Jean-François de Bourgoing nació en Nevers (Francia) en 1748, en el seno de una familia noble, por lo que con el tiempo adquiriría el título de barón de Bourgoing. Muy joven entró en la Escuela Militar de París y a los dieciséis años comenzó a estudiar Derecho Público en Estrasburgo. Con apenas veinte años inició una larga carrera diplomática, que le llevaría a recorrer diversas cancillerías francesas por Europa. En 1777 llegó por primera vez a España para ocupar el puesto de primer secretario de la embajada en Madrid. En 1784 se hizo cargo de los asuntos franceses hasta 1785. Durante el gobierno de Robespierre fue nuevamente nombrado embajador en España, puesto que ocupó desde 1792 hasta 1793, al ser declarado “persona non grata” por las autoridades españolas, como consecuencia de las graves tensiones entre España y Francia tras la condena y ajusticiamiento de Luis XVI, por lo que tuvo que abandonar el país en el mes de marzo. En abril de 1795 retomó su actividad diplomática y volvió a España, asistiendo en Figueres a las negociaciones de paz entre la Corona española y la República francesa para poner fin a la Guerra de la Convención. Napoleón Bonaparte también le confió diversos cargos diplomáticos durante su mandato, hasta que su debilitada salud le obligó a retirarse a tomar las aguas en Carlsbad (Karlovy Vary), donde falleció en 1811.

Las largas estancias en España permitieron al barón de Bourgoing conocer buena parte de la península, y sus dotes como escritor facultaron la descripción de sus vivencias, que quedaron plasmadas en su Nouveau voyage en Espagne, publicado en París en 1789, que fue corrigiéndose y ampliándose en posteriores ediciones hasta la definitiva que constituye el Tableau de l’Espagne Moderne, publicada en 1807 y calificada por Emilio Soler, estudioso de la figura de Bourgoing, como una de las obras más incisivas y reveladoras de la compleja realidad española y de su régimen político a finales del siglo XVIII.

¿PERJUDICAR EL CRECIMIENTO DE BARCELONA?

En el Tableau de l’Espagne Moderne Bourgoing, bajo la óptica de un ilustrado y diplomático francés, describe fielmente todo lo que él considera importante, desde los territorios que visita, dando cuenta de sus considerables diferencias, hasta lo que rodea a los propios viajes (medios de transporte, albergues, caminos, etc.), pasando por aspectos económicos (agricultura, ganadería, comercio e industria), políticos, religiosos, sociales, culturales y antropológicos, entre otros. Todo lo cual le permite establecer una serie de recetas o consejos que podrían ayudar al país a salir de su atraso secular.

Bourgoing visitó Barcelona al menos en dos ocasiones, en 1793 y 1795. En su relato va mezclando referencias a ambas estancias, además de añadir datos posteriores, recogidos en la edición de 1807. En la primera estancia, cuando iba camino de regreso a Francia, tras ser expulsado por las autoridades españolas el 19 de febrero, procedente de Valencia y Tarragona, pasa por Montserrat y llega a la ciudad condal desde Molins de Rei por un buen camino.

Los alrededores de la capital catalana le parecieron risueños, animados y prósperos. El puerto barcelonés le resultó atractivo, a pesar de que no era ni amplio ni bueno, y estaba en vías de quedar colmado, por culpa de las arenas que iban depositando los ríos Llobregat y Besós en sus respectivas desembocaduras. Para remediar esta situación, Bourgoing se muestra partidario de desviar el curso de ambos ríos y de excavar una nueva dársena. Aquí anota que años antes unos capitalistas holandeses se habían brindado para hacerse cargo de dicha empresa, a cambio de cobrar ciertos derechos durante un tiempo limitado, pero la Corte de Madrid desestimó la propuesta, bien porque no quería contribuir aún más a la importancia de Barcelona, cuya población se aproximaba a la de la capital y excedía con mucho a la de Cádiz, bien porque prefería impulsar la prosperidad del puerto de Tarragona, o por cualquier otro motivo político.

Jean-François de Bourgoing

El diplomático francés continúa comentando en su relato la localización del puerto, formado por una especie de bahía situada entre la ciudadela de Montjuïc, la propia ciudad de Barcelona y la Barceloneta, pequeño pueblo moderno fundado en un terreno arenoso por el marqués de la Mina, Capitán General de Cataluña entre 1749 y 1767, y en el que convivían trabajadores empleados en las obras del puerto y marineros, tanto nacionales como extranjeros.

El barón de Bourgoing describe fielmente lo que en buena parte hoy es el barrio de la Barceloneta, con calles tiradas a cordel y casas construidas uniformemente, con un solo piso para facilitar la vigilancia del tumultuoso vecindario marinero y no privar de la vista del mar a las casas de la ciudad. Es por todo ello que encuentra más que merecido que los restos del marqués de la Mina descansaran en la iglesia principal de la Barceloneta, la parroquia de Sant Miquel del Port. Hay que decir que la tumba del insigne militar fue destruida desgraciadamente durante los luctuosos sucesos de 1936.

