Lluís Juste de Nin es, por encima de todo, un artista. Dibujante, ilustrador, autor de novelas gráficas y diseñador de modas, ha desarrollado una extensa carrera desde cuando, todavía muy joven, empezó a colaborar con distintas publicaciones cívicas como ilustrador. Sin duda, su etapa como diseñador y director creativo en la firma de moda catalana Armand Basi le hizo muy conocido, aunque ya lleva un tiempo centrado en su auténtica pasión: la novela gráfica. Sus libros son el resultado de un trabajo minucioso tanto en lo que se refiere a la ilustración como a sus contenidos, siempre rigurosamente documentados, y nos acercan a la historia de Barcelona y Catalunya como pocas obras lo pueden hacer. Desde que publicó su primera novela gráfica, “Els Nin” (2004), su producción creativa no ha cesado y recoge ya cerca de quince títulos. Pero su carrera como ilustrador empezó mucho antes, colaborando en varias publicaciones antifranquistas y siendo el “padre” de “LA NORMA”, personaje clave para la consolidación de la normalización lingüística del catalán en los años 80. Nos recibe en uno de sus lugares favoritos de Barcelona, el Ateneu Barcelonès, del cual hace años que es socio.

Lluís, ¿porqué estamos aquí, en el Ateneu Barcelonès?

El Ateneu hace muchos años que forma parte de mi vida. Soy socio desde hace mucho tiempo y lo considero el ágora de la cultura en Barcelona y, no sólo de la cultura, sino también del catalanismo. Este es el segundo ateneo que hubo en Barcelona ya que el primero estaba en La Rambla, hasta que a principios del siglo XX se trasladó a este palacio donde nos encontramos. Se constituyó alrededor de todas esas figuras imprescindibles de la cultura: desde Àngel Guimerà hasta Josep Pla, pasando por Josep María de Segarra o Maragall. Por aquí han pasado todos los grandes escritores, pero también los grandes pintores y los grandes dibujantes. Por eso, junto a amigos míos con los que compartía inquietudes artísticas, decidimos hacernos socios y, decidimos también años más tarde con Ferran Mascarell y Vicent Sanchis, crear una tertulia permanente como excusa para vernos y hablar del catalanismo desde un prisma muy abierto, donde todas las tendencias políticas y todas las visiones tuvieran cabida. Es un grupo donde encontramos grandes nombres de la cultura, del periodismo, de la política, todos importantes y muy conocidos, aunque me permitirás que haga una mención especial a la tristemente desaparecida y muy querida Muriel Casals y a Jordi Sánchez, que actualmente pasa por una situación muy difícil debido a su encarcelamiento. Así que, podemos decir que estas paredes han oído muchas cosas, muchas discusiones, pero siempre desde una perspectiva constructiva y de respeto a los demás, por distintas que sean nuestras ideas.

¿Cuál es tu primer recuerdo de este lugar?

Es del restaurante. Tú sabes que para entrar en el Ateneu debes ser socio o venir acompañado de uno. Yo vine invitado y enseguida me enamoré de este lugar, de su historia, de toda la sabiduría y cultura que se encierran entre sus paredes. Y enseguida reconocí esa ágora, ese lugar de encuentro que yo buscaba para reunirme con mis amigos y hablar de cultura, de política, de Catalunya, de la vida en general. Es un lugar único para mí, que además recomiendo mucho a la gente joven, que, por cierto, hay mucha, como punto de encuentro o de trabajo en rincones como la fantástica biblioteca que tenemos en la planta de abajo, que es una auténtica maravilla, o compartiendo una comida en el restaurante o en el Patio Romántico, un lugar precioso con un nombre precioso.

