La ex concejal de Comercio, Mercados, Consumo, Régimen Interno y Hacienda de Barcelona, Montserrat Ballarín

La ex concejal de Comercio, Mercados, Consumo, Régimen Interno y Hacienda de Barcelona, Montserrat Ballarín

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La ex concejal de Barcelona Montserrat Ballarín en Merli: “La palabra de Casa Coma no se rompe”

La profesora de Derecho financiero y tributario de la UPF publica ‘Histori(et)as de Merli', una narración sobre su pueblo natal, en Huesca, en la que muestra la importancia de los compromisos y las dificultades del mundo rural

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“Cuando se encajan las manos, se ha cerrado el trato. Aunque hayas pagado de más. Aunque luego venga uno a burlarse. La palabra de Casa Coma no se rompe”.

Es José, el padre de Pepe, que le dice a su hijo que no le dé más vueltas, que si ha comprado una cabra por un determinado precio, aunque le hayan comentado que la compró cara, no debe arrepentirse ni pretender deshacer el trato. En Casa Coma, en el pueblo de Merli (Huesca) los compromisos se cumplen.

 José era el padre de Montserrat Ballarín, y Pepe es su hermano. También es la hermana de Manolo. La madre era Manuela. El matrimonio se había casado en 1943.

 Ballarín, doctora en Derecho, profesora titular de Derecho financiero y tributario en la facultad de Derecho de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) ha querido reflejar las vivencias de su familia en el entorno rural de Merli, un pueblo de la Ribagorza, en el Prepirineo aragonés, a poca distancia del Turbón y a 1.250 metros de altitud. Las historias familiares se mezclan con reflexiones sobre las dificultades de vivir en esa zona en décadas pasadas, donde las comunicaciones eran casi inexistentes, donde se agudizaba el ingenio para subsistir.

El libro, Histori(et)as de Merli, un trozo de historia hecho de historietas', deja al lector con un buen sabor de boca, pero sin que pueda olvidar los tiempos duros de muchos pueblos de España.

Portada del libro de Montserrat Ballarín

Portada del libro de Montserrat Ballarín

 La profesora ha sido concejal del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona hasta el anterior mandato, cuando ya no formó parte de la lista municipal que encabezó Jaume Collboni. Ha gestionado áreas como Educación, Comercio, Mercados y Hacienda, desde 2003, con el alcalde Joan Clos, hasta 2023, pero en diferentes periodos, con un total de 16 años como regidora.

 ¿Y qué muestra en esas páginas Ballarín? El ascensor social funcionó en su caso. A los dieciocho años, “Karina ya empezó a utilizar su nombre oficial, el de Montserrat. Fue cuando se marchó a Barcelona para estudiar Derecho”.

 Karina, el nombre familiar, tuvo en Graus su otro gran hogar, al verse necesitada a estudiar en esa localidad de Huesca en la escuela primaria y secundaria. Pero el primer curso de lo que se llamaba antes la EGB –Ballarín nació en 1968-- lo estudió a distancia, desde Merli. Ella bromea que “fue una hazaña que ni el estudiante más brillante de la UNED podrá superar nunca”.

 El lema de Ballarín es que “las historias son como fuegos diminutos; se apagan si no las aireamos, se avivan cuando se comparten”. Y es lo que consigue la autora, que plasma las vivencias de sus dos hermanos, con los que se lleva años de distancia, Pepe y Manolo.

La ex concejal de Comercio del Ayuntamiento, Montse Ballarín, cuando presentó el plan de renovación de la Boqueria / DAVID FARRERO

La ex concejal de Comercio del Ayuntamiento, Montse Ballarín, cuando presentó el plan de renovación de la Boqueria / DAVID FARRERO

Se recuperan usos y costumbres que permitían compensar la enorme falta de medios en el entorno rural. Desde los medios de comunicación, recuperando silbidos, humo y cartas; el comercio ambulante; la elaboración del pan; la matanza del cerdo; la elaboración del mondongo; el esquilado de ovejas (el chollá); las romerías y festejos populares; las lifaras, los bailes o las noches alrededor del fuego del hogar.

La Casa Coma se mantiene, aunque ya no el corazón de una explotación agraria. Los hijos de José y Manuela se marcharon a la ciudad, a Barcelona, pero las historias siguen vivas, ahora atrapadas en el libro de Ballarín.

Llega la luz eléctrica

La cuestión del compromiso está siempre muy presente. Las relaciones humanas en momentos complicados son esenciales. Y surge la ayuda y la solidaridad, el trabajo duro y los momentos de ocio, de distención más bien, siempre alrededor de una mesa, de comidas y de buen vino, o del vino del que se podía disponer.

La profesora, la concejal, no quería ser una “niña florero”, y ayudaba en muchas tareas domésticas. Cantaba y cantaba, y eso le jugó una mala pasada cuando, tras un incidente –ya descubrirá el lector de qué se trata—, mientras muñía las vacas, sus lloros no fueron identificados con claridad por su madre.

El libro constata una realidad, la de un mundo rural al que la modernidad llegó tarde. Tras algunos intentos, la luz eléctrica se afianzó en Merli en 1973, “gracias a una línea eléctrica tendida con más ilusión que medios y gracias a las personas que, entre sudores, carretillas y buen juicio, levantaron en el pueblo un nuevo transformador con unos recursos muy escasos”. Y en la construcción de la caseta del transformador jugó un papel primordial el hermano de Montserrat, Manolo.

 Merli, con un paisaje adusto y hermoso, ya tiene unos mejores accesos. Sigue en pie, con unas pocas casas. Entre ellas, Casa Coma, donde la palabra dada “no se rompe”.