Presume de ser el bar más pequeño de Barcelona. La Cazalla más que un bar es una barra al final de la Rambla, en la calle del Arc del Teatre. Nadie lo diría, pero hubo un tiempo en que esos dos metros cuadrados de local fueron parada obligatoria y final de trayecto de la ruta canalla y etílico-festiva que arrancaba en la plaza Reial y recorría improvisadamente los antros del barrio chino.

Eso fue en la década de los 80, pero para entonces, La Cazalla ya tenía solera más que centenaria. Según su página web, en los archivos Municipales Contemporáneos del Ayuntamiento de Barcelona, el local está en activo desde 1829. Sin embargo, con el nombre de Kiosco Cazalla fue fundado por Pepe Belaña, en 1912, después de que se legalizara la comercialización y venta de bebidas alcohólicas.

UN LINGOTAZO DE CAZALLA ANTES DE IR A TRABAJAR

El origen de su nombre se debe a una costumbre, bastante extendida en la época entre obreros y estibadores del puerto, de tomarse un lingotazo de cazalla antes de entrar a trabajar, a eso de las cinco de la mañana, para entrar en calor o para arrancar con brío.

Cuando abrió La Cazalla, según cuenta el cronista barcelonés Lluís Permanyer, la copita de este reconstituyente matinal costaba diez céntimos y se servía con una pasa de corinto dentro, conocida popularmente como “mosca”.

REAPERTURA EN 2005 

El local cerró a finales de los 90, pero resurgió de sus cenizas en 2005 de la mano de José Ángel de la Villa, propietario también del Bar Pastís (Santa Mònica, 4). En 2013, otros nuevos dueños le dieron una imagen diferente, más coqueta y menos canalla, incorporando unos taburetes, luces y un par de toldos. Ocho años después, los toldos verdes han cambiado por otros de color crema, pero La Cazalla sigue al pie del cañón sirviendo cazalla… Entre otras cosas.

--

Descubre más curiosidades y rincones de Barcelona en la cuenta de Instagram @inmasantosherrera [link directo]

Noticias relacionadas