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Opinión

Los añicos políticos de Barcelona

"Confiemos en que antes de los comicios municipales se enderecen actitudes y acciones del gobierno y planteamientos de la oposición. Afortunadamente hay tiempo y juego preelectoral. De no ser así, un ayuntamiento en añicos políticos puede hacer saltar en añicos la ciudad"

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La encuesta semestral del Ayuntamiento de Barcelona presentada hace unos días no deja de ser un estudio sociológico de relativa fiabilidad, pero que sí puede apuntar ciertas tendencias electorales y es un eficaz termómetro de los problemas ciudadanos.

En el ámbito político se consolidan dos aspectos relevantes de no subsanarse en los 16 meses que faltan para la celebración de las próximas elecciones municipales. Por un lado, que el partido más votado, el PSC, estaría muy lejos de obtener apenas una docena de concejales sobre los actuales 41 y que serán 43 a elegir en el año 2027 por el incremento de población.

Es decir, un gobierno que será minoritario aun contando como socio, dentro o fuera, a su actual preferente ERC. Los republicanos también incrementan su previsión de respaldo según este Barómetro. Junts, que hasta ahora desde la oposición podía dar una mayoría absoluta de pacto con el alcalde Jaume Collboni, sufre un descalabro monumental. Es el precio de pasar de ser Junts per Trias a “Hundidos” por Puigdemont. Incluso Aliança Catalana les superaría en intención de voto.

Con unas mínimas décimas de diferencia en respaldo ciudadano y en la cola del pelotón municipal, PP, la CUP y Vox compiten en la “foto-finish” para no ser el partido menos votado y con menos concejales del consistorio. Uno lo hace con tendencias al alza y los otros dos a la baja. Y los tres superados por el partido de Orriols.

Ha pasado desapercibido un dato muy relevante. En solo seis meses, el PSC ha perdido un 25% de su intención de voto pese a gastarse el gobierno municipal casi veinte millones de euros en publicidad institucional el año pasado.

Los próximos meses sabremos si esta tendencia se consolida y si Jaume Collboni retorna a la ambición de ser Pasqual Maragall o si abandona definitivamente la centralidad de Barcelona con pactos a su izquierda, con guiños a los “ultrazurdos” de los comunes y a continuar sin derogar el legado nefasto de su antecesora Ada Colau.

De no rectificar, su resultado final estará más cerca del que obtendría Pedro Sánchez que el obtenido por Salvador Illa antes de que el President diluyera las expectativas de que pudiera instaurar en la Generalitat la actitud de Josep Tarradellas.

Hay margen para el optimismo. Un 43% de los encuestados eluden responder y queda mucho tiempo aún para las elecciones. Pero, hay algo imprescindible para el mejor resultado en las urnas, el buen hacer de un gobierno riguroso y una oposición eficaz como alternativa de ciudad. Quien lo haga tendrá su reconocimiento, pero fiarlo a destinar recursos públicos para subsanar las carencias de gobierno o fiar la labor de la oposición a simples operaciones personales de imagen de dudosa eficacia política es un error.

El escenario demoscópico ofrece un Ayuntamiento aún más fragmentado. Los actuales seis grupos políticos con representación consistorial pasarán a ser ocho. Un “octopartito”.

Se añadirían a los presentes los futuros ediles de la pujante Orriols y el retorno de la CUP a los escaños de la Casa Gran. Tanta división política solo conllevará más incapacidad para afrontar los retos y solucionar los problemas de la ciudad.

Confiemos en que antes de los comicios municipales se enderecen actitudes y acciones del gobierno y planteamientos de la oposición. Afortunadamente hay tiempo y juego preelectoral. De no ser así, un ayuntamiento en añicos políticos puede hacer saltar en añicos la ciudad.