El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella

El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella

¿Quién hace Barcelona?

El sobresaliente de la semana: Juan José Omella

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El arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, puede sentirse satisfecho. La visita del Papa León XIV a Barcelona, con la bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Família, se puede calificar de éxito absoluto desde distintos puntos de vista.

El mensaje del Papa ha sido claro, sin interferencias. Medido, con el acento necesario en la responsabilidad de cada uno para convivir con el prójimo, sin hipocresías. Y con el empuje que se destila de la doctrina social de la Iglesia, con su visita a la Iglesia de San Agustín, en el Raval. También lo constató en su intervención en el Estadi Olímpic, llamando al perdón, porque el odio no se puede instalar en el corazón de los hombres.

Omella conocía todos los detalles. Ha ido preparando el viaje, en plena coordinación con el Vaticano. El punto fuerte era la bendición de la torre de Jesús, en la Sagrada Família, coincidiendo con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí.

Sin embargo, el arzobispo de Barcelona sigue siendo el objeto de las críticas del independentismo, que ha mostrado, una vez más, su torpeza y falta de visión. Se le acusaba, antes de que comenzara el viaje, que no había hecho lo necesario para garantizar la presencia de la lengua catalana. Y ha resultado que el Papa ha pronunciado buena parte de sus intervenciones en lengua catalana. Desde hace años se le reprocha todo lo que hace, desde Carles Puigdemont hasta los jóvenes cachorros del independentismo.

Todo calculado. Con un guion que ha resultado perfecto. Sin que nadie pueda decir que el Papa ha colmado todas sus expectativas. Porque de eso se trata, de hacer ver a todos, a los que tienen fe, a los que no la tienen, a los que, a priori, se sienten indiferentes, que deben analizar sus comportamientos y comprobar si realmente sirven a la sociedad o se benefician de ella.

Muchos han caído en el ridículo. No es el caso de Omella, que ha demostrado cómo la Iglesia –en apuros en estos momentos por la falta de vocaciones– sigue teniendo poderosas herramientas para interpelarnos como seres humanos.