La enemistad del Ayuntamiento de Barcelona con el vehículo privado es evidente. Las numerosas restricciones al tráfico bajo el paraguas del "urbanismo táctico" demuestran una persecución sin precedentes en la capital catalana.

El colectivo motorista es uno de los más críticos con las políticas de movilidad del Gobierno municipal. Consideran que su seguridad está en riesgo debido a los nuevos elementos viarios introducidos en los últimos meses. Las barreras New Jersey y los bloques de hormigón centran las críticas de los motoristas, aunque también cargan contra los cojines berlineses instalados en las carreteras de la ciudad. Creen que además de peligrosos son ilegales, por lo que defienden su retirada de las calles barcelonesas.

'PELIGRO MORTAL'

Jaime Alguersuari, portavoz de la Plataforma Motoristes BCN, lamenta que las decisiones que el Ayuntamiento toma sobre la ciudad carecen de una "mesa de técnicos que evalúe las consecuencias a medio y largo plazo". En este sentido, recuerda que "los cojines berlineses son un peligro mortal que no ha sido evaluado", descartándolos como método reductor de velocidad debido a esta peligrosidad.

Cojines berlineses en Sants-Montjuïc / RP



El expiloto barcelonés apunta que se desconoce "el daño que causan los cojines berlineses", ya que no se dispone de indicadores que señalen a estos elementos como los causantes de accidentes de moto. En esta línea, Alguersuari remarca que aquellos agentes de movilidad que sufren y provocan lesiones con mayor frecuencia en Barcelona, quienes se mueven con "patinete o bicicleta", quedan fuera de las estadísticas de "accidentes de tráfico". Por ello, afirma que "los tres elementos más perjudicados por los accidentes son el automóvil, la moto y el peatón".

BARCELONA, EN DESORDEN

El portavoz del colectivo motociclista destaca su "admiración a Colau y a Rosa Alarcón porque se enfrentan a una ciudad muy compleja". Alguersuari, no obstante, asegura que las medidas en materia de movilidad que se están tomando desde el Ayuntamiento están "faltas de rigor" y lamenta que "nadie calcula las consecuencias".

Además, insiste en que "Barcelona está en desorden", y en que "no puede colapsarse aunque esté a punto" de hacerlo. Alguersuari también incide en la necesidad de "matricular" bicicletas y patinetes, algunos de estos últimos convertidos en "paticosas" actualmente ya que han sido convertidos en motocicletas con "todas las ventajas de las motos y ninguna obligación".

Cojines berlineses en Sants y Nou Barris / RP



OBSTÁCULO DE RIESGO

Juan Carlos Toribio, director del Departamento de Seguridad Vial de la Unión Internacional para la Defensa de los Motoristas (IMU), asegura que el cojín berlinés "no es ni debe considerarse un reductor de la velocidad".

"El cojín berlinés constituye un obstáculo de especial riesgo para vehículos de dos ruedas del tipo ciclomotor o bicicletas, y puede afectar a una motocicleta", añade Toribio, muy crítico con el urbanismo táctico del Ayuntamiento de Barcelona.

TRAS LOS GIROS

Kristina, quien junto a Xavi regenta el comercio 080 Motoprotecció en Sant Andreu, se muestra crítica con los cojines berlineses. Asegura que son todo un "peligro", ya que están formados con un material que "no tiene adherencia" y "resbalan mucho con el agua". Además, denuncia que "algunos están medio desmontados, otros no se ven bien por su color negro" y, en muchos casos, las señales se encuentran a escasos metros del propio elemento.

Sobre su colocación en las vías barcelonesas, recalca que "no se colocan en lugares con pasos de peatones para reducir la velocidad", sino que se establecen "después de un giro", lo que es "horroroso" para los conductores porque se encuentran con la moto "medio plegada".

INVASIÓN EN BARCELONA

El consistorio de Colau ha apostado fuerte por los cojines berlineses en Barcelona. Así lo demuestran los múltiples elementos repartidos por la ciudad que se han convertido en una auténtica pesadilla para los motociclistas.

Cojines berlineses en Sant Andreu y en el lateral de la Diagonal (Eixample), respectivamente / RP



El distrito de Sants-Montjuïc es un buen ejemplo en cuanto a la colocación de estos reductores. Los cojines berlineses situados en la calle Mossèn Amadeu Oller y la calle Gavà lo plasman a la perfección. Ambos elementos se encuentran a escasos metros de una confluencia con una vía anterior, y su color negro los transforma en una trampa para los conductores. La calle Hostafrancs de Sió, con un cojín de difícil esquivo, tampoco salva su peligrosidad.

La calle Cardenal Tedeschini, en Sant Andreu, cuenta con diversos cojines. Las calles Cartellà y Sant Iscle, de Nou Barris, disponen de estos elementos de color negro con una complicada justificación que ponen a prueba a los motociclistas que acaban de encarar un giro. Otros más evidentes, como los ubicados en los laterales de la avenida Diagonal, tampoco son de fácil elusión para estos conductores. Su proximidad con el carril bici los convierte en todo un reto que podría acabar en tragedia.

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