Es imposible imaginar la plaza de Sarrià sin la silueta de la iglesia más conocida y apreciada en el barrio. Normal, porque la parroquia de Sant Vicenç existía antes incluso que el mismo Sarrià, cuando este barrio de Barcelona formaba parte de las tierras del señor de Sarrià. Las primeras referencias al templo datan del siglo V, aunque las evidencias documentales más concretas son bastante posteriores. En 1147, se consagró un templo románico en el lugar que hoy ocupa la parroquia, y, en 1347, se reedificó una iglesia gótica que acogió el famoso retablo de Sant Vicenç, actualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC).

El templo actual fue proyectado por el maestro Josep Mas en 1781 y consagrado en 1789. Es de estilo neoclásico y consta de una única nave con capillas laterales intercomunicadas. La fachada, muy sencilla, conserva en el dintel de la puerta central el escudo con la concha y una hornacina con la imagen del santo patrón. El crucero está cubierto con una cúpula, aunque en el exterior destaca sobre todo su esbelto campanario octogonal, que se ilumina de noche como un faro y se ha convertido en un punto de referencia en el barrio.

UN TESORO EN SU INTERIOR

El interior de Sant Vicenç de Sarrià no deja indiferente. Entre sus paredes milenarias guarda un auténtico tesoro formado por obras de diferentes épocas y estilos. Y si no, pasen y vean.

Nada más entrar, a mano izquierda, espera la pica bautismal. El baptisterio está decorado con pinturas de Fornells Pla y en el crucero destaca el retablo barroco del Roser, obra de Agustí Pujol de 1619 y restaurado en 1914. Caminando chino chano, se llega al altar de la Purísima, también decorado con pinturas de Fornells Pla, y al altar mayor, donde las pinturas al fresco de Josep Obiols envuelven a Sant Vicenç. Mientras en el centro, un bajo relieve de Rafel Solanic representa la escena de los discípulos de Emaús.

TODO TIPO DE RELIQUIAS

Al otro lado destaca el conservado altar del Santísimo. Y en el crucero, vale la pena recrearse en el retablo del desaparecido convento de Santa Clara, obra de Andreu Sala. Un retablo viajero, pues antes de llegar en 1961 a Sant Vicenç estuvo colocado en el Tinell del Palau Reial Major y, posteriormente, presidió el altar mayor de la iglesia de Sant Jaume, en la calle Ferran.

Así, sin pausa pero sin prisa, se llega al altar de la Mare de Déu de Montserrat, con sus pinturas de Adrià Gual acabadas por su discípulo Lluís Pallarés. Y de allí al último punto del tour: el altar de Sant Josep, con su imagen procedente del monasterio de Pedralbes.

DESCANSAN LOS RESTOS DE PERE TARRÉS

Un dato curioso: en esta parroquia reposan los restos de Pere Tarrés (1905-1950), médico y sacerdote fallecido en 1950 y beatificado por Juan Pablo II el 5 de septiembre de 2004.

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