"(El Ateneu) es un lugar único para mí, que además recomiendo mucho a la gente joven"

Tu pasión por la ilustración viene de muy lejos. Háblame del “Zurdo” y del “Esquerrà”

¡Ah, sí! La culpa de estos nombres la tiene el franquismo. Yo soy de una generación que se encontró viviendo en una dictadura que nos coartaba la razón, la inteligencia, que era una de las dictaduras más “casposas” y torpes de Europa. Fruto del auge del fascismo primero en Italia y después en Alemania, España se vio envuelta en un alzamiento militar contra una república escogida democráticamente, que la llevó a una terrible Guerra Civil y a la instauración de la dictadura de Franco. En la posguerra estaban los vencedores y lo vencidos y, mi familia, estaba ideológicamente en el bando de los vencidos. Yo tuve la suerte de ir a un colegio, El Liceo Francés, donde durante años me ahorré toda la parafernalia del discurso franquista que en los colegios “normales” debían soportar. Tuve una educación mixta, de mentalidad republicana y liberal, y la verdad es que guardo muy buenos recuerdos de ese colegio. Vivíamos en una época en que podías revelarte contra lo que pasaba o podías esconder la cabeza como los avestruces e ir tirando. Yo opté por la primera opción y me impliqué con el PSUC (Partido Socialista Unificado de Catalunya), el más activo en ese momento, sobretodo como ilustrador. Ten en cuenta que la prensa de ese momento en los años 60 era muy aburrida, mucha letra y ninguna imagen. Nosotros entendimos el poder de la imagen, primero dibujada y después también mediante la fotografía cuando técnicamente fue posible. Y básicamente, lo de “El Zurdo”, es porque lo soy y porque en esa época todo lo que tuviera que ver con la izquierda no estaba bien visto. Años más tarde lo catalanicé y pasó a ser “L’Esquerrà”.

¿Y Manuel Vázquez Montalbán?

Manolo fue mi referente, mi maestro. Yo le ilustraba sus artículos en la revista “Mundo Obrero” que se editaba en París por el órgano central del Partido Comunista de España. Nos encontrábamos cada semana, yo leía su artículo y lo ilustraba, y después se mandaba de forma clandestina a París donde se publicaba y se distribuía. Era una persona maravillosa además de un escritor como pocos.

Cuando acaba ese periodo tienes un encargo muy especial

Efectivamente, cuando acabó toda esa locura con la muerte del dictador y la reinstauración de la democracia, vino también la reinstauración de la Generalitat de Catalunya. La recién reinstaurada institución nos hizo un encargo al famoso periodista Tisner y a mí, la creación de “La Norma”, un personaje para impulsar la normalización del catalán con textos de él e ilustraciones mías. Cree el personaje basándome en una niña real, Anna Solà, con la que por cierto me reencontré aquí en el Ateneu en la celebración de los 30 años del nacimiento del personaje. En ese momento yo ya firmaba como “El Esquerrà” y podía, por primera vez en mi vida, trabajar en revistas no clandestinas, ya que durante los años de la dictadura me hubieran reconocido enseguida, ya que los trazos de un dibujo te delatan más que una firma. Empecé a publicar en la revista “Canigó”, dirigida por Isabel Clara Simó, reciente premio de las Lletres Catalanes, donde me ofreció una página entera para mis ilustraciones.

"A veces el personaje es real, como es el caso de la novela en que hablo de mi antepasado Andreu Nin"

Y tú paso a la moda, ¿a qué es debido?

