Un agente de la Guardia Urbana de Badalona revisando un patinete
La calle no es tuya, la calle es de todos
"Utilicemos la nueva ordenanza de civismo, que ha costado mucho aprobar, para poner orden y concierto en una ciudad que lo necesita. Ya es compleja la movilidad por la ciudad, por todas las ciudades, pero sin orden y concierto solo queda la ley de la selva, la de algunos salvajes que nos hacen recordar aquella frase de infausto recuerdo: la calle es mía"
No tengo edad para utilizar ni el patinete ni la bicicleta, por muy eléctricos que sean. Aplaudo la generalización de su utilización y también la ampliación de la red de carriles para estos vehículos, aunque algunos recorridos se hicieron deprisa y corriendo y son manifiestamente mejorables. Sin embargo, me pregunto cuándo llegará la urbanidad, la educación y el respeto a las normas de tráfico de las bicis y los patinetes.
Los conductores de estos vehículos gozan de una impunidad de la que no gozamos los conductores de cuatro o dos ruedas con motor. Se saltan semáforos con la excusa de que no viene nadie. Ocupan carriles para coches y motos teniendo al lado su carril-bici. No se lo pierdan, se ofendió mucho un ciclista cuando se lo recriminé. Prefiero no narrarles su retahíla de insultos, aunque a buen seguro se los pueden imaginar.
Las limitaciones de velocidad a 30 km/h, que son un peñazo pero necesarias, aunque son un límite que no debe versar sobre este tipo de vehículos. Es una situación divertida ver cómo te adelantan con brío mientras tú, sufrido conductor, te avienes a cumplir la norma de tráfico. Ellos parecen estar exentos y, sin embargo, son propensos a tener los mismos accidentes que el resto de vehículos. Por las noches, algunos de estos vehículos son como fantasmas apareciendo de la nada para vehículos o peatones.
En apenas unas semanas entra en vigor la nueva ordenanza de civismo en Barcelona. Más limitaciones de velocidad, obligación de casco y luces delanteras y traseras, y preservación de las aceras para los peatones. Las multas seguramente tendrán un efecto disuasorio para quienes incumplan estos mínimos, pero me asalta una duda. ¿La Guardia Urbana actuará cuando no se respeten las normas de tráfico?
En la última semana, para escribir este artículo iba anotando actitudes varias. Ir por vías de 50, cambiar de carril como en un eslalon sin pisar, solo faltaría, el carril habilitado para los vehículos unipersonales -hasta tres personas en uno de estos artilugios vi en la calle Entença- y bicicletas. Otra duda me asalta. Ver una bici en rojo es para no pasar, ¿verdad? pues no parece y qué me dicen, ponerse detrás de un autobús para aprovechar su prioridad.
Espero más ardor guerrero por parte de nuestra policía porque el volumen de vehículos de “tota mena” hace urgente actuar para poner orden, porque sin orden el riesgo aumenta de forma exponencial. Por ejemplo, y seguro que ustedes se han visto en una de estas, cómo se tiene que actuar cuando un patinete o una bicicleta son vehículo y peatón a la vez, ocupando la acera como Pedro por su casa y utilizando los pasos de cebra a conveniencia.
Utilicemos la nueva ordenanza de civismo, que ha costado mucho aprobar, para poner orden y concierto en una ciudad que lo necesita. Ya es compleja la movilidad por la ciudad, por todas las ciudades, pero sin orden y concierto solo queda la ley de la selva, la de algunos salvajes que nos hacen recordar aquella frase de infausto recuerdo: la calle es mía. Por suerte, no lo es, la calle no es tuya, la calle es de todos.