Alberto Núñez Feijóo durante su intervención de ayer en la 41ª Reunión del Cercle d'Economia EUROPA PRESS
Casi un mitin
"No fue un mitin, pero casi. Quizá la trampa que JxCat le había tendido hizo trastabillar a Feijóo, aunque mantuviera el rumbo de su mensaje sin responder a ninguna de las preguntas del Cercle"
La intervención de Alberto Núñez Feijóo ayer en el Cercle d’Economia fue de las mejores que se le han oído en los últimos meses: bien estructurada, clara y serena. El presidente del PP vino a Barcelona a vender su libro, como recordó Paco Umbral en aquella célebre entrevista televisiva. Y vaya si lo vendió.
Sus propuestas generales sobre vivienda, servicios públicos, inmigración, productividad, absentismo, energía, presión fiscal, incluso financiación autonómica, son asumibles por una buena parte del arco parlamentario. Sobre todo, hay que decirlo, por quienes están a la derecha de su partido.
Pese a utilizar frases como “degeneración o limpieza general” y referirse a los gestores del PP en ayuntamientos y autonomías como “no infalibles, sino intachables”, su discurso evitó las acusaciones gruesas e insultos a los miembros del Gobierno que utiliza tan a menudo.
No fue un mitin, pero casi. Quizá la trampa que JxCat le había tendido un rato antes en Catalunya Ràdio le hizo trastabillar, aunque consiguiera mantener el rumbo de su mensaje sin responder a ninguna de las preguntas que le plantearon en la 41ª reunión del Cercle.
Es posible que sí contestara a alguna de las cuestiones que le pudieron sugerir los empresarios con los que desayunó previamente a su intervención pública. Fueron ellos quienes le informaron del envite de Jordi Turull desde la radio pública.
Núñez Feijóo a su llegada al Palau de Congressos con la plana mayor del PPC EUROPA PRESS
En noviembre pasado, Feijóo identificó a los empresarios catalanes con JxCat y les pidió desde Foment del Treball que convencieran a los de Puigdemont de que se sumaran a su proyecto. Ayer hizo algo parecido con los socios del lobi; no los asimiló a los independentistas, pero se distanció de ellos.
Una frialdad sorprendente cuando el mismo PP sostiene que debe trabajarse Cataluña --y el País Vasco-- para llegar a la Moncloa.
Ya, de entrada, casi les regañó por plantear un debate sobre la autonomía de Europa cuando tendrían que emplearse primero en conseguir la autonomía de España. Una autonomía perdida a manos de un Gobierno que usa la “corrupción sistémica para desactivar los mecanismos de control de la democracia”.
La estrategia del PP ha conseguido situarle en el foco de atención política. De hecho, hacía muchos años que la reunión anual del Cercle no despertaba tanto interés en España como en esta ocasión gracias a la anunciada participación del presidente del Partido Popular.
Dada la situación del país, de su Gobierno y del partido que lo sustenta, todo el mundo está a la espera del siguiente paso de Núñez Feijóo, pero él se resiste a satisfacer esas expectativas y deja pasar oportunidades como la de ayer en Barcelona.