Las infecciones de orina son más habituales en mujeres que en hombres

Las infecciones de orina son más habituales en mujeres que en hombres QUIRÓNSALUD

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Infecciones de orina en la mujer: cómo prevenirlas y cuándo acudir al especialista

Las infecciones urinarias son más frecuentes en mujeres debido a la anatomía y fisiología femenina y aunque generalmente son leves, pueden volverse graves si no se tratan a tiempo

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Las infecciones del tracto urinario forman parte de la vida de muchas mujeres, más de las que se puede imaginar. Se calcula que hasta 6 de cada 10 tendrán al menos un episodio, y que una de cada cuatro volverá a pasar por lo mismo al poco tiempo. Son frecuentes, pero en la mayoría de los casos leves. Sin embargo, cuando empiezan a repetirse, conviene parar y prestar atención, porque algo no está acaba de ir bien.

“En consulta vemos a muchas pacientes que han normalizado estas infecciones, cuando en realidad, si se repiten, es una señal de alerta”, explica el doctor Toño Peña, especialista en Urología en el Centro Médico Teknon.

La incómoda cistitis

En esencia, una infección de orina aparece cuando ciertas bacterias consiguen entrar en el tracto urinario y se multiplican en la vejiga. La forma más común es la cistitis, y casi siempre hay una responsable clara: la bacteria Escherichia coli. “Aunque el mecanismo es sencillo, no siempre lo es su abordaje, especialmente cuando los episodios se repiten”, señala el especialista.

A partir de ahí, el cuerpo suele dar señales bastante reconocibles: escozor al orinar, presión en la parte baja del abdomen, ganas constantes de ir al baño o esa sensación incómoda de no haber vaciado del todo. Ahora bien, no todo lo que se siente así es necesariamente una infección. “No todo síntoma urinario implica infección. Confundirlo puede llevar a tratamientos innecesarios”, advierte el doctor Peña.

Cuando el problema se repite

Si los episodios se acumulan un par de veces en seis meses o tres en un año ya no se trata de algo puntual. Son infecciones recurrentes, y en ese punto no basta con tratar cada episodio por separado.

“Cuando hablamos de recurrencia, el enfoque tiene que cambiar: hay que buscar la causa, no solo tratar el episodio”, afirma.

Porque detrás de esa repetición suele haber factores que lo facilitan: desde las relaciones sexuales hasta los cambios hormonales, pasando por pequeños hábitos del día a día o incluso cierta predisposición individual. “No existe una única causa, sino una combinación de factores que favorecen que la infección reaparezca”, añade.

Confirmar antes de actuar

Por eso es tan importante no dar nada por hecho. El diagnóstico empieza por escuchar los síntomas, pero siempre es necesario confirmarlo. El cultivo de orina sigue siendo la prueba clave. “El cultivo es fundamental porque nos dice exactamente qué bacteria está causando la infección y cómo tratarla”, subraya el especialista.

Saltarse este paso es más común de lo que parece. “El uso de antibióticos sin confirmación no solo puede fallar, sino que contribuye a generar resistencias, y eso complica mucho los tratamientos futuros”, advierte el doctor Peña.

Lo que sí ayuda en el día a día

La buena noticia es que hay gestos sencillos que pueden marcar una diferencia importante. Mantener una buena hidratación, no aguantar las ganas de orinar o vaciar la vejiga con frecuencia son medidas útiles. “Pequeños hábitos diarios pueden reducir significativamente el riesgo de infección”, explica.

Algo tan simple como orinar después de las relaciones sexuales puede ayudar en algunas mujeres. También es importante evitar productos de higiene íntima agresivos o sustancias irritantes. “El equilibrio de la flora vaginal es clave, especialmente en etapas como la menopausia”, añade.

Consultar al urólogo

Cuando los síntomas aparecen con frecuencia, no mejoran o vuelven una y otra vez, lo más sensato es acudir al especialista. “Consultar a tiempo permite identificar el origen del problema y evitar que se cronifique”, concluye el doctor Toño Peña.

Un buen enfoque permite identificar qué está favoreciendo las infecciones y diseñar una estrategia adaptada a cada caso. Porque aunque sean comunes, no hay por qué normalizarlas. Con pequeños cambios y una atención adecuada, es posible reducir su aparición y recuperar tranquilidad en el día a día.