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Carles Puigdemont y Josep Sánchez Llibre, en una reunión en Perpiñán

Carles Puigdemont y Josep Sánchez Llibre, en una reunión en Perpiñán FOMENT

Opinión

En busca del candidato de Junts y de Foment para Barcelona

"Entre Jordi Martí Galbis y Josep Rius, o entre Elena Fort y cualquier otro militante de Junts, Carles Puigdemont deberá escoger, siempre teniendo en cuenta que el designado o designada sea capaz de seducir a Foment del Treball"

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Junts per Catalunya tiene un enorme problema. De hecho, debe afrontar varios. Pero el reto en Barcelona es mayúsculo. Necesita un alcaldable para la capital catalana, y ya no dispone del comodín de Xavier Trias. La coyuntura, además, es muy distinta y los postconvergentes ya asumen que la sombra de Aliança Catalana comienza a ser muy alargada.

Un o una alcaldable que sea eficiente, que tenga personalidad, que concite el apoyo de Carles Puigdemont y que tenga la simpatía de….Josep Sánchez Llibre.

Porque Junts, sí, se ha ligado a Foment del Treball. Ha recogido en los últimos meses propuestas de la patronal, y las ha defendido en el Congreso, y ha actuado en consecuencia, como la votación en contra de la ley de reducción de la jornada laboral.

Junts sumó sus votos con el PP y Vox para no sacar adelante la medida, y Foment lo celebró con determinación, porque se había opuesto desde el primer momento.

Foment también ha considerado “insuficiente” el modelo de financiación autonómica que ha pactado el PSOE con ERC, y, por tanto, el PSC con los republicanos. Lo ha hecho porque Carles Puigdemont no quiere aplaudir el producto de una negociación protagonizada por los republicanos.

Y la paradoja es que ese acuerdo podría significar que se pacten los primeros presupuestos del Govern de Salvador Illa en Catalunya. Porque ese era el requisito de ERC, que el PSC trabajara a fondo para acordar un modelo en el que se incluye el principio de ordinalidad.

Foment quiere esos presupuestos, pero también se debe a Junts. El partido de Puigdemont, con muy poco poder en Catalunya –salvo algunos ayuntamientos menores—, necesita a Foment y la patronal se apoya en Junts para sacar adelante o para impedir determinadas medidas que se puedan aprobar en el Congreso.

Nada extraño en la política catalana, si atendemos a la experiencia de las últimas décadas, cuando CiU representaba con eficacia los intereses del tejido económico catalán en Madrid. Y Josep Sánchez Llibre lo sabe mejor que nadie, porque fue una de las figuras destacadas de CiU en el Congreso durante décadas.

Pero ahora la situación es mucho más compleja. Foment ha criticado al gobierno socialista de la Generalitat, por no plantear una fiscalidad que favorezca más el dinamismo empresarial.

Y tampoco se muestra cómoda con el gobierno local de Jaume Collboni, al presentar al alcalde como el máximo responsable de que no se haya modificado la medida del 30% de vivienda protegida en las promociones inmobiliarias en la ciudad.

Para Junts, por tanto, está claro. O, mejor, para Carles Puigdemont. La decisión que tome el partido, o él directamente, respecto al alcaldable por Barcelona, deberá tener en cuenta a la patronal.

Alguien que sepa aunar esos intereses económicos con las expectativas de una clase media-alta de Barcelona que no quiere saber nada de una posible alianza entre el PSC y los comunes, aunque el partido de Ada Colau pueda estar ahora liderado en la ciudad por Gerardo Pisarello o por Bob Pop.

Entre Jordi Martí Galbis y Josep Rius, o entre Elena Fort –la directiva del Barça que se deja querer y que tiene una gran capacidad de interlocución con distintos sectores en la ciudad—, y cualquier otro militante de Junts, Carles Puigdemont deberá escoger, siempre teniendo en cuenta que el designado o designada sea capaz de seducir a Foment del Treball.

Para bien o para mal, lo deseen o no, Junts y Foment han formado un tándem para el conjunto de la política catalana y para los asuntos locales de Barcelona.