El restaurante 1918 Cuina de Mar (exPeixerot), propiedad del cómico Toni Albà y sus hermanas, está sufriendo las dentelladas del coronavirus, como tantos otros negocios del ramo.

En el periodo marzo-junio del actual ejercicio permaneció con la persiana bajada, debido a la declaración del estado de alarma. Durante el verano reabrió las puertas, con suerte desigual. En octubre, el Govern impuso la clausura de todos los establecimientos hosteleros. Desde el 23 de noviembre Cuina del Mar vuelve a funcionar.

GASTRONOMÍA MARINERA

Los cierres forzosos sufridos y la inactividad subsiguiente afectarán sobremanera a las cuentas de 2020. Los precedentes no invitan al optimismo. Cuina de Mar ya venía arrastrando serios problemas de rentabilidad desde que se reinauguró en 2016, promovido por la familia Albà. Ésta trataba de recuperar el legendario Peixerot del puerto de Vilanova i la Geltrú, fundado en 1918, que fue un templo de la gastronomía marinera. La crisis lo llevó a la quiebra en 2013.

INGRESOS MENGUANTES

En el cuatrienio de mando de la familia Albà la nota dominante son los números rojos. La sociedad que lo explota declaró un déficit de 22.500 euros en 2016 y un año después subió a casi 50.000 euros.

Elemento decorativo dentro del restaurante de la familia Albà / El Restaurante 1918 Cuina de Mar / @1918cuinademar



El pasado ejercicio, las ventas del establecimiento cayeron de 507.000 a 470.000 euros. La merma se traduce en una pérdida final de 60.700 euros.

PATRIMONIO NEGATIVO

Ésta impacta de lleno en los recursos propios, que quedan en 54.700 euros negativos. Cuina de Mar está dotada de un capital de 80.000 euros, pero se ha consumido como consecuencia de los malos resultados acumulados.

Por ello, la sociedad se verá forzada a recomponer su situación patrimonial para salir del agujero. Así, Toni Albà y su familia no tendrán más remedio que rascarse el bolsillo e inyectar fondos frescos a su local.

PASIVOS

En caso contrario, Cuina de Mar vendría obligada a liquidarse y disolverse como entidad mercantil. El mesón de Albà arrastra una deuda bancaria de 214.000 euros, contraída sobre todo con Caixabank.

De la gestión del establecimiento se encarga su hermana Núria Albà, en su calidad de administradora. Por el desempeño del cargo recibió un sueldo de 16.370 euros.

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