Un entrenamiento del equipo femenino de Street Soccer en Barcelona Barcelona
Marc Ballesté, el joven que impulsó un equipo femenino de mujeres migrantes en Barcelona: "Es mucho más que fútbol, aquí empieza una red de integración"
Street Soccer Barcelona es un proyecto que combina deporte y cohesión social con una misión clara: mejorar la calidad de vida de personas en exclusión con "lazos de solidaridad y apoyo mutuo"
Más reportajes: Chayma Rachdi, joven marroquí nacida en La Mina: "Vengo de una familia en que las mujeres siempre han sido independientes"
Noticias relacionadas
Son las 20:45 horas de la tarde y como cada martes por la tarde, en un pequeño campo de césped artificial en Barcelona, se escuchan los golpes secos del balón contra el pie, risas nerviosas y voces que se animan unas a otras.
Fátima, de 24 años y originaria de Marruecos, llega con su camiseta de entrenamiento y sus botas ajustadas, ajustándose el cabello mientras saluda tímidamente a sus compañeras.
Llegó sola a España a los 17 años, dejando atrás a su familia y pasando por un centro de menores hasta poder empezar a construir una vida propia.
Jugadoras durante un entrenamiento de Street Soccer en Barcelona
“A veces estoy triste o estoy mal y vengo porque sé que luego me sentiré mejor”, dice la joven en conversación con Metrópoli. Para Fátima, como para muchas otras chicas migrantes, el fútbol no es solo un deporte: es una válvula de escape, un espacio "donde el mundo exterior, los papeles, la soledad, la burocracia, puede esperar un rato".
Aqua, de Gambia, de 18 años, llegó con 16 junto a su hermano. Pasó meses en un centro con más de 30 chicas, luego en un piso compartido con solo cuatro compañeras. “Me gusta el equipo porque quiero aprender cosas, mejorar mi idioma y conocer a mucha gente”, explica con un castellano todavía no muy pulido.
Llegar y pertenecer
Ambas forman parte de Street Soccer Barcelona, un proyecto que combina deporte y cohesión social. Su misión es clara: mejorar la calidad de vida de personas en exclusión social, especialmente jóvenes migrantes.
El director, Marc Ballesté, explica que aquí las chicas encuentran un primer punto de seguridad, un espacio donde "hacer deporte sin ser juzgadas por su nivel, su idioma o su situación administrativa".
Jugadoras de Street Soccer durante un entrenamiento en Barcelona
El campo es un microcosmos de integración. Las chicas llegan con uniformes de distintos colores, algunas tímidas, otras sonrientes. Se saludan con abrazos rápidos o un simple choque de manos. Los entrenamientos comienzan con ejercicios de movilidad, estiramientos y pases cortos. El entrenador Yacouba Conde, exjugador migrante de Guinea Conakry, observa, corrige y anima.
“Lo que más me gusta es enseñar lo que he aprendido. El primer entreno puede pasar sin hablar, pero al segundo ya empiezan a soltar palabras, a interactuar. Ayuda mucho a integrarse”, comenta.
Entrenamiento de Street Soccer en Barcelona
Mientras practican, las chicas aprenden a coordinarse, a confiar unas en otras y a ocupar espacio en un entorno que muchas veces les resulta hostil. El fútbol se transforma en un lenguaje común, una manera de existir juntas sin barreras.
Entre ellas y sus compañeras se tejen lazos de solidaridad y apoyo mutuo, esenciales en un entorno que a menudo ignora sus necesidades.
Entrenamiento del equipo femenino de Street Soccer de Barcelona
Entre disciplina y pertenencia
El fútbol no es solo diversión. Es también disciplina, constancia y aprendizaje de normas sociales. Cada entrenamiento sigue una estructura: calentamiento, pases, ejercicios de coordinación, tácticas de juego y partidos cortos. Poco a poco, las chicas desarrollan un sentido de pertenencia, una identidad dentro del grupo.
Entrenamiento de Street Soccer en el Clot, Barcelona
Ballesté destaca que este vínculo es vital: "Vienen de un proceso migratorio muy complicado, dejan muchas cosas atrás, y el deporte les permite vincular y formar parte de un grupo". Yacoba añade que enseñar a las chicas es diferente que enseñar a chicos: “Ellas aprenden rápido, escuchan, interactúan. Esto genera un ciclo positivo: el esfuerzo se reconoce y la satisfacción personal aumenta”.
Cada sesión se convierte en una clase de resiliencia, confianza y comunicación, todo bajo la excusa de entrenar fútbol.
Más allá del campo
Street Soccer no se limita a los entrenamientos. Las chicas participan en partidos amistosos, ligas locales y actividades de sensibilización. También se organizan salidas a la montaña, talleres, excursiones y formaciones en el ámbito deportivo. El objetivo es que el deporte sea un vehículo de integración social y laboral, ofreciendo herramientas para arbitraje, auxiliares de entrenador o participación como voluntarias en la asociación.
Jugadoras del equipo femenino de Street Soccer de Barcelona
Ballesté recalca que el proyecto es un punto complementario dentro de una red de apoyo más amplia: conecta a las chicas con fundaciones, servicios de empleo y programas de acogida, siempre respetando la confidencialidad y seguridad de quienes participan. Así, cada entrenamiento es también una ventana hacia oportunidades más amplias, aunque no elimina las dificultades del día a día.
Multiplicar espacios
Al final del entrenamiento, las chicas se duchan, se cambian y algunas se despiden con abrazos rápidos. Afuera, la ciudad sigue su ritmo. Dentro, el campo queda vacío, pero las historias persisten: la llegada sola, los papeles que tardan en salir, la necesidad de trabajar, de aprender, de encajar.
Street Soccer Barcelona ofrece más que fútbol: ofrece tiempo, espacio y comunidad. Para mujeres migrantes como Fátima y Aqua, es un territorio de resistencia, un lugar donde sus pasos, como sus pases, pueden dirigirse a un futuro más seguro y más justo.
Una de las jugadoras del equipo de Street Soccer
El responsable sueña con multiplicar estos espacios y lograr que toda la comunidad deportiva incorpore esta mirada inclusiva. Yacoba ve en cada pase, en cada asistencia, en cada sonrisa de sus jugadoras, la confirmación de que este trabajo tiene sentido.