Un par de días antes del pleno de investidura del sábado, en la lista de Manuel Valls no las tenían todas que Celestino Corbacho acabase votando favorablemente a la investidura de Ada Colau como reclamaba su jefe de filas. Si finalmente, la lider de los comuns hubiera obtenido un voto menos no hubiera sido reelegida alcaldesa de Barcelona. Las dudas se disiparon pocas horas antes de la votación.

Fuentes de Ciudadanos confirmaron a Metrópoli Abierta que de los seis regidores de Valls, tres votarían a favor de Colau, y los otros tres en blanco. Los que respaldaron a Colau fueron Valls, Eva Parera y el propio Corbacho, mientras que los que dejaron la papeleta en blanco fueron  Marilén Barceló, Paco Sierra y Mariluz Guilarte, los tres integrantes de Ciutadans porque su partido les ordenó no apoyar a Colau. Sin embargo, a Valls no le gustó la decisión y se enfadó mucho. Hasta última hora Valls confiaba en que los seis concejales acatarían sus órdenes y votarían a favor de Colau.

Dos días después de la investidura de Colau, el foco vuelve a estar en torno a Corbacho. Tras la ruptura de Albert Rivera con Valls este lunes por ayudar a Colau a reeditar cargo, parecía que Barcelona pel Canvi-Ciutadans, la formación con la que el político galo concurrió a las elecciones, se dividiría en dos grupos municipales distintos integrados por Valls, Eva Parera y Corbacho, por un lado, y Barceló, Sierra y Guilarte, por otro. Sin embargo, la cosa ahora no está tan clara y Corbacho estudia abandonar al exministro galo del Interior e irse con Rivera.

VALLS PODRÍA QUEDAR EN MINORÍA

La intención de Corbacho es reunirse por separado con Valls y con Ciutadans y tomar una decisión posteriormente. Su intención es conocer el rumbo programático de ambos para el mandato. Si finalmente, el exalcalde del Hospitalet se inclina por ir con el partido naranja, Valls quedará claramente en minoría en el Ayuntamiento respecto a sus colegas de campaña, apoyado exclusivamente por Parera, y sin ser decisivo en las políticas de ciudad como lo ha sido en la investidura porque la suma de sus regidores y los de Barcelona en Comú y el PSC no alcanzan la mayoría del pleno sin Corbacho. Lo que parece claro es que Valls podrá seguir contando con grupo municipal propio porque el número mínimo exigido es de dos concejales, en este caso él y Parera.

Tras romper dejar el PSC en enero de 2018, Corbacho se acercó a Ciudadanos y su nombre sonó con fuerza para encabezar la lista naranja en Hospitalet, aunque finalmente se integró como número 3 de la plataforma de Valls. Corbacho incluso llegó a participar de manera habitual en la campaña de Ciudadanos por las generales. El pasado abril, el exconseller y expresidente de Lliures Antoni Fernández Teixidó aseguró a El País que Corbacho ocupara el número 3 fue una imposición de Ciudadanos, vamos de Rivera. También lo fue la número 2, Mariluz Guilarte, diputada naranja en el Parlament. Valls quería de 2 a Parera, exmilitante de Unió, y después sondeó a Carmen Andrés, concejal del PSC durante el último mandato y ahora diputada en el Congreso. 

Las diferencias entre Rivera y Valls no son nuevas. Las interferencias de Ciudadanos en la lista de Valls han sido constantes, confirman fuentes próximas al exprimer ministro francés, que en distintos momentos ha amenazado con romper la relación con el partido naranja por los flirteos de éste con Vox, tanto en Andalucía, tras las generales, como en Madrid. Las prioridades de Valls son la lucha contra el independentismo y los populismos, tanto de extrema derecha como de extrema izquierda. Ceder la alcaldía a Colau es interpretado por Valls como un mal menor para evitar que Barcelona tenga un alcalde independentista.

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