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Personas comiendo en un comedor social de Barcelona

Personas comiendo en un comedor social de Barcelona Alejandro González Abellán

Opinión

La importancia ‘vital’ de residir en Barcelona frente a Madrid o Valencia

"Barcelona figura entre los 27 municipios en España, de 404 analizados, que alcanzan la llamada excelencia en inversiones sociales. Inversiones, que no gasto. Porque esas partidas económicas pueden ser vitales para evitar males mayores a lo largo de las vidas de las personas atendidas"

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¿Qué diría John Rawls? Es conocida su Teoría de la Justicia, basada en el velo de la ignorancia. Pongamos que no sabemos nada justo antes de nacer. No sabemos quiénes son nuestros padres o madres. No sabemos la ciudad o el pueblo en el que nacemos ni las condiciones sociales de nuestros progenitores. Ese velo de la ignorancia, ¿qué nos llevaría a elegir?

El más aventurado podría señalar que prefiere un entorno social y económico que le permita buscarse la vida. Ya intentaré salir adelante. Pero, ¿tendremos la seguridad de que no tenemos ninguna incapacidad física o psíquica? Da igual, seremos aventureros.

Otros, en cambio, preferirán que la sociedad que los acoja reúna algunos requisitos. Y que pueda contar con algunas ayudas si las necesita en un momento determinado de su vida.

En España, vivir en la ciudad de Barcelona es mejor para todos aquellos que piensen que la solidaridad es un valor que no podemos despreciar.

Los entornos familiares son determinantes. Todos los estudios lo demuestran desde hace años. Da igual una escuela concertada o privada. O una pública con recursos. Lo que importa es el ambiente familiar, el número de libros en casa, las conversaciones que se escuchan en los hogares desde muy pequeños. Eso enriquece el vocabulario, y con ello se desarrolla el aprendizaje a mayor velocidad.

El código postal, por tanto, será clave. No es lo mismo nacer en un hogar en la calle Modolell de Barcelona que en la calle Marruecos. Pero el poder público puede hacer mucho para paliar esas situaciones de entrada. Y Barcelona está muy por encima de la mayoría de ciudades españolas.

Lo acredita un informe de la Asociación Española de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales sobre los 404 ayuntamientos españoles que cuentan con más de 20.000 habitantes.

Para empezar, resulta que en la Comunidad de Madrid y en la Comunidad de Valencia se agrupan los municipios con menos inversión social.

El 40% de los ayuntamientos más pobres en inversión social, están en Madrid. Aporta hasta 18 municipios en esa lista. En Valencia hay 11 ayuntamientos. Entre las dos comunidades suman el 65% de los municipios que menos atención prestan a los servicios sociales.

¿Son todos ellos municipios ricos que no necesitan la atención del poder público?

En el podio figuran como únicas capitales de provincia Barcelona y Bilbao. La primera destina 288 euros por habitante y año. Y quintuplica a la que está más abajo, Badajoz, con 58,44 euros.

Barcelona figura entre los 27 municipios en España, de esos 404 analizados, que alcanzan la llamada excelencia en inversiones sociales. Inversiones, que no gasto. Porque esas partidas económicas pueden ser vitales para evitar males mayores a lo largo de las vidas de las personas atendidas.

Estar en la primera lista, la de la excelencia en inversiones sociales, equivale a invertir más de 200 euros por habitante y año. En la segunda, la más pobre, están los ayuntamientos que destinan menos de 63,89 euros por habitante y año.

Ese límite se establece porque los casi 64 euros equivalen al 60% de la media en inversión que realizan los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes, que alcanza los 106,48 euros.

Los 27 ayuntamientos españoles, por tanto, de esa lista de excelencia, suponen sólo el 9,5% de la población, unos tres millones de habitantes.

Así que con el velo de la ignorancia puesto, y siguiendo a John Rawls, un referente en la filosofía política –al que algunos expertos califican de socialdemócrata, liberal en Estados Unidos—no habría duda en la elección: mejor nacer en Barcelona que en la mayoría de municipios de España.

Y, por supuesto, mucho mejor que nacer en Madrid o Valencia, territorios donde sus dirigentes prefieren que cada uno se las apañe como pueda.