Francesc, Hakim y Luis hablan entre ellos –alguno más nervioso que otro– frente al Consulado General de Ucrania en Barcelona. El grupo lo forman una decena de hombres de entre 21 y 60 años. Se acaban de conocer, pero todos tienen algo importante en común. Están dispuestos a tomar las armas para defender al pueblo ucraniano de la invasión rusa a pesar de no tener ningún lazo directo con el país atacado por el ejército de Putin. Según el cónsul, unas 50 personas procedentes de la provincia de Barcelona se han acercado estos días hasta al edificio diplomático para ofrecerse como voluntarios.

Luis (45 años) es uno de los pocos con experiencia militar. Este colombiano de 45 años, exmiembro de las fuerzas armadas de su país, ha combatido a la guerrilla de las FARC y a grupos de paramilitares. También ha trabajado como rescatista y está convencido que puede ser útil de un modo u otro. "Hay que ponerse la mano en el corazón y ayudar, hermano", desliza. Hace cinco años salió de Colombia y se instaló con su familia en L'Hospitalet de Llobregat. Tiene esposa y dos hijas (de 19 y 32 años).

"ESTÁN MATANDO A CIVILES INDEFENSOS"

Hakim (31 años) tiene más dudas que su compañero, pero está determinado a dar el paso. "He venido a preguntar cómo puedo alistarme. No hay derecho con lo que está ocurriendo. Están matando a civiles indefensos, la gente está aislada...Todo esto me conmueve y estoy dispuesto a coger un fusil e ir al campo de batalla", cuenta este barcelonés de Nou Barris. Nació en Marruecos y con 10 años emigró con su familia a Cataluña. Este miércoles le acompaña Julia, su novia. "He intentado convencerle para que no vaya aunque entiendo que quiera ir. Hay mucha indignación y la gente se solidariza, pero tengo miedo porque el ejército ruso es muy poderoso", explica.

El cónsul de Ucrania en Barcelona este miércoles enfrente del consulado  / METRÓPOLI

 

David Martín (37 años) es ingeniero y trabaja en la multinacional Hilti en Blanes. La familia de su pareja, ucraniana, vive en la ciudad de Poltava, al este del país. "Mi empresa me apoya. Me gustaría realizar viajes transportando material sanitario de punta a punta del país. Mi idea es hacerlo durante un par de meses y aprovechar para sacar a mis familiares", explica. Vivió junto a su novia tres meses en el país y tiene varios amigos luchando. Cuenta que en las calles de Sumy –a 30 kilómetros de la frontera rusa– se ha vivido una lucha encarnizada. "Como en Stalingrado", asegura.

AGREDICIMIENTO DEL CÓNSUL

A mediodía el cónsul de Ucrania en Barcelona, Artem Vorobyov, atiende a media docena de periodistas. No anima a nadie a alistarse, pero agradece el apoyo de todos los barceloneses de origen ucraniano, así como de los vecinos de la Ciudad Condal que se acercan a entregar comida y ropa. "Necesitamos todo el apoyo que sea necesario para enfrentarnos a uno de los mayores ejércitos del mundo". Mientras centenares de miles de refugiados huyen del país, 80.000 ucranianos residentes en el extranjero –según Vorobyov– han hecho el camino opuesto para apoyar a sus soldados.

La oficina consular, ubicada en la calle Numància y a pocos metros de la Diagonal, se ha convertido estos días en un almacén improvisado de ropa, medicamentos y equipamiento que envían a un país bombardeado a diario. Desde el viernes han mandado cinco toneladas de material, entre los que se incluyen cascos para los soldados. Un papel pegado en la puerta del edificio informa de cuatro puntos en Barcelona donde entregar material. Una quinta ubicación se encuentra en Esplugues de Llobregat. Son asociaciones, una iglesia, una escuela y un instituto. Las bombas se han cobrado la vida de más de 2.000 civiles, según las autoridades ucranianas.

Una furgoneta cargada con comida, medicamentos y ropa con rumbo a Ucrania / METRÓPOLI 

 

EXPERIENCIA MILITAR, UN REQUISITO

Un joven con una banderita ucraniana en la solapa dice que los voluntarios sin experiencia militar no serán aceptados. El comentario lo confirma una hora después Hakim en conversación telefónica. Un trabajador del consulado se ha entrevistado individualmente con los aspirantes a voluntarios. No hay sitio para él porque carece de experiencia. "No lo entiendo, creía que necesitaban gente con urgencia. Es lo que he leído en varios medios de comunicación", suelta contrariado este joven.

Francesc (30 años) viene de Sant Celoni y asegura que sus padres no saben nada. "Me siento español, pero también europeo. Son mis valores", se justifica este hombre que también carece de entrenamiento y experiencia en un ejército. El perfil de Luis sí que encaja para viajar a Ucrania y luchar codo a codo contra Rusia.

- ¿Tienes miedo a morir?

- "Yo ya me hice una vida. Tengo una familia, no tengo miedo a morir. Además soy evangelista, se que mi dios va a estar allí conmigo y no quiere que me vaya todavía", contesta con una sonrisa.

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