Una imagen de Eugenio Vélez Troya
De detective en Barcelona, a alcalde de Nueva York
"Don Eugenio fue hombre de ley y orden. Fuente fiable. Amigo leal. Y una generosa mina de información. Desde Barcelona hasta Nueva York, su vida dejó cortas a muchas novelas de detectives"
Eugenio Vélez Troya (1921-2007), legendario detective privado con oficina en la calle Balmes 64 de Barcelona, fue nombrado Alcalde Honorario de Nueva York y recibió la Medalla de Oro de la Ciudad.
Decano de los Detectives Privados de España, intervino en 84.342 casos. Lo recuerda Nina, su hija menor, en el reciente libro El sueño americano de Eugenio Vélez Troya. Ed. Estudio Ediciones.
El nombramiento como alcalde tuvo lugar en 1965. Por entonces, ya era el representante europeo en la Convención Mundial de detectives y nombrado Caballero Quijote del Castillo de Castelldefels. (Antigua Orden que defendía la presencia del Quijote en Castelldefels)
Fundador de las Asociaciones Española y Catalana de Detectives, su agencia fue la primera legalmente reconocida en España y logró que se regulasen oficialmente las agencias de investigación. También importó el detector de mentiras.
La lista de galardones ocupa tres páginas de su biografía y pasa por Europa, América y África. Uno de ellos, casi al fin de su trayectoria, fue la Medalla President Macià, otorgada por la Generalitat de Catalunya.
Nacido en Torre de Juan Abad (La Mancha) donde fue niño pastor, llegó a Berga y estudió en los Hermanos de la Doctrina Cristiana y en la Escuela Oficial de Náutica de Barcelona. Fue profesor en las Escuelas Pías de Terrassa y en los Maristas del paseo de San Juan.
Comenzó su aventura americana cuando marchó a Estados Unidos sin hablar inglés. Y estudió y trabajó en Nueva York, Miami y Cuba. Prosperó y su vida americana fue de lujo.
Allí alternó con personajes como Xavier Cugat, Joan Crawford, Víctor Mature… Coincidió con las noches locas de Frank Sinatra y el grupo Rat Pack, compuesto Sammy Davis Jr., Dean Martin, Peter Lawford y Joey Bishop, entre otros.
Gente amante del riesgo, Vélez Troya encajó perfectamente con la quimera del self-made-man (hombre hecho a sí mismo) y colaboró con agencias privadas de investigación, con cuerpos policiales y con servicios de inteligencia.
A su retorno, la prensa barcelonesa aumentó su fama como personaje local e internacional. Le retrataron los mejores periodistas de entonces. Y a menudo traía Barcelona importantes personajes estadounidenses.
Mimó su relación con la prensa y ayudó al llamado nuevo periodismo de investigación. De natural simpático, su amigo barcelonés fue el periodista de sucesos y de la picaresca, Enrique Rubio (1920-2005). Algo se le contagió, según leyendas urbanas.
Lenguas decían que tras su mesa de trabajo había un gran mapa de Barcelona en el cual parpadeaban algunas luces. Contaba que eran sus agentes y vehículos desplazados por la ciudad. Se rumoreaba que lo conseguía pulsando un interruptor bajo su mesa.
Otra leyenda, o no, fue que durante la Transición tenía en su despacho varios marcos con diversos rostros. Si el cliente era franquista, ponía el retrato de Franco. Si era comunista, el de Santiago Carrillo. Si era catalanista, el de Jordi Pujol…
Don Eugenio fue hombre de ley y orden. Fuente fiable. Amigo leal. Y una generosa mina de información. Desde Barcelona hasta Nueva York, su vida dejó cortas a muchas novelas de detectives.