podemitas’ ha habido roces. Tras la marcha de Raimundo Viejo a Madrid como diputado, el partido morado quedó desarbolado en la capital catalana. Laura Pérez, responsable de Relaciones Internacionales y militante de Podem, está en la cuerda floja. Algunas fuentes apuntan a que su nombre ha sido vetado por el entorno de Colau.

Otras fuentes apuntan a que, en realidad, Pérez está cansada y prefiere dedicarse a temas de partido, ya que bastante trabajo tiene para arreglar los graves asuntos internos de la formación, desarbolada tras las últimas crisis padecidas.

En todo caso, las condiciones para formar una candidatura compacta y disciplinada no son las mejores en estos momentos. La salida de Pisarello y Asens del equipo de gobierno podría paliar, en parte, los problemas de entendimiento. Pero aún así, las negociaciones para confeccionar la lista no serán un camino de rosas.

Noticias relacionadas