Carretera con curvas

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La carretera más bonita de Cataluña y de las mejores del mundo: 25 kilómetros, 365 curvas y espectaculares vistas

Esta carretera fue construida en 1920 y el diseño de sus 25 km fue adaptado para la accidentada geografía, lo que la hace un trayecto emblemático para ciclistas y moteros

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España tiene una red de carreteras de aproximadamente 165.756 kilómetros. Sin embargo, algunos kilómetros son referenciados como los más bonitos del país o incluso del mundo debido al entorno que los rodea y las vistas panorámicas que ofrecen.

Concretamente, en Cataluña se encuentra una de ellas, la que es conocida por los motoristas o ciclistas como la "carretera de las 365 curvas".

La carretera que une las localidades de Tossa de Mar y Sant Feliu de Guíxols, en la emblemática Costa Brava (Girona), es una de las vías costeras más espectaculares de la geografía catalana.

Según Avispero Motero, esta carretera fue construida en 1920 y el diseño de sus 22 km fue adaptado para la accidentada geografía, lo que la hace un trayecto emblemático para ciclistas y moteros.

A lo largo de sus aproximadamente 25 kilómetros, la ruta desafía a los conductores con un trazado serpenteante que cuenta con muchas curvas, convirtiendo el viaje en una experiencia dinámica y emocionante.

Más allá de la conducción, este trayecto destaca por un entorno natural de una belleza sobrecogedora. El asfalto discurre entre majestuosos acantilados de roca rojiza y frondosos pinares mediterráneos, ofreciendo a cada paso impresionantes vistas panorámicas al mar.

Es un recorrido donde la montaña se encuentra directamente con el Mediterráneo, regalando estampas de pequeñas calas escondidas que invitan a contemplar el paisaje.

Desde el coche, la moto, la bici o la autocaravana se pueden apreciar varios acantilados, ya que cruza el espacio natural del macizo de Cadiretes. Por esta misma razón, los pinos y el resto de la vegetación que rodea la carretera son otro de sus puntos fuertes por el color y la atmósfera que le aportan.

Las mejores calas de la ruta

La carretera que conecta esta costa es un auténtico paraíso escondido, repleto de una infinidad de calas que bordean el litoral. Aunque muchas de ellas presentan un acceso complicado o carecen de espacio suficiente para aparcar un coche, se convierten en el destino ideal si viajas en moto, ya que podrás estacionar sin mayores complicaciones.

Entre todos estos tesoros ocultos, destacan especialmente Cala Futadera y Cala Salions. Estas dos calas vecinas se caracterizan por su entorno salvaje y virgen; son rincones perfectos para quienes buscan tranquilidad y huir de las aglomeraciones, además de ofrecer unos fondos marinos espectaculares, ideales para disfrutar del snorkel y avistar la rica fauna marina de la zona.

Rincones fotográficos y miradores imprescindibles

Toda la ruta es un escenario continuo que invita a detenerse en cada rincón para capturar fotos y vídeos memorables. El punto de partida perfecto es la Playa de Tossa de Mar, un lugar idílico donde se puede jugar con las perspectivas de la cámara, combinando la belleza del agua cristalina y los islotes con la imponente silueta de su emblemática muralla medieval.

El punto de encuentro por excelencia de la ruta es el Mirador de Pola, sin duda el rincón más popular y con mayor ambiente motero de todo el trayecto. Este espacio cuenta con una zona perfecta para estacionar la moto, descansar y contemplar las máquinas de otros viajeros.

Desde allí, se disfrutan de unas vistas privilegiadas a los imponentes acantilados y al mar, mientras se observa a los motoristas trazar las exigentes curvas de la carretera demostrando su habilidad.

Por último, para aquellos que buscan una experiencia más íntima, el Mirador de Salionç se presenta como una alternativa mucho más tranquila, pero igualmente impresionante.

Este balcón natural ofrece una panorámica espectacular del paisaje, permitiendo contemplar de forma relajada cómo la carretera serpentea y avanza de manera audaz sobre los acantilados frente a la inmensidad del mar.