Jenaro Depares, en Video Instan
El primer video club de España
El señor Depares, siempre secundado por su esposa, Aurora Martínez, tenía una cadena de tiendas de fotocopias llamada Instan, pero, siendo un cinéfilo de pro, supo intuir que el negocio de las películas en video iba a funcionar en nuestro país, como así fue
Nos dejó hace un par de semanas Jenaro Depares, fundador de Video Instan, genuina institución cinematográfica barcelonesa que fue, también, el primer video club de España cuando se inauguró en la calle Comercio en 1980.
El señor Depares, siempre secundado por su esposa, Aurora Martínez, tenía una cadena de tiendas de fotocopias llamada Instan, pero, siendo un cinéfilo de pro, supo intuir que el negocio de las películas en video iba a funcionar en nuestro país, como así fue: dos años después de su fundación, Video Instan tuvo que trasladarse a un local más grande, en el número 30 de la calle Enrique Granados, donde se tiró décadas, hasta que la chaladura del mundo del alquiler barcelonés y la innegable decadencia de los video clubs (hubo una época en que caían como moscas) obligaron a un nuevo traslado, esta vez al número 239 de la calle Viladomat.
El Video Instan de Viladomat no es el de Enrique Granados, pero sobrevive con añadidos (una pequeña sala de exhibición y una cafetería) gracias al esfuerzo, la fe y el cariño al oficio (y al cine) de la hija de don Jenaro, Aurora. No lo visito casi nunca porque me cae bastante a trasmano, pero sigo pagando la cuota de socio por solidaridad: si Aurora se ha deslomado para mantener viva una institución, no voy a ser tan miserable como para retirarle mi escaso apoyo, aunque solo sea por la nostalgia de todos aquellos años en los que visité a diario el local de Enrique Granados y casi siempre encontré algo que llevarme a casa (mi momento favorito de la semana es cuando pillaba cuatro o cinco películas para pasar el weekend).
Video instan en su nueva sede de Viladomat
Lo tenía a cinco minutos de esa casa de la calle Mallorca de la que me va a desalojar en breve el fondo buitre que se ha hecho con el edificio tras la muerte de su propietario, y Video Instan era una parada habitual en mis países por el barrio, junto a la panadería, la librería La Central o el colmado Forcada, que tampoco sobrevivió a la gentrificación.
No hablé mucho con don Jenaro porque era un hombre de natural serio y adusto, que no desagradable. Si tenía ganas de largar, eso sí, siempre podía contar con las dos Auroras, simpáticas a más no poder y tirando a encantadoras.
O con las dependientas del local, que, salvando alguna excepción zoqueta que no duró mucho en su puesto de trabajo, solían ser muy agradables con los tarados que frecuentábamos el establecimiento y con las personas decentes, como Miguel Gila, al que conocí en Video Instan, o el cinéfilo cinéfago Pere Vall, por aquel entonces redactor jefe de la revista Fotogramas y que encajó mejor que yo la mudanza a Viladomat, pues las dos o tres veces que he estado allí, me lo he encontrado pillando, como tiene por costumbre, películas rarísimas.
Video Instant, en Enric Granados, fue el primer videoclub que abrió en España / A.V.
Prever en 1980 que los videoclubs iban a ser un negocio pujante era algo que no estaba al alcance de cualquiera. Don Jenaro (que no era el alumno más aventajado de Nostradamus, pero lo parecía) podría haber seguido muy bien con sus fotocopias y sin meterse en líos, pero prefirió ejercer de pionero de la exhibición doméstica y acertó de pleno.
A rebufo de Video Instan, Barcelona se llenó de pequeños video clubs de barrio que funcionaron decentemente hasta que dejaron de hacerlo. La instalación a nivel masivo de Blockbuster podría haber representado una amenaza para Video Instan, pero no lo fue porque en Blockbuster solo encontrabas las novedades americanas (para entendernos, la última de Schwarzenegger), mientras que en Video Instan, gracias a un potente archivo que era el orgullo de don Jenaro, podías encontrar joyas pretéritas a cascoporro.
Volver a Video Instan
El cierre de Blockbuster en España fue la señal de que pintaban bastos para el sector, que, en su inmensa mayoría, se dio por muerto con la llegada de las plataformas de streaming. Hacía falta valor (y amor al cine) para seguir en la brecha. Afortunadamente, la joven Aurora andaba sobrante de ambas cosas.
De ahí que su adorable anacronismo se mantenga en activo para alegría de mi amigo Pere Vall y de todos aquellos que busquen películas que no están en ninguna plataforma (que las hay, como descubro cada vez que busco algo muy concreto en alguna de ellas y observo desolado que brilla por su ausencia).
Hace bien Aurora en perseverar. Puede llegar un momento en que el cinéfilo, abrumado por la desmesurada oferta del streaming, se dé de baja de todas las plataformas y vuelva a Video Instan los viernes para llevarse a casa tres o cuatro películas con las que animar el fin de semana.
A este paso, no descarto que me acabe pasando a mí.