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Incendio de Collserola visto desde Nou Barris

Incendio de Collserola visto desde Nou Barris METRÓPOLI

Opinión

El polvorín de Collserola

Publicada

“El Castillo de Torre Baró, emblema del distrito de Nou Barris, se sitúa en uno de los puntos de transición entre el Parque Natural de la Serra de Collserola y Barcelona. Un lugar mágico en el que ciudad y naturaleza se funden en un solo espacio. Desde su posición elevada se observan unas excelentes vistas panorámicas del área metropolitana, de las principales cordilleras litorales y pre-litorales de Catalunya, y una perspectiva poco conocida de la ciudad de Barcelona. Se trata de un lugar ideal para descubrir el entorno y disfrutar de la naturaleza sin alejarse de la ciudad. Su restauración a finales del 2014, largamente esperada por la vecindad, ha permitido recuperar este notable edificio y habilitarlo como un punto de información a disposición de visitantes”.

De esta forma tan bucólica se describe en la página web del Parc de Collserola la zona que se ha quemado esta semana en Barcelona.

Hace unas semanas defendía en estas páginas que la Barcelona bonita debía llegar a los barrios más apartados de Barcelona y, por ende, los más pobres. Tras el incendio se ha hecho patente que la zona no forma parte todavía de la Barcelona Bonita.

Es cierto que la recuperación del castillo y del entorno ha sido un hito importante, pero a los que nos gusta subir por el barrio de Canyelles a la Torre del Baró podemos comprobar in situ que el estado del bosque no es el adecuado. Los matorrales, típicos del paisaje mediterráneo, son parte importante de la masa forestal y, sin duda, un combustible natural que merece especial atención por su cercanía a áreas habitadas. No hablamos de centenares de metros, hablamos de metros. Así, sin más.

El incendio es, sin duda, la prueba del algodón. Se actuó rápido y con eficacia en la extinción de las llamas, pero en los despachos de la Plaza de Sant Jaume han tenido que encenderse las alarmas. Queda claro que no basta con la propuesta de que Ciutat Meridiana acceda al Pla de Barris. Es importante, sí. Necesaria, también. Pero hay que pensar en paralelo con la urbanización de la montaña que convive con un vecindario muy próximo.

Nos salvamos esta semana de un desastre, pero se debe tomar conciencia de que con las altas temperaturas --que han venido para quedarse-- Collserola es un polvorín. Desde Barcelona a Esplugues pasando por Sant Cugat y Cerdanyola o Rubí. La tupida vegetación convive con miles de viviendas que no es que estén cerca del bosque, es que están en el bosque.

Collserola no está de suerte. Tres incendios este verano --Can Caralleu y Esplugues-- se han sumado a las restricciones por la peste porcina. El pulmón verde de Barcelona y de buena parte de su área metropolitana merece más atención. Para preservarlo y para garantizar que la simbiosis entre bosque y ciudadanía no sea un peligro. Hablamos muchas veces de que la percepción puede tergiversar la realidad pero las más de mil llamadas al 112 por el incendio de Ciutat Meridiana, Torre Baró y Canyelles pone de manifiesto que la percepción de inseguridad, y miedo, por el incendio existe. Con un añadido, la vulnerabilidad. El mechero y la colilla indican que cualquier malvado, despistado o descuidado puede ser el detonador necesario. Veremos, en este caso, cómo acaba la investigación policial.

Espero que la realidad vivida en estos días provoque que las administraciones --Ayuntamientos, Parc de Collserola y Generalitat-- no se relajen. Ha ido todo bien, pero sino se toman medidas en serio puede ir a peor porque Collserola es un parque urbano, no sólo una montaña.