La dirección de TMB ha comenzado a poner en circulación algunos de los autobuses eléctricos que tiene almacenados en la Zona Franca de Barcelona desde hace más de un año y que no prestan servicio por la deficiente red de aprovisionamiento de electricidad de las instalaciones. En un primer momento, cuando Metrópoli desveló el aparcamiento de más de 40 vehículos nuevos en esas instalaciones, los responsables de la compañía comenzaron a trasladarlos a las instalaciones de la cochera de El Triangle, en la avenida Prim. Eran autobuses que no llevaban las validadoras de tarjetas, por lo que el propio personal no entendía el traslado de los coches de una cochera a otra si no fuese para descongestionar y repartir los vehículos almacenados con el fin de evitar el impacto visual de tantos autobuses almacenados.

Pero, aún así, durante las últimas dos semanas se han ido sacando algunos de estos buses, todos de fabricación china, y asignándoselos a turnos. En concreto, se han puesto en funcionamiento entre 15 y 20, que han pasado a reforzar los turnos, aunque el número máximo de vehículos eléctricos por turno es de uno. Pese a todo, no se puede decir que la sustitución de los buses convencionales sea completa, porque la falta de puntos de carga hace que algunos de ellos no tengan las baterías cargadas al 100%.

CARGA RÁPIDA

Los que pueden cargar hasta el 70% son enviados al servicio más tarde o son retirados antes de hora, puesto que no tienen batería para aguantar las horas reglamentarias. No hay que olvidar que un autobús puede tardar en cargarse entre 5 y 7 horas. Pero, pese a todo, el parque que lleva un año parado va poniéndose, poco a poco, en funcionamiento.

Un bus eléctrico como los que licitará TMB / TRANSPORTS METROPOLITANS DE BARCELONA

LOS FALLOS QUE PRESENTAN

Los equipos técnicos de la compañía se volcaron en estos vehículos tras hacerse pública su situación y, durante los últimos días, han realizado pruebas para poner en marcha sus sistemas internos de funcionamiento. Los buses, de la firma BYD china, tienen algunos inconvenientes, pero sus fallos, según han comentado a Metrópoli fuentes internas de la compañía, son fácilmente solucionables.

Uno de los más frecuentes es la circunstancia de que las puertas se cierran solas, ante lo que el conductor no puede hacer nada. En una deficiencia mínima, que han intentado solucionar los técnicos, pero con la paradoja de que cuando se soluciona este fallo, se produce el disparo accidental de las alarmas. Tampoco es un inconveniente grave, pero sí molesto. Otro de los detalles que tienen estos buses eléctricos es que no llevan pantallas táctiles, como sí llevan los buses eléctricos polacos que se compraron a Solaris. Y, por otro lado, los paneles de información a los pasajeros son antiguos, es decir, de los viejos. No es que sean malos, sino pasados de moda, ya que fueron diseñados hace años. Los sistemas de información al usuario (SIU) que llevan los autobuses de Barcelona suelen ser de última generación, pero los de los eléctricos chinos han sido comprados hace un año y, por ello, son de los antiguos, lo cual no quiere decir que sean malos o menos eficientes.

MÁS SENCILLOS QUE LOS POLACOS

Según fuentes conocedoras de estos vehículos, “los autobuses en sí no son malos. En China realizan trayectos intercity y dan muy buen resultado. Aquí aún no lo sabemos, porque no han sido puestos en funcionamiento. Lo que sí podemos asegurar es que son muy sencillos, sin grandes complicaciones, aunque a primera vista no parecen tan modernos como los polacos”. El gran inconveniente es que a los conductores de Barcelona no les han dado la oportunidad de practicar con ellos y acostumbrarse a sus particularidades. Es decir, no se les ha dado formación sobre estos vehículos. Por ejemplo, el aire acondicionado de la cabina del conductor es independiente del de los pasajeros. Y a veces fallan las rampas de las puertas (cosa, por otra parte, que también se da en otros modelos de autobuses), pero son inconvenientes fáciles de solucionar.

Autobuses en una parada del camino de la Torre Melina / MAPS

En verdad, los directivos de la fábrica china se han preocupado de que todo fuese sobre ruedas. Cuando trajeron el primer autobús, se hicieron pruebas por la ciudad y un equipo de técnicos chinos viajaba dentro, conectado permanentemente al sistema para detectar cualquier fallo que pudiera producirse. Además, ha ofrecido ayuda permanente a la compañía barcelonesa para adecuar la tecnología y solucionar los fallos que pudieran encontrarse. De momento, no han tenido apenas ocasión de hacerlo, porque los buses comprados a BYD no se habían puesto en circulación. Como desveló Metrópoli, algunos llevan más de un año aparcados en la cochera y han pasado su primera ITV sin que hayan sido aún puestos en funcionamiento por falta de puntos de carga. Ahora, según parece, comienzan a prestar el servicio para el cual fueron adquiridos.

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