Veras, ¡a una cosa tan simple como que me tenía que ganar la vida! Una parte de mi familia, los Basi, que en aquel momento producían la marca Lacoste, me ofrecieron trabajar con ellos. Se me ocurrió que, además de lo que nos venía diseñado de Francia, nosotros por nuestra identidad mediterránea, podíamos diseñar piezas con otros colores, con otras formas que casaran más con nuestra idiosincrasia. Armand Basi, presidente de la compañía, me animó a lanzarme y diseñe varios modelos que le presentamos a Bernard Lacoste. Para mi sorpresa, le gustaron y me convertí en estilista de la firma Lacoste. Me integré ya por completo a la empresa Basi, formándome en todas las áreas donde podía necesitar aprendizaje, y tuve la idea de que podíamos hacer algo nuestro, distinto, totalmente desvinculado de Lacoste, nuestra propia marca. Debía ser el antónimo de Lacoste, reyes en ese momento de la ropa sport, informal, y, por eso, debíamos diseñar piezas pensadas para la noche, más elegantes. Y había otro aspecto que a mí me parecía fundamental en ese momento en que estábamos inmersos en la candidatura para los Juegos Olímpicos del 92, que era la marca Barcelona. Porque la moda no es de país, es de ciudad: la moda es París, es Milán, es New York, es Barcelona, es Tokio. Y así, Armand Basi fue de las primeras marcas que utilizaba el nombre Barcelona en su firma: Armand Basi Barcelona. Y escogimos el nombre del presidente de la compañía, porque además de ser bonito, se escribe igual en catalán, en francés, en inglés… Y la verdad es que fue todo un éxito, con presencia en más de 20 países, y ampliando la gama a las fragancias, los relojes, las joyas, los complementos. Podemos decir que fuimos punteros cuando, como yo siempre digo, la moda estaba de moda.

Sí, porque el mundo de la moda ha cambiado mucho ¿verdad?

Totalmente. Hoy en día las grandes marcas de ropa dudo que vivan de las ventas de su producto base. Sus ganancias vienen por su marca, que usan en productos como fragancias o por los complementos, especialmente los bolsos. El mercado de lo que es puramente la ropa, ha sido tomado, democráticamente, por una serie de empresas que todos conocemos y no hace falta nombrar que enfocan su producto a un precio bajo. El punto álgido de la moda entendida como diseño fue en los años 90.

 Lluís Juste de Nin ante una foto de su antepasado Andreu Nin



¿No crees que es un poco el reflejo de cómo somos como sociedad? Lo queremos todo rápido, fácil, sin espera. Consumimos y olvidamos.

En efecto, es lo que algunos llaman la moda “Kleenex”. Dura poco, no hay una gran inversión en creatividad, sino que hay mucha copia a los grandes referentes, no tiene nada que ver con lo que yo viví.

Desde hace un tiempo, la moda te la miras un poco más de lejos y te has centrado en tu otra pasión: la novela gráfica. ¿No crees que arriesgaste un poco escogiendo un género que, a menudo, no está muy valorado?

En cierta manera sí, pero no del todo. La novela gráfica es un género que tiene muchos años de historia y que se valora muchísimo en algunos países. En Estados Unidos, por ejemplo, tiene una tradición muy arraigada, pero no sólo allí, en países europeos como Bélgica encontramos referentes como “Tintín”. Hubo una corriente franco-belga que evolucionó el antiguo concepto de lo que aquí popularmente conocíamos como tebeo, para crear una auténtica novela, pero concebida para ser dibujada. La forma de trabajar empieza por la documentación, como en cualquier otra novela, en mi caso de la historia de los siglos XIX y XX en el marco de Barcelona, aunque también de otros lugares de Catalunya y otros países. Siempre he pensado que la historia interesa a todo el mundo y si es la propia aún más, y creo que la novela gráfica es una forma más amable, más amena y divertida de contarla. La realidad es que cuesta que la gente joven y no tan joven compré libros de historia.

Tus libros podríamos definirlos como novela gráfica histórica, ¿no?

Totalmente, aunque yo casi siempre combino realidad y ficción, mezclando personajes ficticios y reales en épocas históricas que previamente debo conocer a la perfección. Por ejemplo, en mi último libro 'Garbo' nos encontramos con un personaje real del que hasta hace relativamente poco no se sabía casi nada, principalmente porque a los ingleses no les gustaba reconocer que les había ayudado decisivamente en la Segunda Guerra Mundial un catalán, Joan Pujol. Este hombre, cuyo nombre en clave para los servicios secretos británicos era Garbo, fue decisivo en el éxito del desembarco de Normandía por el papel de agente doble que jugaba con los alemanes. U otras partes de nuestra historia también poco contadas, como el hecho de que las primeras tropas que liberaron París de los alemanes, fueron las comandadas por el General Leclerc formadas por republicanos catalanes y españoles, conocidos como “La 9”. Ahora, finalmente, se ha hecho un monumento en su honor en París, pero hasta hace poco los franceses escondían esta realidad y preferían contar que la gesta la protagonizaron soldados franceses. Supongo que era una forma de “limpiar” un poco su pasado ya que, la realidad, es que se rindieron con suma facilidad a las tropas alemanas cuando estas entraron en París.

