Manifestación de Médicos Internos Residentes (MIR) en Barcelona / EFE
¿Ser médico? No, gracias
"El objetivo de la ministra de Sanidad, según refleja Alberto Gimeno en su libro 'Mónica García, de la marea al chapapote', es 'destruir el mejorable pero exitoso modelo de colaboración público-privado, lo que ha tensionado el sector'. Y así se ha pasado de una profesión de prestigio a una profesión proletarizada y maltratada. ¿Ser médico…?"
Las solicitudes para cursar el grado de Medicina en alguna de las siete universidades públicas de Catalunya han sufrido un descenso. De los cinco grados en Medicina que se ofrecían, sólo la Universitat de Girona (UdG) ha frenado el descalabro.
En el Hospital Clínic de la Universitat de Barcelona (UB) se han inscrito 150 estudiantes menos. El Campus de Bellvitge, otros 90. La Universitat Rovira i Virgili (URV), ha perdido 145 preinscritos.
En la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), 129 menos. En la Universitat de Lleida (UDL), un bajón de 125 estudiantes. Y en la Universitat Pompeu Fabra (UPF), 11. Únicamente la UDG ha crecido con 9 solicitudes.
En total, 530 futuros médicos menos. Se preguntan los autores de las estadísticas: "¿Qué ha pasado este año en Medicina, que se encuentra a las puertas de un aumento inédito de su capacidad de acogida?”.
Y añaden que “se ofrecían 500 nuevas plazas públicas hasta el 2031. El desconcierto ha coincidido con la ampliación de las universidades privadas Ramon Llull (URL) y Abat Oliba (UAO)”. Así que cuanta más oferta hay, menos demanda.
En Ciencias de la Salud, el grado de Enfermería sólo ha perdido un 5% en total, aunque la UB ha incrementado 105 preinscritos. Su grado de Farmacia, 67 y la de Lleida,62. Y han mejorado los grados de Psicología en las universidades de Girona y Lleida.
"La cuestión requerirá un análisis más sosegado", afirman los analistas de las estadísticas. Aunque parte de las respuestas pueden verse en las calles y en los centros sanitarios. Con las reivindicaciones, manifestaciones y huelgas de batas blancas.
A estos presente y futuro nada prometedores, hay que sumar a los licenciados y profesionales que emigran a países serios y civilizados. Donde no se humilla a médicos ni al personal sanitario con salarios miserables y con guardias obligatorias pagadas con calderilla.
Parte de las causas de todo ello se encuentra en el libro del periodista y compañero Alberto Gimeno Mónica García, de la marea al chapapote. (Ed. Crónica Global). Una radiografía de la controvertida ministra de Sanidad.
Analiza Gimeno su forma de hacer política “desde la trinchera, alejada de la búsqueda de acuerdos.” Afirma que “ha logrado poner en pie de guerra a médicos, pacientes, estudiantes de medicina, comunidades autónomas y empresas colaboradoras de la administración”.
La causa de tantos desmanes y víctimas colaterales es que “prioriza criterios ideológicos antes que buscar la optimización de la gestión sanitaria”. Es decir, una sectaria que no está a la altura de las circunstancias ni de su cargo.
Anestesista y activista surgida de las mareas blancas, militante de Podemos y reciclada en Más Madrid. De ahí que el autor desvele actitudes, normas de conducta y decisiones que “no ayudan a que la sanidad española elimine sus problemas. Más bien, todo lo contrario”.
Añade que sus medidas “parecen diseñadas para alentar el conflicto”. El resultado es “una agonía, especialmente para el ciudadano de a pie”. En el trasfondo, la fijación de la ministra contra la sanidad privada.
Su objetivo es “destruir el mejorable pero exitoso modelo de colaboración público-privado, lo que ha tensionado el sector”. Y así se ha pasado de una profesión de prestigio a una profesión proletarizada y maltratada. ¿Ser médico…?