Escáner de tomografía computarizada (TAC)

Escáner de tomografía computarizada (TAC) EUROPA PRESS

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Todo lo que hay que saber antes de hacerse un TAC y los errores que conviene evitar

Es una de las pruebas médicas más utilizadas para detectar lesiones, tumores o fracturas

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El TAC, o Tomografía Axial Computarizada, permite obtener imágenes muy precisas del interior del cuerpo mediante rayos X y un sistema informático. Gracias a esta tecnología, los especialistas pueden observar órganos, huesos, tejidos y vasos sanguíneos con mucho detalle.

En algunos casos la prueba se realiza sin contraste, aunque en otros sí es necesario utilizarlo porque permite visualizar mejor ciertas zonas, especialmente los tejidos blandos o los vasos sanguíneos. Ese contraste puede administrarse por vía intravenosa y, en determinadas exploraciones, también por vía oral.

Una preparación que influye en el resultado

“Una buena preparación es parte de la prueba”, explica el doctor Salvador Mañe, jefe de la Unidad de Medicina Nuclear del Hospital Universitari Sagrat Cor. “Seguir las indicaciones sobre ayuno, hidratación o medicación ayuda a obtener imágenes claras y a realizar el estudio con seguridad”, añade.

Antes de entrar a la sala normalmente, el paciente tiene que quitarte objetos metálicos y ponerte una bata. Después, la prueba se realiza tumbado en una camilla que se desplaza lentamente mientras el escáner gira alrededor del cuerpo y capta imágenes desde distintos ángulos.

El TAC suele durar entre 20 y 30 minutos, aunque la sensación para muchos pacientes es que pasa bastante rápido. Lo importante es permanecer lo más quieto posible para evitar imágenes borrosas. También es habitual que el personal sanitario pida aguantar la respiración unos segundos en determinados momentos de la exploración.

Qué se siente durante el TAC

Si se utiliza contraste intravenoso, algunas personas notan un calor repentino o un sabor metálico en la boca, algo que suele desaparecer enseguida. En los estudios con contraste oral o rectal puede aparecer sensación de plenitud o ganas de evacuar durante unos minutos.

Las pautas de preparación pueden cambiar según la parte del cuerpo que se vaya a estudiar. No requiere lo mismo un TAC abdominal que uno cerebral o torácico. Aun así, hay recomendaciones que prácticamente siempre se repiten.

La más importante es respetar el ayuno cuando así se indique, sobre todo en los estudios con contraste. En muchos casos sí se puede beber agua, aunque conviene confirmar siempre cuánto tiempo antes hay que dejar de comer.

La importancia de informar al equipo médico

También es fundamental informar sobre la medicación habitual, especialmente si se toman tratamientos para la diabetes, como la metformina, u otros fármacos relevantes. Lo recomendable es no modificar ninguna pauta por cuenta propia y seguir siempre las instrucciones médicas.

Además, el equipo sanitario debe saber si el paciente ha tenido reacciones alérgicas previas al contraste o si existe posibilidad de embarazo, ya que la radiación requiere una valoración específica en esos casos.

Llegar con tiempo y llevar pruebas anteriores relacionadas también puede resultar muy útil, porque comparar imágenes permite detectar cambios y valorar mejor la evolución del paciente.

Los errores más frecuentes antes de la prueba

“Lo más importante es consultar cualquier duda antes de venir”, insiste el especialista. “Muchas veces el problema no es la prueba, sino acudir con una preparación distinta a la indicada”, insiste.

Aunque el TAC es una prueba segura y bastante rápida, hay fallos muy habituales que pueden complicar el estudio o incluso obligar a repetir alguna parte de la exploración.

Uno de los errores más frecuentes es asumir que el ayuno será igual que en pruebas anteriores, cuando en realidad puede variar bastante según el tipo de TAC y según si se utiliza contraste o no.

Fallos que pueden afectar a las imágenes

Otro problema habitual aparece cuando el paciente se mueve durante la exploración o no sigue correctamente las instrucciones de respiración, algo que ocurre especialmente en los estudios de tórax y abdomen. Aunque parezca un detalle menor, es una de las principales causas de imágenes poco nítidas.

Tampoco conviene ocultar situaciones de ansiedad o claustrofobia, ya que el nerviosismo aumenta la probabilidad de moverse durante la prueba. Cuando se comunica con antelación, el personal sanitario puede explicar mejor el proceso y ayudar al paciente a afrontarlo con más tranquilidad.

También puede retrasar el estudio no llevar documentación importante, como autorizaciones, peticiones médicas o pruebas previas cuando se trata de un control.

Consultar dudas evita problemas

Y hay algo que a veces pasa desapercibido: comentar cambios recientes en el estado de salud. Una reacción previa al contraste, una intervención reciente o un empeoramiento clínico pueden obligar a ajustar la prueba en el último momento.

“Si el paciente llega con un ayuno incorrecto, se mueve demasiado o no puede seguir las indicaciones de respiración, el estudio pierde precisión”, recuerda el doctor Mañe. “Por eso insistimos tanto en resolver dudas antes de la prueba”, concluye.