¿Y cómo es tu proceso creativo?

Yo siempre elijo primero un hecho histórico, no muy reciente porque creo que las cosas se deben afrontar con la perspectiva de los años. Por eso me interesa especialmente la historia, nuestra historia, de los siglos XIX y XX. Normalmente, pero no siempre, inserto a un personaje inventado en esa época. A veces el personaje es real, como es el caso de la novela en que hablo de mi antepasado Andreu Nin, porque su vida ya resulta tan apasionante que no hace falta inventar mucho: casado con una bailarina del Ballet Bolshoi, viviendo nueve años en Rusia siendo la mano derecha de Trotski,… Pero normalmente no es así. Inserto un personaje inventando en una época que estudio hasta el más mínimo detalle, aquí donde estamos en la biblioteca del Ateneu, para encontrar aquellos detalles, aquellas anécdotas que normalmente no cuentan los libros de historia. Los libros de historia son muy racionales, cuentan los hechos año tras año, normalmente acontecimientos que se consideran muy importantes. A mí me interesa más contar, por ejemplo, como vivía la gente en el Raval a principios del siglo XX y qué pensaban de la gente adinerada que salía de la función del Liceu. Porqué en un momento histórico concreto no existe una Barcelona, existen muchas barcelonas que no tienen nada que ver entre sí: la Barcelona de Seguí en su Poble Sec o su Raval no tiene nada que ver con la de la burguesía de paseo de Gracia y, a mí, eso es lo que me interesa contar al lector.

Siempre Catalunya y Barcelona en tus obras

Sí, y los exilios. Los exilios son muy importantes porque me permiten hablar de otros lugares como París, en “Rauxa, o de otros exilios menos conocidos como el de los catalanes que se fueron después de la victoria de Franco a Nueva York. Lo explico en 'Quan de tu s’allunya' y me interesa porque puedo hablar de personajes como Fontseré, magnífico cartelista, probablemente uno de los grandes a nivel mundial, que durante la Guerra Civil trabajó para el bando republicano y una vez que Franco estuvo en el poder se tuvo que exiliar. Pasó por varios países hasta que llegó a Nueva York donde, junto a otros intelectuales, tuvo la mala suerte de toparse con otra “dictadura”, la del senador McCarthy quien, obsesionado con su anticomunismo, emprendió una caza de brujas especialmente en los ambientes de Hollywood que llevó a muchos actores, actrices, guionistas o escritores a verse obligados a abandonar su profesión. Así que no me quedo en Barcelona, le doy la mano al catalán que parte al exilio y cuento lo que se encuentra, el entorno que le espera en su nueva tierra.

Lluís Juste de Nin delante de uno de sus dibujos



Háblame de tus aficiones, de tus otras pasiones.

Yo tengo dos grandes aficiones que son, al mismo tiempo, pasiones. Una es la cultura Greco - Romana. Soy muy consciente de nuestros orígenes romanos, de la antigua Tárraco, de nuestra lengua que proviene del latín, de nuestras costumbres, muchas de ellas heredadas de aquellos pobladores de hace siglos, que nos hacen distintos de la otra parte de Europa que no tiene estos orígenes. Me interesa la historia de esa Roma y también su mitología. Y por supuesto la Antigua Grecia, cuna de lo que consideramos la cultura occidental. Me capturó desde la primera vez que me puse enfrente del Partenón. Me encantan sus clásicos, la Ilíada y la Odisea, que he releído infinidad de veces y que, siendo la madre de la literatura occidental, todavía no sabemos si las escribió Homero, ni tan siquiera si Homero existió. Es una cultura apasionante y me escapo siempre que puedo a ese maravilloso país para intentar descubrir un poco más de su antigüedad.

