Como muchos comercios familiares de barrio en peligro de extinción en Barcelona, la librería papelería Hernández de la plaza de Sarrià, abierta desde 1961, se enfrentaba a su cierre tras la jubilación de sus dueños en 2018. Sin relevo generacional a la vista, las hermanas Bassedas pagaron el traspaso del negocio que conocían desde pequeñas, con más de cincuenta años y sin haber ejercido el oficio de venta de librería, papelería y prensa.

Cinco años después de su aventura empresarial, un incendio accidental volvió a amenazar con el cierre del local el pasado enero, pero este jueves, 21 de septiembre, reabrieron por todo lo alto gracias al apoyo vecinal y de la Administración.

ICONO DEL BARRIO

El teniente de alcalde Albert Batlle, una de las autoridades del acto, celebraba entre las actuaciones de un coro local y los brindis con cava cómo se adelantó la Mercè en este barrio barcelonés en su plaza central. Marta Royo, la publicista que ayudó a diseñar el nuevo logo y la comunicación del negocio fue una de los cientos de asistentes que acompañaron a las libreras y que guardan un vínculo especial con el establecimiento.

“Es uno de los primeros recuerdos que tengo de salir sola de casa a hacer recados con once años: compraba a mi padre el periódico y con las vueltas me compraba unos cromos”; relató Royo, que vive a dos calles del local. Según explicó, siguió acudiendo con frecuencia a la librería cuando cogió el hábito lector.

Las hermanas Bassedas, Rosa (izquierda) y María posan en el mostrador de la librería / RODRIGO MARINAS

COLABORACIÓN VECINAL 

“Cada vecino se ha volcado con lo que ha podido para lograr la reapertura”, explicaba Royo. La asociación de vecinos y comerciantes organizó después del accidente un mercadillo solidario con libros donados. La Fundación Victoria de los Ángeles también coordinó un concierto benéfico para resucitar esta librería. Estas recaudaciones vecinales fueron decisivas para volver a levantar la persiana de este comercio, junto con una subvención del Ayuntamiento y el dinero que pusieron las propias hermanas Bassedas.

“Tiene mucho coraje que hayan vuelto a abrir”, comentaba Royo ante el descenso general de ventas de ejemplares impresos, así como los gigantes del comercio digital de libros como Amazon. “Al final, Sarrià es como un pueblo, y en los últimos años han desaparecido muchos comercios de toda la vida como peluquerías o panaderías”, lamentaba.

REAPERTURA OFICIAL

La librería volvió a funcionar un mes antes de esta reapertura oficial, pero los múltiples piropos recibidos por el resultado final del local les incitó a celebrar su vuelta de una forma especial. “Ha quedado muy bonita”, “está mejor de lo que pensaba”, comentaban los clientes.

Algunos acompañan a sus nietos para comprarse un manga; otros preguntan por suplementos deportivos, otros por la agenda escolar. A todos les fascina cómo ha pasado de estar repleto de libros, con maderas antiguas y carros en la puerta, a ser un establecimiento luminoso y abierto en tan solo 25 metros cuadrados.

INCENDIO POR UN CORTOCIRCUITO

María Basseda, de 55 años, estaba presente cuando estalló el incendio a inicios de año provocado por un cortocircuito. Recuerda cómo vació su extintor y el del local vecino, pero para cuando llegaron los bomberos solo pudo rescatar las llaves de su casa y un puñado de objetos más. En su nuevo mostrador siempre guarda chuches para perros como su Border Collie. “Estuvimos una semana organizando los libros para el mercadillo, tuvimos que decir a la gente que dejara de donar porque no cabían más”, relata abrumada en medio de la plaza de Sarrià con un ramo de flores.

María admite que fue su hermana Rosa, de 58 años, quien le embaucó en la aventura de la librería, a pesar de proceder de “profesiones liberales”: consultora y gestora cultural, respectivamente. Pero ellas y sus cuatro hermanos compartían la pasión por la lectura desde pequeños. Siempre les acompañaron los cómics de Tintín o la obra de Josep Maria Folch i Torres.

Javier Gómez Hernández, antiguo propietario de la librería en 1963 / RODRIGO MARINAS

COMERCIO DE PROXIMIDAD

Rosa ya vivió la reconstrucción de un incendio cuando trabajaba en el del Teatro del Liceu. Durante esta recomposición se ha sentido siempre “muy acompañada” tras haber invertido “mucho tiempo y dinero”. “Da mucha vida este comercio”, aseguraba ante la gran cantidad de personas que tienen “ganas de hablar en su día a día porque viven solas”.

Además, celebra que muchos vecinos tienen la paciencia de encargar los libros en su establecimiento aunque tengan plazos menos competitivos que otros gigantes de la industria, como demuestra la pila de ejemplares con etiquetas al lado del mostrador. “Si no es urgente, la gente prefiere que hagamos la gestión. Se valora más el comercio de proximidad”. Las hermanas tienen en mente habilitar un pequeño espacio para eventos y presentaciones mientras pelean por conseguir la cobertura total de su seguro tras el incendio: queda pendiente el 30% de los libros almacenados y el coste de la reforma.

PROTECCIÓN DE LAS LIBRERÍAS

El 34% de los barrios de la capital catalana no dispone de ninguna librería, según un informe elaborado por Esquerra Republicana y avalado por el Gremi de Llibreters de Catalunya hace un año. La mayoría de enclaves sin librerías están en zonas con rentas bajas y exclusión social, pero Sarrià-Sant Gervasi también presenta una proporción baja de este tipo de comercios: 1,9 por cada 10.000 habitantes, 9 librerías frente a las 49 que se concentran en la Dreta de l’Eixample.

El Pleno aprobó en septiembre de 2022 una propuesta de los republicanos para ofrecer alquileres sociales a nuevas librerías a través del programa “Bajos de protección oficial cultural”, una línea de ayudas con las que ya se salvó a la Sant Jordi del Gòtic en 2019.

La librería La Memòria, abierta en 2013 en la Plaza de la Vila de Gràcia, también se enfrentaba al cierre en octubre de 2019, pero dos socios anónimos decidieron invertir en el negocio. La librería más antigua de Madrid, Pérgamo, también fue salvada por un cliente anónimo en 2022. En el caso de la Librería de la Plaza, el protagonismo lo han tenido los cientos de vecinos que han arropado a las libreras de este local emblemático.

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