Una escena de Manon Lescaut, en el Liceu
Manon Lescaut en el Liceu: 'Que bajen el volumen'
El Maestro Pons ha mejorado indudablemente la calidad de la orquesta durante los 14 años que ha estado al frente de la misma pero en esta ocasión parece que ha olvidado que una buena interpretación es la que está llena de matices
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De la producción de Manon Lescaut que puede verse en el Liceu destaca, sobre todo, el excesivo volumen de la orquesta. El Maestro Pons ha mejorado indudablemente la calidad de la orquesta durante los 14 años que ha estado al frente de la misma pero en esta ocasión parece que ha olvidado que una buena interpretación es la que está llena de matices. Él se empeña en interpretar a todo volumen, en un fortísimo que apaga las voces de los cantantes y hasta del coro. El exceso sonoro es tal que el anuncio previo a la reanudación del intermedio también se animó y se puso a todo volumen. Una pena.
Más allá de la anécdota, la producción que se puede ver en el teatro de las Ramblas es correcta, pero no pasará a la historia ni por los cantantes ni por la escenografía.
La dirección artística corre a cuenta del artista invitado, Alex Ollé, quien parece que también nos dejará al acabar esta temporada… tanta paz lleven como descanso dejan Ollé y Pons, buenos artistas, pero que han raptado la esencia del Liceu en demasiadas ocasiones. También es cierto que el sucesor de Pons tampoco es una figura de quien podamos esperar demasiado, pero démosle una oportunidad.
Escena de Manon Lescaut, en el Liceu
La producción de Ollé, estrenada en la ópera de Frankfurt, es probablemente del agrado del público alemán pero aquí puede ser demasiado pesada y reiterativa. Manon parece ser una víctima de una red de trata de mujeres, pero cuando va a huir del club de pole dance queda prendida por un lujo incompatible con supuesto sórdido local. Es lo que tiene machacar el argumento y llevarlo al extremo.
En cualquier caso, la escenografía es vistosa, con unas enormes letras que forman la palabra LOVE y está bien iluminada. Si algo es mejorable es el vestuario donde todo el mundo viste mal, especialmente Geronte quien queda reducido a una mala versión de Torrente.
Escena de Manon Lescaut, en el Liceu
Sin duda, lo mejor del reparto es Manon, interpretada por Asmik Grigorian, una soprano en excelente forma. El barítono Lurii Samoilov compone un correcto Lescaut, lo mismo que el tenor Ivan Gyngazov en su papel de Renato des Grieux, reemplazando al norteamericano, de origen mexicano, Joshua Guerrero.
En cualquier caso, tanto cantante del norte de Europa no es un buen presagio para una ópera italiana llena de pasión. Lejos queda, eso sí, la calidad de esta representación del Manon de Massenet que vimos hace tres años protagonizada por Nadine Sierra y Michael Fabiano, dirigida por Marc Minkowski. A pesar de que ambas óperas se basan en la misma novela del abad Prévost (Historia del caballero des Grieux y de Manon Lescaut), la de Puccini es mucho más apasionada y en el Liceu la versión con más pasión fue la del autor francés y no esta.
Escena de Manon Lescaut en el Liceu
El resto del elenco también cumple su papel, cuando se le puede escuchar claro, lo mismo que los figurantes y las bailarinas de pole dance. La verdad es que a pesar de la profusión de strippers, la puesta en escena es armónica y no es excesivamente chabacana, en parte por la cuidada iluminación que centra la atención en los cantantes, dejando el papel de los figurantes a prácticamente el de una pieza más de mobiliario.