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Así puedes detectar los miomas uterinos: síntomas, diagnóstico y cómo tratarlos

También conocidos como fibromas o leiomiomas, son los tumores benignos más frecuentes del aparato reproductor femenino: hasta el 70 % de las mujeres los desarrollan en algún momento de su vida

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Los miomas uterinos, también conocidos como fibromas o leiomiomas, son los tumores benignos más frecuentes del aparato reproductor femenino. Se estima que hasta el 70 % de las mujeres desarrollan miomas en algún momento de su vida, lo que los convierte en una patología ginecológica muy habitual y, en muchos casos, parte del curso natural de la salud reproductiva femenina.

En España, los datos de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) indican que un 40 % de las mujeres de entre 35 y 55 años presenta algún tipo de mioma. Aunque muchas veces no producen síntomas, cuando no se detectan o controlan adecuadamente pueden generar molestias importantes, afectar a la fertilidad y disminuir de forma notable la calidad de vida.

“Los miomas forman parte habitual de la vida ginecológica de muchas mujeres. Nuestra labor como especialistas es acompañarlas, resolver sus dudas y generar la confianza necesaria para afrontar el mejor abordaje con seguridad y tranquilidad”, explica el doctor Miguel Ángel Jiménez, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitari Sagrat Cor.

Tres grandes grupos

Los miomas pueden ser únicos o múltiples y variar tanto en tamaño como en localización. Según la zona del útero en la que se desarrollan, se clasifican en tres grandes grupos. Los miomas subserosos crecen hacia el exterior del útero, en dirección a la cavidad pélvica; los intramurales se desarrollan en el grosor de la pared uterina; y los submucosos se sitúan total o parcialmente en el interior de la cavidad uterina.

En la mayoría de los casos, los miomas son asintomáticos y se detectan de forma incidental durante una revisión ginecológica rutinaria. Sin embargo, cuando producen síntomas, estos dependen más de su localización que de su tamaño o número. Según la SEGO, cerca del 25 % de las mujeres con miomas ve afectada su calidad de vida.

El doctor Miguel Ángel Jiménez, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitari Sagrat Cor

El doctor Miguel Ángel Jiménez, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitari Sagrat Cor QUIRÓNSALUD

Síntomas más frecuentes

El síntoma más frecuente es el sangrado menstrual abundante y prolongado, que en los casos más severos puede provocar anemia. También son habituales la sensación de presión y el dolor en la parte baja del abdomen, especialmente cuando los miomas alcanzan un tamaño considerable.

En función de su localización, pueden aparecer molestias en la vejiga o el recto, como aumento de la frecuencia urinaria o estreñimiento.

Los miomas también pueden interferir en la fertilidad. Las dificultades para concebir son más probables cuando se localizan dentro de la cavidad uterina o cuando bloquean las trompas de Falopio, lo que hace especialmente relevante un diagnóstico precoz en mujeres con deseo gestacional.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se realiza principalmente mediante ecografía, ya sea transvaginal o abdominal, una prueba que permite determinar el tamaño, el número y la localización de los miomas. En situaciones más complejas, como cuando son múltiples o están situados en zonas difíciles, el estudio puede complementarse con resonancia magnética o un TAC.

Las opciones de tratamiento son diversas y dependen de los síntomas, la edad de la paciente y sus planes reproductivos. Entre ellas se encuentran los tratamientos farmacológicos hormonales, como anticonceptivos o moduladores selectivos de los receptores hormonales, que ayudan a controlar el sangrado y reducir temporalmente el tamaño de los miomas.

Tratamientos mínimamente invasivos 

Cuando se requiere una intervención más directa, existen alternativas como la miomectomía laparoscópica, una cirugía mínimamente invasiva que permite extirpar los miomas conservando el útero, o la embolización de miomas, un procedimiento que bloquea su aporte sanguíneo y provoca su reducción sin necesidad de cirugía abierta. En los casos asintomáticos, el seguimiento periódico mediante ecografías es una opción habitual para controlar su evolución.

“En aquellos casos en los que la cirugía es la única opción, los tratamientos mínimamente invasivos ofrecen grandes ventajas, como menor dolor postoperatorio, una recuperación más rápida y la preservación del útero cuando es posible”, señala el doctor Jiménez, quien insiste en la importancia de una valoración individualizada para adaptar el tratamiento a las necesidades clínicas y personales de cada paciente.

No todos los miomas requieren intervención inmediata. Un control regular suele ser suficiente para vigilar su crecimiento y prevenir complicaciones, mientras que hábitos de vida saludables, como una dieta equilibrada y la práctica de ejercicio regular, pueden contribuir a mejorar el bienestar general.

“Lo más importante es que las pacientes se sientan acompañadas y sepan que existen opciones seguras y eficaces. Con información adecuada y seguimiento constante, se puede vivir plenamente incluso con miomas uterinos”, concluye el jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitari Sagrat Cor.