RECURSOS Y ALICIENTES DE BARCELONA

Según Bourgoing, los lugares más notables de la ciudad estaban situados en el barrio próximo al puerto: el hermoso paseo en forma de terraza a lo largo del puerto, la lonja, la Capitanía General y la nueva aduana, cuyo magnífico edificio estaba recién terminado en 1793. Estos elogios los extiende a toda Barcelona cuando afirma que no había en España otra ciudad con mayor actividad ni con más industria, y con el mayor aumento de la población durante toda la centuria del XVIII, pasando de las 37.000 almas de 1715 a los 111.410 habitantes de 1787. Este aumento demográfico y esta prosperidad quedaban fielmente demostrados con el auge de la construcción de edificios desde hacía unos años, no sólo en el interior de la ciudad, sino también y sobre todo en sus alrededores.

Una de las calles, hoy, del barrio de La Barceloneta / Barcelona Turisme

Al llegar a esta parte del relato, compara Marsella con Barcelona, por ser ciudades muy parecidas, pero a nuestro diplomático francés no le duelen prendas al asegurar que la comarca que rodeaba la ciudad condal reunía una serie de aspectos sin parangón con la de Marsella: hermoso paisaje, agricultura muy variada, industria, aire muy puro, suelo fértil y clima propicio para que prosperasen todos los productos de los países cálidos, presencia de extranjeros, nutrida guarnición, las oportunidades de instrucción que proporcionaban varios institutos literarios y varias bibliotecas públicas, etc. De manera que había pocas ciudades en Europa que ofrecieran más alicientes y recursos que Barcelona.

Los restos arquitectónicos romanos; la importancia militar de la ciudad, con el recuerdo a la larga resistencia que opuso en 1714 al mariscal Berwick y a las fortalezas que la dominaban y protegían (la ciudadela y el castillo de Montjuïc), y, sobre todo, el esplendor y la riqueza de su industria y de sus muchas manufacturas, entre las que destaca las de indianas y las hilaturas de algodón, son aspectos que Bourgoing va resaltando a lo largo del relato del Tableau de l’Espagne Moderne. No obstante, denota el descenso de la actividad industrial en los últimos tiempos, motivado por las dificultades que tres guerras consecutivas habían acarreado para las relaciones comerciales de Cataluña con las Indias españolas. Un tercio de las fábricas habían cesado por completo su actividad. Parte de los obreros que trabajaban en los otros dos tercios habían sido despedidos y los propietarios de los talleres habían interrumpido sus pedidos de materias primas.

INDOLENCIA LOCAL

Después de un exhaustivo repaso a las industrias preponderantes en Barcelona y sus alrededores (fábricas de medias, de sombreros e hilaturas de algodón, entre otras), no duda en ensalzar la diligencia de los catalanes, a los que califica de activos y laboriosos. Sin embargo, también dirige algunas ácidas críticas hacia ellos cuando manifiesta que estaban apegados a la rutina y que no inventaban ni perfeccionaban nada al tener aseguradas las ventas de unos paños groseros y mal tintados. Además, les habían salido unos rivales temibles en América del Norte, donde los americanos estaban introduciendo los productos de sus telares en las colonias españolas mediante el contrabando. Por todo ello Bourgoing presagia la decadencia de las fábricas catalanas, especialmente las dedicadas al tinte y las hilaturas.

El relato del barón francés continua con la descripción de otras poblaciones (Lleida, Cervera, Cardona, etc.). Por último, abandona Barcelona camino de los Pirineos pasando por la costa del Maresme, después de vadear el Besòs por un paso peligroso y a menudo imposible de superar. Mataró, Girona, Olot, Figueres, el Empordà y la Jonquera son algunos de los lugares que conoció tanto en 1793 como en 1795 y que merecen la atención de Bourgoing antes de abandonar España.

Se puede concluir que Jean-François de Bourgoing nos dejó uno de los libros de viajes por España más importantes del siglo XVIII, mientras que las referencias a Barcelona devienen una verdadera fotografía, bastante favorable, de la situación económica y de una de las infraestructuras más importante de la ciudad, el puerto, cuya ampliación ve necesaria para poder dar salida a los productos fabricados y manufacturados en las industrias locales y de los alrededores, a pesar de que éstas estaban pasando por un mal momento.

Pero como buen crítico ilustrado que era, al lado de los elogios, el barón no duda en afirmar que Barcelona no estaba exenta de indolencia como otros lugares del país, al contar con un gran número de iglesias, conventos de hombres y de mujeres (82, 27 y 18, respectivamente), así como varias congregaciones. Con estas críticas veladas a la Iglesia y con otras mucho más explícitas al Santo Oficio, no resulta extraño que el Tableau de l’Espagne Moderne fuera prohibido por la Inquisición, y que aún durante el franquismo su traducción al castellano fuera sesgada, eliminando por ejemplo las partes que hablaban mal de la Iglesia y de la monarquía absolutista, así como otras en las que alababa al régimen foral vasco. En este sentido, es curioso comprobar que en la parte del relato dedicada a Barcelona y Cataluña no hay ni una sola referencia al Decreto de Nueva Planta, y Bourgoing pasa de puntillas por los sucesos de la Guerra de Sucesión. El origen francés de la dinastía borbónica podría ser una buena explicación. 

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