Pásate al MODO AHORRO
Agentes de la Guardia Urbana durante una detención / GUARDIA URBANA

Agentes de la Guardia Urbana durante una detención / GUARDIA URBANA

Opinión

La socavada normalidad barcelonesa

"En Barcelona vivimos en una relativa normalidad, aunque cada vez más socavada y a la que la ciudadanía se ahorma a sus excepciones y contrariedades, léase resignación, cuando no indiferencia. Es una normalidad progresivamente menos habitual y más deteriorada"

Publicada

La normalidad es un término que, a raíz de la invasión en Ceuta y la inaceptable respuesta o no respuesta del Gobierno, es acuñada de forma recurrente en las últimas semanas. Entiéndase por ella el buen devenir cotidiano.

En Barcelona vivimos en una relativa normalidad, aunque cada vez más socavada y a la que la ciudadanía se ahorma a sus excepciones y contrariedades, léase resignación, cuando no indiferencia. Es una normalidad progresivamente menos habitual y más deteriorada.

Así, por ejemplo, hace casi un año se produjo en Collserola un brote de peste porcina. Desde entonces, el parque es inaccesible. Es una realidad sobrevenida e incorporada a la normalidad barcelonesa. Otro ejemplo es el acaecido con las obras de la línea 9 de metro en el Putxet. El suelo se hundió hace dos meses y su agujero y riesgos obligaron al desalojo de distintas viviendas y locales.

A fecha de hoy, una treintena de sus vecinos y comerciantes siguen sin poder regresar a su normalidad. Algunos de ellos no lo harán hasta el año que viene. Y nos acostumbramos sin más.

A estos hechos concretos se adicionan realidades de ciudad cronificadas que configuran nuestro quehacer y de vivir. Hemos interiorizado en nuestro acervo de convivencia las obras múltiples. Es obvio que toda actuación conlleva una molestia o alteración de la cotidianidad durante su ejecución. Otra cosa es que sea necesario promover tantas a la vez, y, en demasiadas ocasiones, que lo sean descoordinadas en su ejecución o en su ámbito. A ello, súmese cuando son alargadas injustificadamente en su finalización o cuando simplemente son innecesarias. Socavan nuestra normalidad con el padecimiento excesivo o sobrero ante las mismas.

Más realidad socavada. Se pretende inculcarnos como una “nueva normalidad” los índices de inseguridad. Es aquella en la que la reducción en décimas de sus índices de delincuencia. Sin embargo, se mantiene en dos dígitos su incidencia en una Barcelona en la que el delito es capital.

Otro gran problema “normal”, es el acceso imposible a una vivienda por carencia o carestía. La normalidad pretendida ahora es que las administraciones anuncien la construcción de viviendas sociales en solares públicos vacíos desde tiempo atrás.

Es un anuncio recurrente para silenciar lo que ha sido habitual y es que desde hace años el Ayuntamiento y la Generalitat anuncian acuerdos ya publicitados tiempo ha y, ante su incumplimiento, los reiteran para hacernos creer lo mucho que construyen y no lo todo que no promueven y lo casi todo que prometieron y no han cumplido. Es otra normalidad barcelonesa.

Como lo son las interminables e inaceptables listas de espera para el acceso a la dependencia o a servicios y equipamientos para atender con dignidad y suficiencia a nuestros mayores y a las personas con discapacidad. Sus retrasos de meses y años son otra normalidad asumida como tal en el socavón social de entre las prestaciones públicas.

Podría seguir refiriendo múltiples ejemplos y circunstancias. Su común denominador es la constatación de que en Barcelona vivimos una normalidad socavada por la gestión municipal. No me resigno a que la normalidad sea sinónima de desidias e ineficacia pública, ni que la anormalidad se asuma sin más como normalidad mientras que a la vieja se le adicionen las sobrevenidas y configuren juntas las nuevas.

En realidad bien podría calificarse a toda esta normalidad socavada, la anormalidad habitual. La normalidad ciudadana debe ser otra cosa que no la minada. Ha de ser la constatada en bienestar y seguridad, con un anhelo de positividad y ambición barcelonesa, de buena gestión municipal y de acierto en las políticas públicas para la mejor Barcelona y nuestros vecinos.