La exalcaldesa de Barcelona, Ada Colau, busca su sitio postelectoral. Apeada del pedestal de la alcaldía, su peso político se ha volatilizado tan rápidamente como fue desalojada de la cúpula municipal. En los círculos de los comunes cercanos a ella, se admite que no está cómoda en su nuevo papel de concejala lisa y llana. Por eso, planifica con todo detalle su futuro político, que nada tiene que ver con el Ayuntamiento de Barcelona: su apuesta por Yolanda Díaz como cabeza de lista de la nueva izquierda, desalojados los podemitas de la escena política, le puede deparar días de vino y rosas. En el mundo político es vox populi que ambiciona ser nombrada ministra de Vivienda o, en todo caso, de Derechos Sociales.

No es fácil. Desde Podemos, quieren cortar el paso a Colau. Hay dos motivos por los que su salto a Madrid se puede ver truncado: en primer lugar, porque Podemos reclama un porcentaje del Gobierno español, en el que quizá no tendría cabida la cuota de los comunes. No hay suficientes ministerios para tantos candidatos. Si Sumar y sus aliados se hacen con tres carteras, la presencia de Colau en el Ejecutivo central (siempre y cuando sea investido presidente Pedro Sánchez) queda en entredicho. El interés de Podemos es conservar dos carteras, lo cual va a ser casi imposible. Yolanda Díaz estaría dispuesta a concederle sólo una. Otra cartera sería para la propia Díaz y una más para una persona de su confianza, pero ahí Colau competiría con otros adalides de Sumar.

LA CONSIDERAN ‘TRAIDORA’

El segundo motivo de preocupación para Ada Colau es, precisamente, su apuesta por Yolanda Díaz. En amplios círculos de Podemos se la considera una traidora y le quieren cortar el paso hacia el ministerio. En la cúpula del partido morado sentó muy mal la alineación de la líder de los comunes con la actual vicepresidenta del Gobierno cuando Díaz comenzó a minar el poder de Podemos en la era postIglesias. Por eso, están poniendo toda la carne en el asador para que sean los suyos los que marquen la agenda de Yolanda Díaz en el Ejecutivo y no la ‘traidora’ de Barcelona. En otras palabras, que el control de Díaz y el peso político de Podemos son directamente proporcionales a la distancia que hay entre Colau y Madrid. Colau se ha creado potentes enemigos en Barcelona, pero en Madrid tampoco ha cosechado amigos, más bien al contrario.

En los comunes, afirman que Yolanda Díaz quiere tenerla a su lado y cuenta con ella para ocupar una cartera ministerial. Pero en algunos círculos aseguran que la propia Díaz es consciente de que puede tener problemas con Podemos si incorpora a Colau expulsando a Irene Montero y a Ione Belarra. Incluso podría haber una revuelta interna y una ruptura de grupo parlamentario. Por eso, las cosas de palacio van despacio y aún no se ha desvelado el futuro de la exalcaldesa de Barcelona en Madrid. ¿Hay un enfriamiento en las relaciones entre Colau y Díaz? En algunos ambientes políticos de los comunes se habla de una cierta distancia, pero por cuestiones tácticas. Este viernes 6 de octubre, Yolanda Díaz asistió a un foro del Grupo Godó y Colau no la abandonó ni a sol ni a sombra. En su agenda, Colau anotó el acto de la “ministra de Trabajo”, no de la vicepresidenta de España, como en otras ocasiones. Es sólo un detalle.

MANIOBRA SUTILES, PERO CONTUNDENTES

En su partido le han aconsejado a Colau que no pise callos madrileños y que temple armas mirando hacia otro lado y rehuyendo las tensiones internas en Sumar. La líder de los comunes sabe muy bien cuál es su papel y ya tiene un guion que sigue a rajatabla. Su primera obligación es marcar perfil contra quien considera su ya enemigo: el nuevo alcalde, el socialista Jaume Collboni. Las maniobras de Colau son sutiles, pero no por ello menos contundentes. Su estrategia pasa por desgastar al socialista, marcar su gestión señalando continuamente los fallos y las traiciones de su sucesor y ejercer de oposición de izquierdas.

Tras las municipales, la líder de los comunes también prometió que aunque Yolanda Díaz fuese presidenta de España, “yo me quedaré en Barcelona intentando conseguir un gobierno progresista. No me resigno a que la derecha deshaga todas las políticas impulsadas los últimos años, trabajaré hasta el último minuto para conseguir una mayoría de izquierdas”. En eso está, pero la labor no le satisface en absoluto. El socialista Collboni es un dirigente poco impresionable y, paradójicamente, donde mejor se desenvuelve es entre bambalinas, lo que ha restado protagonismo y, además, peso político a Ada Colau.

LA EQUIDISTANCIA COMO ARMA

En esta estrategia vuelve a cobrar importancia un elemento que ella ha cultivado con primor durante años: la equidistancia. Piensa que en la equidistancia está la grandeza y la cultiva en su gestión diaria: su cometido es atacar a Collboni por un lado y al independentismo por otro. Por eso ha comenzado a marcar perfil en Barcelona: compara públicamente a Jaume Collboni con José Luis Martínez Almeida (le echa en cara que ambos han votado en contra de la amnistía). Pero también ha acusado a los socialistas de bloquear una ley de regulación del precio de los alquileres, trazando un sinuoso perfil de su hipotética labor en un hipotético Ministerio de Vivienda.

Esa estrategia se complementa con el marcaje a los grupos soberanistas: dispara contra ERC y JxCat por intentar añadir más puntos a sus reivindicaciones para la investidura de Sánchez, como la autodeterminación, una exigencia que hace unas semanas no estaba en la agenda de ninguno de los dos partidos independentistas. Y aquí marca perfil en dos niveles: por un lado, se arroga el protagonismo de los puentes de Pedro Sánchez con Carles Puigdemont. “Fuimos los comunes quienes comenzamos el proceso de desjudicialización con la Vía Asens. Al principio, se nos criticaba desde los dos lados, pero al final nos hemos puesto de acuerdo y es una cosa que hemos de celebrar”, aseguró hace solamente una semana.

UNA AFIRMACIÓN ARRIESGADA

Pero no deja de ser presuntuoso y ligeramente manipulada la afirmación de Colau: la Vía Asens comenzó con la visita de Yolanda Díaz a Bélgica para entrevistarse con Puigdemont. Asens fue el mediador debido a que durante años ha visitado periódicamente al fugado en Waterloo. Asens es el representante del sector independentista en el partido de los comunes. Pero la desjudicialización comenzó a tomar nitidez tras la exigencia de una amnistía como condición indispensable para investir a Sánchez. Y ahí, Colau reprende a los independentistas su postura: “No frivolicemos con la amnistía, no está cerrada, no la podemos dar por hecha. Hemos comenzado con avances: poder hablar catalán en el Congreso y con diálogo abierto sobre la amnistía”. El varapalo a los independentistas lleva implícito otro reproche a los socialistas, al situar a los comunes en el centro político y activo de las negociaciones, aunque en la práctica tanto los comunes como Sumar están totalmente al margen de las conversaciones entre socialistas e independentistas.

La equidistancia se convierte, así, en un arma arrojadiza de Colau contra sus rivales políticos. Es cierto que esa herramienta puede parecer presuntuosa en ocasiones, pero no se puede negar que también es efectiva para desgastar al rival. La equidistancia, bien dosificada, puede resultar, a la postre, definitiva para marcar perfil propio y relanzar la imagen pública de un político.

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