Mi otra afición es Venecia. Venecia, más que una afición, es un marco que, tomando el título de esa maravillosa película argentina “Un lugar en el Mundo”, sería mi lugar en el mundo, más concretamente, mi segundo lugar en el mundo ya que el primero es, sin duda, Barcelona. Venecia es muy criticada, con cierta razón, por mucha gente que dice que hay demasiados turistas, que ya no queda nada auténtico. Yo siempre digo que para amar Venecia la tienes que conocer, por lo menos, tanto como yo. Desde hace años voy cada octubre con Neus, mi mujer, y me instalo en un hotel, siempre el mismo, que no está en el centro sino en el Dorsoduro, un barrio muy tranquilo donde sólo encuentras venecianos. Allí siempre me dan la misma habitación, donde instalan una mesa de dibujo para que pueda trabajar. No piso el centro de la ciudad excepto cuando llega la hora en que los cruceristas se van a cenar. Voy siempre a unos cuantos restaurantes que son excelentes y no son ni los más caros ni los más conocidos. Y con Neus habitualmente hacemos planes distintos, a lo mejor ella decide coger un tren e irse a Verona y yo me voy, por ejemplo, a San Giorgio Maggiore a disfrutar de la magnífica obra de Tintoretto, “La Última Cena”, y soy feliz, simple y totalmente feliz. Espero poder seguir haciéndolo muchos años más.

¿Cómo ves el futuro de Catalunya?

Yo como creo que Catalunya es una nación igual que lo son España, Francia o Portugal, estoy convencido que en el futuro será un estado. Un estado dentro de una Europa bastante mejor que la que tenemos ahora. Y un estado permeable con los otros estados de Europa. Yo soy de los que están bastante decepcionados al ver que la Unión Europea se está quedando en una serie de tratados comerciales y poco más. No entiendo por qué no podemos tener una constitución europea única o un único ejército. ¿Alguien puede imaginar unos Estados Unidos con un ejército distinto en cada estado?

¿Es tal vez un problema de nacionalismos, un poco de egoísmo donde nadie quiere ceder?

Puede ser, pero yo distingo entre dos tipos de nacionalismos que no tienen nada que ver entre sí. Están los nacionalismos, podríamos decir, agresivos y pretenciosos, como el de la Alemania nazi, el de Serbia y otros incluso más recientes, menos violentos, pero igual de soberbios, y están los nacionalismos defensivos, que lo que quieren es la libertad de su pueblo, como por ejemplo el de los saharauis, los armenios o el nuestro propio, el de los catalanes. Los nacionalismos que nos impiden avanzar en una Europa más unida son los del primer tipo y creo que o Europa se pone las pilas y se constituye como una auténtica unión, o acabará engullida por las grandes potencias y se convertirá en una especie de parque temático de tiempos pasados.

Portada de la última novela gráfica de Lluís Juste de Nin



Para terminar, ¿ya tienes nuevo proyecto? ¿me puedes avanzar algo?

Sí y no. Sí que lo tengo y tan avanzado que saldrá en febrero y si todo va bien se presentará el 5 de marzo, pero no te puedo avanzar nada porque ¡mi editor no me deja! En serio, espero que vengáis a la presentación como siempre hacéis y creo que esta vez os llevaréis una gran sorpresa con la temática de mi nuevo libro.

 

Artista, amante de la cultura y amante de Barcelona, Lluís Juste de Nin es una persona inquieta que nunca para de aprender. Triunfó como diseñador de moda y está triunfando como novelista gráfico, y sus obras son una vía fantástica para conocer nuestra historia reciente de una forma amable y divertida. Viajero incansable, vuelve cada año a Venecia, su “segundo lugar en el mundo”, o se pierde por su querida Grecia, la de Atenas, la de las islas, con su cultura milenaria cuna de nuestra civilización. Pero siempre vuelve a su “primer lugar en el mundo”, su querida Barcelona, su querida Catalunya, donde es fácil encontrarlo si nos dejamos caer por su ágora partícular, El Ateneu Barcelonès.

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