El Eixample estaba aún en construcción cuando el arquitecto Emili Sala Cortés se puso manos a la obra para levantar en 1885 la casa que le habían encargado Francisco Jaurés Gualba y su esposa Josefa Rouvier Elizalde en un solar de la calle Valencia (actualmente, el número 302). El resultado fue un Eixample de estilo clásico, de fachada asimétrica, con la entrada principal en el lado derecho, que comunicaba con las diferentes plantas y el patio interior. En el entresuelo estaban el despacho de Elizalde y el salón de recepción. El comedor ocupaba el primer piso, daba al interior y tenía acceso directo al jardín, capilla y sala de estar con chimenea. En la parte que daba a la calle Valencia, estaban los salones Luís XIV y Luis XVI. El resto del primer se destinó a los dormitorios del matrimonio y sus nueve hijos. Las habitaciones del servicio y el desván ocuparon el segundo piso.

Al morir el matrimonio, la casa pasó en herencia a un sobrino, Arturo Elizalde, un importante empresario industrial que se dedicaba a la fabricación de automóviles y la adaptó para su negocio y como vivienda. Tras su muerte en 1925, su viuda, Carmen Badía, reorientó el negocio hacia la fabricación de motores de avión. La casa vivió su primera reforma importante en 1928 y ganó un nuevo patio.

La casa vivió su primera reforma importante en 1928 y ganó un nuevo patio. Años más tarde, la fachada perdería la magnífica tribuna central, que fue sustituida por un balcón noble.

Con los años, las oficinas de la fábrica de motores de avión se trasladaron a la casa Elizalde, sufrió una nueva reforma para adaptar el espacio a estas necesidades sin dejar de ser vivienda familiar.

CENTRO CULTURAL 

Pero Carmen Badía y sus descendientes, continuaron en la casa hasta que, en 1964, vendieron la empresa por 25 millones de pesetas a la compañía Unión de Propietarios S.A. Las reformas previstas se desestimaron y el abandono se apoderó de la casa. Diez años después, Delfí Rebellar Tafí se quedó la propiedad con la intención de derribarla, dado su estado ruinoso, pero no obtuvo el permiso de las autoridades municipales. Salvada por la campana, la Casa Elizalde entró en el Catàleg de Patrimoni Arquitectònic de Barcelona en 1979. El Ayuntamiento la expropió en 1981 y, tras su rehabilitación (1985-1988), la casa reabrió convertida en un centro cívico que ofrece actualmente una amplia programación cultural con propuestas formativas y artísticas. Tsssss, tsssss… ¿Oís el rugir de los motores de la Casa Elizalde? Siguen latiendo, pero no en el interior de coches y aviones, sino tirando del carro de la cultura.

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