Los funcionarios de prisiones definen a John Musetescu Werberg como un interno "inadaptado", "violento", "agresivo" y como alguien que no admite órdenes de ningún tipo. "Como todos, tiene días buenos y malos, pero si el día pasa sin incidentes es porque él quiere", explican fuentes penitenciarias a Metrópoli. El pasado domingo, este ciudadano sueco acusado de un triple homicidio en Ciutat Vella decidió que no iba a ser una jornada plácida para los trabajadores de la cárcel de Can Brians 2.

A las 09.25 horas cinco vigilantes entraban a su celda para trasladarlo a otra de manera provisional mientras arreglaban el interfono. Él mismo había avisado que no funcionaba, según otra fuente del ámbito del sector penitenciario. John recibió a los vigilantes con patadas y puñetazos, valiéndose de una rejilla de ventilación con la que realizó diversos cortes a los trabajadores. Horas más tarde, el preso fue trasladado a la prisión de Quatre Camins, en la Roca del Vallès (Barcelona).

22 EXPEDIENTES EN SEIS MESES

No es la primera ni segunda vez que la Direcció General d'Afers Penitenciari desplaza al interno a otro centro. Desde el 23 de enero de 2020, el presunto homicida ha pasado por, al menos, cinco prisiones: Brians 1, Brians 2, Quatre Camins, Lledoners y Mas Enric. Desde finales de diciembre había regresado a la prisión de Sant Esteve de Sesrovires. En apenas seis meses acumula 22 expedientes disciplinarios por faltas de diversa consideración. 

"No reconoce la autoridad", insiste un trabajador de prisiones. La agresión ha provocado una reacción de todos los sindicatos que denuncian un aumento de agresiones y reclaman más personal. El portavoz de UGT, Xavi Martínez, lamenta que los autores no ven ninguna "repercusión" a sus agresiones. El sindicato advierte desde hace meses que los efectivos del DERT (el régimen cerrado) se encuentra "bajo los mínimos exigibles". Una situación que resulta un "peligro" y un "compromiso para la seguridad del centro, los internos y trabajadores".

LOS SINDICATOS DENUNCIAN "LAXITUD"

CSIF y IAC-CATAC coinciden en apuntar a una cierta "laxitud" a la hora de aplicar medidas contundentes contra los presos violentos. "Cada día 1,6 trabajadores reciben una agresión o una tentativa de agresión. [...] Estamos hartos de la ausencia de la toma de decisiones", asegura la Central Sindical Independiente de Funcionarios en un comunicado.

Imagen de archivo del Centro Penitenciario de Quatre Camins en La Roca del Vallès / CONSELLERIA DE JUSTICIA

El agresor espera una fecha por un juicio al que se enfrentara a tres acusaciones de homicidio en una misma tarde. Los hechos ocurrieron el 20 de enero. La primera de las víctimas fue un hombre de unos 40 años, cuyo cuerpo apareció acuchillado en un piso de la calle Portal Nou en el barrio de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera. La segunda víctima fue una mujer de 70 años en la calle Arc de Sant Vicenç que recibió varios golpes en la cabeza. El tercer muerto fue David Caminada, un periodista que trabajaba en el Ayuntamiento de Barcelona que recibió una puñalada en el pecho en la calle Paradís, a unos pasos de la plaza Sant Jaume. La causa de Musetescu está abierta por un delito de homicidio doloso, dos delitos de robo con violencia, incendio, lesiones y amenazas.

LOS VIGILANTES VISTOS COMO "TORTURADORES"

IAC-CATAC, ha pedido una reunión urgente con la dirección de servicios penitenciarios para pedir más contundencia. Su coordinador, Carles Membrado, apunta a la "espada de damocles" que tiene el sector de funcionarios vistos como "torturadores" por una parte de la sociedad. "Tenemos los medios y las herramientas", señala el sindicalista que insiste en reclamar más personal y apunta al envejecimiento de la plantilla. 

El caso de Mustescu no es único. Desde CCOO Fernando Carrera explica que los funcionarios lidian con, aproximadamente, una veintena de presos peligrosos que usan una "violencia extrema" contra los trabajadores. "No tenemos procedimientos para este tipo de peligrosidad. Las agresiones son cada vez más graves", explica. El celador relata ataques como el que protagonizó un preso usando la taza de un váter previamente arrancada. En una ocasión, antes de la agresión del domingo, el presunto triple homicida rompió la pata de una silla para arremeter contra los empleados.

AGENTES DE AUTORIDAD

Fuentes de la consejería de Justicia explican que las agresiones cometidas constituyen un "delito" y como tal será tratado. La dirección del centro informará del ataque al juzgado para esclarecer los hechos. Posteriormente, aseguran, se celebrará un juicio como con cualquier delincuente que se encuentre fuera de prisión. Desde CSIF, Alberto Gómez, recuerda que los vigilantes no son considerados agentes de autoridad, por lo que la agresión no puede ser considerada como un delito contra agente de la autoridad. Esto podría cambiar a finales de año, según el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, que este lunes ha anunciado que el Gobierno prepara la proposición no de ley para hacerlo realidad. De ser así, los vigilantes podrán ser indemnizados al recibir una agresión.

Desde el departamento de la Generalitat –que tiene competencias plenas en la gestión de las cárceles catalanas– recuerdan que Mustescu es un preso preventivo. El interno, de 30 años, se encuentra en régimen cerrado, lo que conlleva más seguridad y una vida más individual a diferencia de los presos ordinarios. El interno puede disfrutar de un mínimo de seis horas de patio, además de la participación de actividades destinadas a la reinserción. 

POLÉMICAS DECLARACIONES 

Los sindicatos estudian qué paso dar después de esta agresión. Quieren presionar a la Secretaria de Mesures Penals, Reinserció i Atenció a la Víctima para lograr una mayor ratio de funcionarios y presos. Fuentes de los trabajadores de prisiones avisan que algunas declaraciones de responsables del órgano de Justicia no ayudan a calmar los ánimos. Se refieren a las palabras que un subdirector expresó a un grupo de trabajadores que lo increparon pidiendo más personal y recursos durante una visita a Can Brians 2.  El directivo respondió a las quejas invitando a los disconformes a dejar su puesto de trabajo.

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