Ejemplar de jabalí en una imagen de archivo / PIXABAY
Un verano sin Collserola
"Parece evidente que Barcelona y su área metropolitana no pueden permitirse prescindir de todo ese espacio durante un tiempo que a muchos se les está haciendo eterno"
El parque de Collserola es el principal activo verde de la ciudad de Barcelona y uno de los más importantes del Área Metropolitana. Está cerrado desde noviembre del pasado año. Una medida que obtuvo la comprensión general tras el brote de peste porcina detectada en su población de jabalíes.
Nueve meses después se ha conseguido un dato alentador: ninguno de los 300 animales analizados en la última semana ha dado positivo. Pero nada hace pensar que puedan lanzarse las campanas al vuelo. El Gobierno catalán no baraja, al menos de momento, la reapertura.
Cuando hace ya casi un año se detectó el problema, los responsables políticos y técnicos hicieron un llamamiento a la calma y prohibieron el acceso a una zona (luego ampliada), pero todo parecía indicar que se trataba de una resolución fácil y, sobre todo, de corta duración. No ha sido así.
Y la ciudadanía que hubiera querido utilizar el parque, especialmente en verano, empieza a impacientarse.
En Collserola había una población de unos 12.000 jabalíes. 11.331 han sido analizados en estos meses y de ellos, 379 han dado positivo en peste porcina.
A pesar de ello, no hay garantías de que no haya más animales contagiados, de modo que los dos millones de habitantes de los diversos municipios que comparten el parque siguen sin poder utilizarlo. De ahí que la autorización para el rodaje de una película dirigida por Russell Crowe haya disparado las protestas. ¿Por qué él y su equipo sí y los barceloneses no?
Y hay casos graves; por ejemplo, el barrio de Vallvidrera, en Barcelona, o el de Bellaterra -esa zona de Cerdanyola, parte de cuyos habitantes suspira por depender de Sant Cugat-. Ambos núcleos están prácticamente rodeados de la zona en la que sean impuesto limitaciones de movilidad.
Barcelona tiene en estos momentos cerrados varios parques, entre los que el del Laberinto es el más conocido y el de la Oreneta, el más frecuentado, entre otros por los alumnos de un colegio público, el Costa i Llobera. Ahora no lo usan porque están de vacaciones, pero en septiembre tampoco podrán hacerlo por las restricciones. Y llevan así meses.
También los amantes de los pequeños trenes que circulaban por ese parque se han quedado sin poder utilizarlos, del mismo modo que los restaurantes incluidos en el área que ha quedado aislada han sufrido las consecuencias de las medidas.
¿Se hubiera podido hacer de otra forma? Por supuesto. Aunque hay mucho aficionado a abusar de la expresión “como no puede ser de otro modo”, lo cierto es que casi siempre hay diversas opciones que, naturalmente, tienen costes y consecuencias también diferentes.
Visto el resultado, es casi seguro que hubiera habido mejores formas de resolver la situación. Por ejemplo, se hubiera podido proceder a una reducción más rápida y drástica de la población porcina asilvestrada. Digan lo que sigan los animalistas (dados con frecuencia al alarmismo) esta fauna se reproduce con relativa facilidad. Se mire por donde se mire, el jabalí no es una especie en peligro de extinción. Lo saben bien quienes viven en las inmediaciones del parque que los han visto pasearse frente a sus casas una y otra vez a la búsqueda de comida que encontraban en contenedores de basura y similares.
La solución adoptada tiene, en el mejor de los casos, el inconveniente de exigir que quienes quieran visitar el parque estén un largo tiempo sin poder hacerlo, lo que resulta especialmente incordiante.
Valgan dos datos: extensión de los espacios verdes de la ciudad de Barcelona: 2.784 hectáreas de las que 1.895 corresponden a Collserola. La totalidad del parque en los diversos municipios en que se reparte alcanza las 8.000 hectáreas.
Parece evidente que Barcelona y su área metropolitana no pueden permitirse prescindir de todo ese espacio durante un tiempo que a muchos se les está haciendo eterno.
Es posible que haya una explicación clara y convincente que lo justifique, pero el Gobierno catalán, de momento, se ha olvidado de darla.