Periodista de formación, Rosa Alarcón es socialista coherente desde los años ochenta del siglo pasado. Especializada en comunicación política y reciclada en Esade en Función Gerencial de la Administración Pública, en su historial profesional constan varias experiencias en empresas privadas importantes. A diferencia de las jefecillas comuneras, su estilo y su cultura se notan a la hora de desmarcarse de Colau y sus espantosas compañías. Así por ejemplo, ha dejado claro que no está de acuerdo con el nuevo Plan de Usos del Eixample, porque no ha contado con los comerciantes. Partidaria de la labor silenciosa y sin aspavientos, sostiene que el corazón de Barcelona no puede entenderse de una forma homogénea como pretende la colauada, y prefiere ordenarlo mediante una “microcirugía” que lo convierta en un barrio abierto que no olvide al vecindario. Exactamente lo contrario que las súper-islas comuneras.

Sus años de experiencia en el Ayuntamiento de L’Hospitalet antes de cruzar la Riera Blanca y dedicarse políticamente al de Barcelona le enseñaron la importancia del sector comercial a la hora de emprender grandes transformaciones urbanas. Con más personalidad, firmeza y polivalencia en diversos cargos municipales que Collboni, Alarcón pone a la comunada en su sitio y ayuda a recuperar la fe en un socialismo que poco bueno puede hacer con socios autoritarios, sectarios y democráticamente impresentables. Porque el estilo de Alarcón, por el contrario, consiste en trabajar duro, dialogar sin ruidos y no jugar a la puta y la Ramoneta como algunos social-oportunistas de su partido de toda la vida.

 

 

Noticias relacionadas