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El enorme Gato de Botero en la Rambla del Raval

El enorme Gato de Botero en la Rambla del Raval

Opinión

Casa Leopoldo y el Raval

"El restaurante centenario que ahora cierra apunta el resultado de los esfuerzos del Ayuntamiento y de no pocos empresarios por normalizar uno de los barrios más castigados de la ciudad"

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En el trajín diario de la ciudad con demasiada frecuencia pasan desapercibidos los esfuerzos de quienes tratan de empujar un proyecto con su talento y sus recursos. La historia de Casa Leopoldo, el conocido restaurante que cerró sus puertas el domingo pasado, permite poner el foco en algunas de esas personas.

Desde que en 2015 Rosa Gil decidió bajar la persiana algunos restauradores se han dejado la piel –y el dinero-- en el empeño de reflotar uno de los buques insignia de la cocina barcelonesa.

El ambiente, su propia historia, el recuerdo de los clientes de los buenos tiempos, la ubicación –cuando no era un lastre, sino lo contrario-- habían hecho de la casa un lugar mítico. Sin intención de desmerecer, la combinación de esos factores pesa mucho más en la memoria colectiva que sus fogones.

Romain Fornell y Òscar Manresa, con el apoyo de otro héroe, Rafa Peña, fueron los primeros en intentar su recuperación, una empresa que de forma muy directa podía contribuir a salvar un barrio muy importante –y problemático-- de Barcelona, el Raval.

Tras aquella etapa y un breve tránsito por el fast food chino, la pareja que comanda Banco de BoqueronesSofía Matarazzo y Bruno Balbás-- reabrió el establecimiento, pero al final también ha tirado la toalla.

Todos ellos se merecen un homenaje, como Toni Romero, el cocinero que empuja en solitario aquel proyecto colectivo llamado Suculent que desde hace 13 años triunfa unos metros más abajo de Casa Leopoldo, muy cerca del gato de Botero que preside la Rambla del Raval.

Fachada de la Taverna Suculent en la Rambla del Raval

Fachada de la Taverna Suculent en la Rambla del Raval EFE

El traslado del edificio de la UGT de Catalunya desde la Rambla a la Rambla del Raval hace 16 años fue costeado por el consistorio y formó parte de la política municipal de regeneración del Raval. En 2018 pasó a manos de la Administración central, propietaria de todas las sedes de las organizaciones sindicales.

Es difícil saber qué compensaciones pudieron obtener empresas como Barceló para crear un hotel de cuatro estrellas frente al restaurante ahora clausurado. O el resto de compañías que se instalaron en la zona.

Sede de UGT en la Rambla del Raval

Sede de UGT en la Rambla del Raval

Pero el Raval no levanta cabeza: es preferible ahorrarse el relato de los sucesos de sobras conocidos que casi a diario actúan como un repelente.

Ildefons Cerdà ya ideó una avenida que uniera las Drassanes con lo que hoy es la calle Muntaner para sanear un barrio con dos mil años de historia; y después se trabajó en distintas variantes, pero los costes y la resistencia vecinal acabaron con ellas.

La única de las propuestas que el creador del Eixample proyectó para acabar definitivamente con la estructura medieval de Barcelona que se hizo realidad fue Via Laietana, que abrió una enorme brecha de mar a montaña en medio de la ciudad antigua.

En el caso del Raval, el consistorio democrático optó finalmente por una política de esponjar el barrio, de aprovechar espacios que quedaban libres para crear pequeñas plazas, edificar vivienda social cuando se pudiera y hacer nuevas conexiones.

En paralelo, fomentó la generación de centros culturales, como el CCCB, la Filmoteca o la reforma del viejo hospital de la Santa Creu. Sedes universitarias y residencias de estudiantes. Los esfuerzos han sido constantes.

Uno de los comedores de Casa Leopoldo

Uno de los comedores de Casa Leopoldo

El propietario del Suculent lamenta que en algunos hoteles se recomiende a los huéspedes que no visiten el Raval, de la misma forma que quienes han regentado Casa Leopoldo observaban con desagrado que los clientes llegaban y marchaban en taxi.

El caso de este viejo restaurante es un termómetro, probablemente fiel, del resultado de las reformas aplicadas en el barrio. Nunca sabremos si aquella avenida que pretendía trazar el franquismo –bautizada como García Morato en honor a un aviador del régimen-- para separar definitivamente el Raval hubiera dado resultados de haberla completado hasta el Eixample.

Sabemos, porque Casa Leopoldo nos lo dice, que las operaciones regeneracionistas de saneamiento y oxigenación no han terminado de funcionar.