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Jaume Collboni, en su despacho en el Ayuntamiento de Barcelona

Jaume Collboni, en su despacho en el Ayuntamiento de Barcelona Luis Miguel Añón BARCELONA

Opinión

El peligro y la oportunidad para Barcelona: ser una isla en España

"Barcelona podría ser la única gran ciudad en toda España en manos socialistas, si se cumple lo que vaticinan las encuestas, con una gran alianza de derechas entre el PP y VOX, y el mal momento por el que atraviesa el PSOE. Ni Madrid, ni Sevilla, ni Valencia o Zaragoza tendrán alcaldes socialistas, a menos que cambien mucho las cosas en los próximos meses"

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Con detractores y defensores, Barcelona puede exhibir un modelo propio. Ha desarrollado, a lo largo de los años, una red política y social muy bien valorada, con equipamientos públicos, con bibliotecas en todos los distritos, con servicios sociales de calidad, y también con una fiscalidad notable. Las cosas no se ofrecen gratis.

Esas políticas municipales, desarrolladas con mayor o menor intensidad por gobiernos de distinto color, aunque casi siempre en manos de partidos de izquierda –ayer los comunes, hoy los socialistas—han aportado una identidad a la ciudad. Barcelona forma parte de un polo de ciudades progresistas en el contexto europeo.

La preocupación se sitúa en el ámbito medioambiental, en la movilidad, en el bienestar ciudadano. No se deja de lado, sin embargo, la dinamización económica, con una apuesta determinante por las tecnologías de la comunicación y las industrias digitales. La ciudad es hoy una urbe atractiva para el joven tecnológico cosmopolita y también para el inversor senior que desea pasar unos meses en el Eixample.

La transformación urbanística es de envergadura, con obras en todos los puntos de la ciudad. Algunos dirán que el Ayuntamiento podría haber acompasado mejor esos cambios, que inciden en el día a día del ciudadano. Pero la ciudad será mejor, en todos los aspectos, en los próximos años.

Sin embargo, en ese futuro inmediato las cosas también podrían cambiar en relación al contexto político en el que se deberá mover la ciudad.

En un año electoral, a lo largo de 2027, los socialistas están bien situados para mantener el gobierno de la ciudad. El alcalde Jaume Collboni parte con una buena base para ganar las elecciones y optar a un gobierno municipal con mayor capacidad de maniobra.

Pero, ¿qué se encontrará a su alrededor? Barcelona podría ser la única gran ciudad en toda España en manos socialistas, si se cumple lo que vaticinan las encuestas, con una gran alianza de derechas entre el PP y VOX, y el mal momento por el que atraviesa el PSOE. Ni Madrid, ni Sevilla, ni Valencia o Zaragoza tendrán alcaldes socialistas, a menos que cambien mucho las cosas en los próximos meses.

Collboni podría ser, por tanto, el gran referente progresista en España, con la potencia que significa llevar las riendas de Barcelona. Puede ser una gran oportunidad, pero también se trata de un reto y de un peligro, si la alianza de la derecha decide hacerle la vida imposible a la segunda ciudad de España y capital de Catalunya.

Y lo podría ser porque Barcelona se ha convertido en una alternativa: ejes verdes, carriles bici, mayor presión fiscal sobre los hoteles con la tasa turística, supresión de los apartamentos turísticos, mayor participación ciudadana y mayor red de equipamientos públicos, compromiso con causas internacionales progresistas, apuesta por colectivos LGTBI, defensa de la economía colaborativa y social…

Todo ello a partir de unas finanzas saneadas, con el rigor que han aportado siempre los gerentes municipales –el verdadero motor del Ayuntamiento, desde que los implantara el alcalde Pasqual Maragall—y sin olvidar la necesaria colaboración con la iniciativa privada, que reclama más valentía al alcalde Collboni.

Barcelona puede ser una isla, una gran isla, en una España tomada por las derechas. Puede que no suceda, pero hay muchas posibilidades de que tome cuerpo. Tal vez, eso sí, Collboni pueda contar con una ayuda inestimable, la de Salvador Illa, como presidente de la Generalitat, al menos hasta el verano de 2028.

Una isla, por tanto, que se podría extender a toda Catalunya, si los socialistas saben jugar sus cartas. Y, desde la isla, recuperar el poder municipal, autonómico y central por parte del PSOE ya de cara a los primeros años de 2030.