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El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, durante la presentación de la fiesta mayor del Tour de Francia

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, durante la presentación de la fiesta mayor del Tour de Francia AJ BCN

Opinión

El Tour de France en Barcelona: para los vecinos y para seguir en el podio del turismo

"Renovar los atractivos de la ciudad, plantear una oferta cultural de altura, acontecimientos importantes, exposiciones únicas –ahí está la posibilidad de que abra el Museo Carmen Thyssen en lo que fue el cine Comedia—será imprescindible para que Barcelona mantenga su poder entre otras muchas ciudades internacionales"

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El Tour partirá de la ciudad de Barcelona. Todo está previsto para que sea una gran fiesta ciudadana, y en la plaza Catalunya ya se ha instalado la tienda oficial del evento, con todos los maillots de los ciclistas favoritos. El acontecimiento, más allá de que pueda fascinar a los amantes del ciclismo –que son muy numerosos—plantea una doble reflexión.

El equipo de gobierno del alcalde Jaume Collboni es consciente de ello. El Tour, con esa etapa que arrancará todo el recorrido, llamada Le Gran Départ, tendrá lugar el 4 de julio con una contrarreloj por equipos.

El acontecimiento plantea, por tanto, una primera pregunta: ¿Lo necesita la ciudad de Barcelona para ser, de nuevo, el centro de todas las miradas, para mostrar por televisión el mejor escenario, los monumentos más significativos con la Sagrada Familia como gran estandarte? ¿Lo que desea Barcelona es que el turismo no se olvide nunca de la ciudad?

Los eventos deportivos suponen un gran reclamo y cuando aparecen oportunidades de este tipo, como el Tour de France, es mejor no dejarlas escapar. Máxime cuando este deporte vive un gran momento, con un enorme Tadej Pogacar. El esloveno está ya considerado como uno de los más grandes ciclistas de todos los tiempos.

Sin embargo, el Tour en Barcelona puede tener otra lectura, más interna, vinculada a las propias necesidades locales. El recorrido de esta primera etapa –habrá tres en Catalunya, como explicamos hoy en Metrópoli, con diferentes fiestas ciudadanas—se realizará por barrios que no suelen atraer la mirada del turista.

Arrancará en el Fòrum y finalizará en el Estadi Olímpic. Y en su inicio, en los barrios del Besòs, pasará por la calle Josep Pla y por la Rambla Guipúzcoa. También, claro, los ciclistas recorrerán otros puntos clave, como la calle Mallorca, y el Paseo de Gràcia.

Pero pasará por barrios donde los barceloneses podrán disfrutar de un evento único, al lado de sus casas. Y eso puede suponer una enorme inyección de orgullo colectivo.

No es una cuestión menor. El sentimiento comunitario es ahora más necesario que nunca para plantear medidas de resistencia y de solidaridad ante tiempos que se dibujan muy complicados.

Barcelona, una ciudad que quiso ser una marca y que puede ser devorada por ella, necesita cada vez más esos lazos comunitarios. El Tour, claro, no puede ser la respuesta a muchas necesidades y carencias –la vivienda como gran asunto colectivo—pero ese orgullo de ciudad puede ser positivo.

El otro asunto, claro, es que una ciudad que ha tenido éxito –es mejor que esté en la liga de las grandes urbes internacionales que ser una ciudad de provincias—no puede despistarse. Y los responsables municipales lo saben.

El turista, el viajero, las familias que desean pasar unos días en una ciudad agradable, deben tener alicientes. Y la potencia de Gaudí, del Modernismo, algún día no será tan evidente.

Renovar los atractivos de la ciudad, plantear una oferta cultural de altura, acontecimientos importantes, exposiciones únicas –ahí está la posibilidad de que abra el Museo Carmen Thyssen en lo que fue el cine Comedia—será imprescindible para que Barcelona mantenga su poder entre otras muchas ciudades internacionales.

Por eso la paradoja es clara. El Ayuntamiento ha planteado el recorrido de esa etapa inicial del Tour pensando, primero, en los vecinos y vecinas de Barcelona. Pero de reojo mira el atractivo de otras urbes europeas. Y es consciente de que no se puede vivir de rentas, que la ciudad no puede estar parada.

¿Por qué? Barcelona, a pesar de otros modelos que se podrían haber planteado, ya tiene trazado su camino. Es una ciudad donde el turismo representa sobre el 15% de su PIB, donde la economía basada en los servicios no puede ser sustituida con facilidad.

Y eso, aunque debe ser gestionado con inteligencia, no tiene vuelta atrás.

El Tour, como el mejor escaparate de la ciudad en el mundo. Y como bandera para mantener o levantar el orgullo colectivo. Sí, es un acontecimiento que gusta. Aunque se exija que las administraciones deben tener claras las prioridades y que el acceso a la vivienda debe estar en la primera posición. Porque si se van los jóvenes de una ciudad, ¿qué queda?