La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel que afecta al 1,5% de la población, consiste en la aparición de manchas rojas y escamosas principalmente en rodillas, codos, tronco y cuero cabelludo que pueden causar picor y dolor. Esta patología tiene un curso crónico y muestra una gran variabilidad tanto clínica como evolutiva, de modo que existen cuadros clínicos con muy pocas lesiones y prácticamente asintomáticos y otros que ocasionan una gran discapacidad funcional.

Esta afección de la piel de origen autoinmune produce lesiones cutáneas que pueden ir acompañaras de otra serie de enfermedades que dificultan el día a día de quien la padece. Según la OMS, se trata de una “enfermedad crónica, no contagiosa, dolorosa, desfigurante e incapacitante para la que no hay cura”, aunque en ocasiones manifiesta periodos de mejoría, remisión o empeoramiento.

LAS CAUSAS

“La psoriasis está causada por alguna disfunción en el sistema inmunitario que hace que la piel se inflama y se regenere a un ritmo más rápido de lo normal”, apunta el jefe de servicio de Dermatología del Hospital Universitari General de Catalunya, Antoni Campoy. Algunos investigadores sostienen que su aparición es debida a factores genéticos y medioambientales, principalmente.

En el primer caso, unas células blancas de la sangre que contribuyen a la protección de las infecciones, los linfocitos T, se activan de manera indebida. “Desencadenan diversas respuestas inmunitarias como la proliferación y dilatación de los vasos sanguíneos de la piel y la proliferación de unas células denominadas queratinocitos”, añade la especialista. Esto acelera el proceso de renovación celular de la epidermis y hace que las células suban demasiado rápido a la superficie de la piel. “De este modo, se acumulan en la capa córnea, donde se forman placas de escamas blanquecinas”, señala el dermatólogo. 

Respecto a los factores medioambientales, Campoy indica que existen factores endógenos, como los brotes por estrés emocional y los factores exógenos, causados por determinados medicamentos, el clima, el tabaco, los golpes o traumatismos y el tipo de alimentación.

DIAGNÓSTICO TEMPRANO

La importancia de un abordaje a tiempo es fundamental para la evolución de la enfermedad. La detección temprana y el tratamiento adecuado es importante, dado que podría prevenir su evolución a fases más graves. “Sufrir de psoriasis conlleva, en ocasiones, problemas psicológicos a los afectados debidos al gran impacto que les ocasiona la estigmatización social”, advierte el Doctor Campoy.

Desde su punto de vista profesional, para evitar el desarrollo de esta enfermedad es importante “mantener un estilo de vida saludable, ya que está demostrado que problemas relacionados con el sistema metabólico como la obesidad o el colesterol alto aumentan la intensidad y duración de la afección”.

DAR CON EL TRATAMIENTO

Los diferentes tratamientos a aplicar varían en función de la gravedad, intensidad y afectación de la psoriasis. En los casos leves, se recomienda un tratamiento tópico con corticoides asociados a derivados de la vitamina D. En los más graves, se puede recurrir a un tratamiento sistémico: existen los fármacos inmunosupresores clásicos, por vía oral o subcutánea y los fármacos biológicos, cuya diana terapéutica es muy concreta, siendo muy eficaces y dejando pocos efectos secundarios.

Otra alternativa es la fototerapia, que, como explica el dermatólogo, consiste en “dosis de ultravioleta A o B”, en combinación o no a otros tratamientos”. 

También existen alternativas naturales que reducen los efectos de esta patología. La exposición al sol, por ejemplo, tiene un efecto positivo en la piel, puesto que “regula el sistema inmunitario”.

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