Un coche de Cabify en una imagen de archivo

Un coche de Cabify en una imagen de archivo EFE

Vivir en Barcelona

Hicham, de abogado en Marruecos a conductor de VTC en Barcelona: "Me da estabilidad, he llegado a cobrar unos 3.500 euros al mes"

El trabajador asegura que vino a España en busca de "calidad de vida y tranquilidad" y encontró en la conducción para Cabify una forma "digna" de mantenerse económicamente

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Hace seis años, Hicham llegó a Barcelona dejando atrás su vida en Marruecos, donde era policía nacional y abogado.

Su objetivo era claro: buscar una vida más segura y estable para su familia. Su esposa había pasado por un embarazo de riesgo, y entre los continuos viajes a hospitales y la preocupación por la salud de su mujer, decidieron mudarse a España en busca de calidad de vida y tranquilidad.

Al llegar, Hicham se encontró con una ciudad exigente y complicada para los recién llegados. Según su experiencia, "la gente no siempre es amable con quienes venimos de fuera, y comenzar de cero implica esfuerzo y paciencia", cuenta en conversación con Metrópoli.

A pesar de estas dificultades, encontró en la conducción para Cabify una forma "digna" de mantenerse económicamente estable mientras espera la convalidación de sus títulos profesionales y la obtención del DNI, requisito indispensable para ejercer en España como policía o abogado.

Libertad y autonomía al volante

El trabajo en Cabify le permite organizar sus propios horarios y trabajar según sus capacidades y necesidades. Hicham destaca que hay meses en los que ha llegado a cobrar por encima de lo que nunca había imaginado, "el mes pasado cobré cerca de 3.500 euros, y eso me da una estabilidad económica y una calidad de vida que valoro mucho".

El lo tiene claro, prefiere trabajar principalmente los fines de semana, cuando la demanda es más alta, pero siempre tomando decisiones responsables sobre quién transporta.

“Si veo que una persona está en malas condiciones por alcohol o drogas, cancelo el viaje. No soy una ambulancia, pero siempre intento ofrecer un servicio seguro”, asegura. Para él, esta ética profesional es tan importante como el propio sustento económico, y refleja la disciplina y el sentido de responsabilidad adquiridos durante su carrera en Marruecos.

Protesta de Cabify en Barcelona

Protesta de Cabify en Barcelona CEDIDA

La ciudad que desborda

Hicham observa con atención las calles de Barcelona, un escenario que para él refleja los retos de una ciudad saturada. El tráfico es constante, los vehículos se amontonan en las avenidas y las infraestructuras parecen no estar preparadas para la densidad actual.

No es normal que en una casa de cinco personas haya cuatro coches. Esto colapsa la ciudad”, comenta con cierta preocupación, describiendo la presión diaria que siente al volante.

Esta experiencia directa en la movilidad urbana le ha permitido desarrollar una visión crítica que se extiende también al debate sobre las licencias VTC. Hicham entiende que plataformas como Cabify y Uber deben estar reguladas, pero no comparte la idea de eliminarlas por completo.

Si desaparecieran, sería un colapso aún mayor”, asegura, consciente de que estas plataformas no solo facilitan la movilidad de los ciudadanos, sino que también sostienen a miles de trabajadores que dependen de este tipo de vehículos para ganarse la vida.

Un vehículo VTC en el entorno de la Sagrada Família de Barcelona

Un vehículo VTC en el entorno de la Sagrada Família de Barcelona EUROPA PRESS

Un equilibrio necesario

La polémica que rodea a los Vehículos de Alquiler con Conductor (VTC) ha alcanzado un punto crítico con la nueva ley del taxi, actualmente en debate en el Parlament de Catalunya. La normativa propone eliminar progresivamente las licencias urbanas VTC, lo que supondría la desaparición de plataformas como Uber o Cabify en la capital catalana y modificaría por completo la forma en que los barceloneses se mueven por la ciudad.

Las patronales del sector han denunciado que la ley favorece de manera explícita a los taxis tradicionales, en detrimento de los VTC, y que podría violar el Derecho de la UE al imponer restricciones discriminatorias.

Según sus cálculos, la medida podría eliminar casi 6.000 empleos y generar pérdidas económicas que superarían los 326 millones de euros, además de crear una inseguridad jurídica que dificultaría la inversión y el desarrollo a largo plazo del sector.

Para Hicham, la discusión sobre las licencias no es solo política o económica: es una cuestión de movilidad y de vida cotidiana. Su experiencia diaria al volante le permite observar de primera mano cómo la ciudad depende de estos servicios para funcionar. “Barcelona es muy grande, tiene muchísima demanda de transporte, y necesitamos que estas plataformas existan”, insiste.

Esperanza y resiliencia

A pesar de las dificultades, Hicham mantiene la esperanza y la calma. Su trabajo en Cabify le permite sostener a su familia, vivir con dignidad y mantener la autonomía que valora tanto.

Aunque el futuro de la legislación VTC es incierto, él sigue confiando en que se encontrará un marco regulatorio justo que permita mantener la movilidad en Barcelona y proteger a quienes dependen de estas plataformas para vivir.