Jonas Vingegaard con el maillot amarillo del Tour en Barcelona
¿Barcelona is not España?
De los medios de Madrid, "solo RTVE retransmitió el Tour en prime time. Quizá soy mal pensado, pero solo quizá, al deducir que el ente público nos dio minutos porque en la cocina del deporte nacional hay un catalán, Carles González, subdirector de la maquinaria deportiva de la televisión pública"
No me he vuelto independentista, se lo aseguro. Sin embargo, viendo la prensa española, esa que se hace, se imprime y se edita en MadriZ, Barcelona no debe ser España y Catalunya tampoco. ¿Por qué? Una razón muy sencilla. Esas que se parecen a la prueba del 9, aquella que servía para saber si una división estaba bien hecha -los milenials no tienen ni pajolera idea de qué narices es esto- o una tradicional prueba del algodón.
Vamos a por los datos. Catalunya pasaba una dura canícula con temperaturas que llegaron a alcanzar los 43 grados. Sentmenat, Selvanera-Torrefeta, Florejacs, Carme, La Bisbal d’Empordà, Artesa de Segre, Savallà del Comtat y Martorell, ardieron por los cuatro costados. La información no mereció ser portada, ni un miserable breve, en la prensa de MadriT, sonido fonético de los maléficos catalanes que, a juicio de la inefable reina de la majadería, alias Díaz Ayuso, somos todos muy mucho catalanes y, como consecuencia, muy mucho independentistas.
En paralelo, se produjo la Gran Départ del Tour. Ni el domingo, día después de la contra reloj por equipos, ni el lunes, día después de la primera etapa en ruta, ni el martes, día después de que los corredores partieran desde Granollers a Francia, Barcelona se mereció una portada. Ni siquiera esa foto ansiada de los ciclistas corriendo sin público por la cercanía de un incendio que arrasó 5000 hectáreas en el sur francés -Catalunya Nord en argot de la radio y la televisión pública catalana- mereció la atención de la prensa de Madrid DF.
Si el Tour de Francia se hubiera corrido dando vueltas a la Cibeles partiendo desde el Santiago Bernabéu, los ríos de tinta hubieran subido de forma considerable el caudal del Manzanares. Y si las llamas hubieran chapoteado en Madarcos, el pueblo más pequeño de la Comunidad de Madrid, les aseguro que hubieran abierto los informativos audiovisuales y ocupado espacio en las portadas de la prensa. Como Madarcos no está en Cataluña y el Tour no partió del ombligo del mundo, no existieron ni incendios ni bicicletas.
Solo RTVE retransmitió el Tour en prime time. Quizá soy mal pensado, pero solo quizá, al deducir que el ente público nos dio minutos porque en la cocina del deporte nacional hay un catalán, Carles González, subdirector de la maquinaria deportiva de la televisión pública. Coincidencia o no, ahí lo dejo. Bromas aparte, fue una gran retransmisión.
Lo fue porque fue un acontecimiento de primer nivel y volvió a poner a Barcelona ante los ojos del mundo, con imágenes aéreas impresionantes de la ciudad. Barcelona con el Tour volvió a jugar la Champions de las ciudades. Seguro que el habitual sector “enfadadito”, que asegura que son legión, dirá que con esto no tenemos suficiente.
Y, de alguna forma tienen razón, pero aconsejo que no mezclen churras con merinas. ¿Hay problemas en Barcelona? Evidentemente, y muchos. Inseguridad, precio de la vivienda, convivencia, turismo, limpieza y un largo etcétera. Pero, los problemas están ahí y el gobierno municipal debe afrontarlos con Tour o sin Tour.
Defender la ciudad oscura oscura porque hay problemas es hacer lo mismo que la prensa madrileña: hacer luz de gas a Barcelona. Como los críos pequeños que se tapan los ojos para que no los veas. No caen en la cuenta de que los que no ven son ellos. A la prensa de Madrid y a los “enfadaditos”, les pasa lo mismo. Y mal que les pese, como decía Eduardo Mendoza, Barcelona es la ciudad de los prodigios.