David Bondia, Síndic de Greuges de Barcelona
El Síndic quiere seguir cobrando
"Bondia sabe que su nómina depende más de la voluntad de los concejales que del apoyo ciudadano. ¿Alguien duda de qué lado se inclinarán sus actuaciones?"
El cargo de Síndic de Greuges de Barcelona está a punto de ser renovado y su titular, David Bondia, ha anunciado que desea seguir cinco años más. Es comprensible: 82.000 euros al año. Si aguanta dos mandatos (10 años) con las revisiones salariales habrá obtenido casi un millón de euros. Así se compensa la vocación de servicio público.
El Síndic quiere defender a los barceloneses. Con ahínco.
Hay tanta gente que defiende al ciudadano que resulta sorprendente que alguien pueda tener una queja de las administraciones.
Al servicio de un barcelonés cualquiera están los gobiernos (central, autonómico y local), el Consell Comarcal y la Diputación de Barcelona. ¡Cinco organismos que lo miman! Tanta atención resulta casi empalagosa.
Y la cosa no acaba ahí: hay que añadir los defensores del pueblo, en sus diversas versiones: hasta tres, cada uno dependiente de una administración pública.
¿Para qué tantos? ¿Será que no se fían los unos de los otros? ¿No han oído hablar de las sinergias de escala?
Hay otras administraciones que también procuran por el bien de los barceloneses, siempre con cargo al contribuyente: el Ejército, la diócesis, los tribunales. ¡Vaya murga!
La misma idea de un defensor de los intereses del ciudadano frente a unos cargos elegidos por ese mismo ciudadano es ya un contrasentido.
Porque al edil y al alcalde, a los diputados y miembros del gobierno, a todos ellos, se les puede retirar la confianza en unas elecciones. Al defensor o síndic, no.
Ya pasó con Rafael Ribó, que se eternizó en el puesto sin que se conozcan casos en los que su intervención resultara especialmente beneficiosa para los ciudadanos. Para él, sí. Su sueldo era mucho mayor que el de Bondia. Más viajes y gastos de representación. Una pasta para compensarle haber acabado con el PSUC.
El pasado año, el síndic de Barcelona recibió 1.623 quejas, pero una buena parte de ellas (522, casi el 30%) quedaron sin atender.
Algunas ni siquiera fueron admitidas y otras acabaron derivadas a las administraciones objeto de la reclamación. Una práctica fantástica. Todo el mundo sabe que las decisiones más justas las toma alguien que sea a la vez juez y parte.
Pero no hay que desesperar. Tal vez David Bondia quiere seguir en el cargo para analizar con calma (con mucha calma) las peticiones inatendidas.
Lo cierto es que el consistorio podría eliminar la figura del defensor y confiar en el autonómico o en el del Gobierno central y ahorrarse un buen dinero con el que sufragar una parte importante del premio por la paz que piensa dar cada dos años, con una dotación de 300.000 euros.
Que el consistorio promocione algo así recuerda una tira de Quino en la que Mafalda hace un llamamiento a la paz mundial y, cuando su padre le señala la inutilidad del gesto, le responde que el Papa y otros dirigentes mundiales también la reclaman, con resultados similares: ninguno.
Otro destino para ese dinero sería analizar las quejas, ver cuántas tienen razón y responden a disfunciones de la administración municipal y corregir los errores.
De momento, la principal aportación de Bondia es haber logrado un acuerdo con el Colegio de Abogados para promover acciones en beneficio de la ciudadanía. Y es que él solo, claro, no puede con todo.
El Síndic es designado por el pleno municipal, tras un proceso de participación ciudadana que deja mucho que desear. Bondia fue quien más votos obtuvo en 2021: en total, 1414. Es decir, apenas nada sobre el total de votantes potenciales.
El Ayuntamiento de Barcelona ha dudado sobre si repetir ese proceso, dado el escaso interés despertado entre la ciudadanía. Al final Collboni ha cedido a las apariencias.
Si de verdad se desea saber la opinión de la ciudadanía, habría que establecer un porcentaje mínimo de votantes por debajo del cual todos los candidatos quedaran descalificados.
Es más que probable que la escasa participación se deba a la falta de confianza de los ciudadanos en la figura del síndic, convertida en un elemento más del engranaje de una administración.
Bondia sabe que su nómina depende más de la voluntad de los concejales que del apoyo ciudadano. ¿Alguien duda de qué lado se inclinarán sus actuaciones?