Samuel y Natán, victimas de los Testigos de Jehová en Barcelona BARCELONA
Natán y Samuel, víctimas de los Testigos de Jehová en Barcelona: "He tenido que aprender a estar en el mundo"
Cumpleaños, Navidad, determinadas amistades o actividades formaban parte de una vida que, para otros niños, era normal y que para ellos tenía límites muy concretos
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Durante buena parte de su vida, el mundo estuvo dividido en dos para Natán y Samuel, vecinos de Barcelona.
Dentro estaban la familia, los amigos, las reuniones y las certezas. Fuera estaba el resto. Los dos nacieron en familias de Testigos de Jehová y crecieron aprendiendo que relacionarse demasiado con quienes no pertenecían a la organización podía alejarlos de Dios.
Cumpleaños, Navidad, determinadas amistades o actividades formaban parte de una vida que, para otros niños, era normal y que para ellos tenía límites muy concretos.
Natán recuerda aquella sensación con una frase que resume buena parte de su infancia: "Yo había venido al mundo, pero yo no era parte del mundo". Sus compañeros de colegio y sus profesores eran personas que, según lo que había aprendido, no habían sido escogidas por Dios. Si no se convertían, serían destruidos en Armagedón.
Natán, ex-Testigos de Jehová y Secretario de la Asociación de apoyo a la víctimas de los Testigos de Jehová BARCELONA
"Yo recuerdo que incluso los miraba como con desprecio", cuenta. Era un niño, pero ya había aprendido a mirar hacia fuera desde una frontera muy clara.
Una infancia diferente
Las diferencias aparecían en escenas pequeñas. Un cumpleaños en clase, una fiesta, unos caramelos. Mientras los demás participaban, Natán tenía que decir que no. A veces guardaba las chuches y después las tiraba. Lo importante era no participar. La recompensa llegaba después, dentro de la comunidad, cuando sus padres o los demás Testigos reconocían que había hecho lo correcto.
"Yo como niño estaba orgullosísimo de no celebrar cumpleaños, de no celebrar la Navidad porque era una forma como de decir: 'No, no, yo no soy ellos'", recuerda. La prohibición, por tanto, no se vivía necesariamente como un castigo. Para un niño podía convertirse incluso en una fuente de orgullo, en una forma de pertenecer.
Samuel creció de una manera parecida. Nació en 1976, cuando sus padres ya eran Testigos, y permaneció dentro de la organización hasta los 45 años. También aprendió desde pequeño a mantener una cierta distancia con compañeros de clase y familiares que estaban fuera.
Samuel, ex-Testigos de Jehová y presidente de la Asociación de apoyo a las víctimas de los Testigos de Jehová BARCELONA
Incluso algo tan cotidiano como jugar al fútbol podía quedar condicionado. "Para mí, como niño testigo, era lo normal, porque me habían enseñado que Dios quería esto", explica.
Las primeras preguntas
La adolescencia introdujo algunas dudas, aunque no fue suficiente para romper inmediatamente con aquello que habían aprendido. Para Samuel fue una etapa especialmente compleja: descubrir el sexo, buscar aceptación y empezar a plantearse quién quería ser mientras su mundo social seguía estrechamente ligado a la congregación.
Él, además, estaba convencido de que había encontrado la religión verdadera. Durante años apartó las dudas porque entendía que cuestionar determinadas cosas podía significar fallarle a Dios. Llegó a asumir responsabilidades dentro de la organización. Primero fue secretario ministerial, con unos 20 o 21 años, y alrededor de los 29 o 30 fue nombrado anciano. Desde esa posición debía aplicar las normas y directrices que recibía en la congregación.
Una asamblea de testigos de Jehová en España
Fue precisamente desde dentro cuando empezó a tambalearse todo. Uno de los episodios que recuerda especialmente fue el caso de una menor que había sufrido abusos sexuales por parte de su padre.
Según Samuel, la principal preocupación que recibió fue que el caso no saliera a la luz para evitar que se dañara el nombre de Dios. Aquello se convirtió en un punto de inflexión. "Ahí ya empecé a darme cuenta de muchas cosas", explica.
Salir no fue simplemente marcharse
Para Samuel, las dudas no desembocaron en una salida inmediata. Había demasiadas cosas en juego. Su mujer seguía dentro, también su hijo, sus familiares y las amistades construidas durante décadas. Empezó un proceso que describe como duro, marcado por la ansiedad y un fuerte sentimiento de culpabilidad. Había pasado toda su vida dentro y ahora debía plantearse qué había fuera.
Durante un tiempo permaneció físicamente dentro mientras mentalmente ya se había alejado. Cuando finalmente salió, llegó una consecuencia que sabía que podía ocurrir, pero cuyo impacto no había terminado de imaginar.
"En mi caso fue perder todo mi entorno social. O sea, como si hubiera venido un terremoto de golpe y se tragara a tu barrio, pues lo mismo", cuenta. Amigos, vecinos y familiares dejaron de relacionarse con él. Personas que el día anterior le saludaban podían cruzárselo por el barrio y actuar como si no lo hubieran visto.
Natán vivió una ruptura familiar parecida. En su caso, la expulsión llegó después de años de conflicto con la congregación y de que los ancianos intentaran ponerse en contacto con él. Su madre terminó comunicándole en un parque que la relación familiar ya no sería la misma. "Fue una muerte en vida", recuerda.
El precio de quedarse solo
Para ambos, el ostracismo es una de las experiencias que más ha marcado su salida. No hablan únicamente de perder amigos. Hablan de perder la estructura completa que había organizado sus vidas. Natán explica que durante años le habían enseñado que el mundo exterior era malvado.
Cuando decidió alejarse, tuvo que aprender a moverse precisamente en ese mundo del que le habían advertido.
El Congreso Nacional de Testigos de Jehová de 2026 en Barcelona
"Era como un salto al vacío y decir, bueno, algo me aguantará aquí", recuerda. La paradoja, según explica, es que algunas personas terminan regresando porque la vida fuera resulta demasiado solitaria. Si durante años te han dicho que fuera no encontrarás apoyo y después pierdes a tu familia y a tus amigos, la profecía parece cumplirse.
"Muchos salen todavía pensando, pues es que tenían razón, porque yo no encuentro mi lugar, no encuentro quién soy, no encuentro amigos, no encuentro nadie que sustituya a mi familia", explica. Algunos, dice, terminan regresando incluso sin haber recuperado las convicciones que tenían antes.
Reconstruir una vida
La reconstrucción llegó poco a poco. Samuel encontró en internet a otras personas que habían pasado por situaciones parecidas. Una búsqueda en redes sociales le llevó hasta otros extestigos, grupos de conversación y personas con las que podía hablar sin tener que explicar desde cero por qué determinadas cosas le habían afectado.
Natán encontró también nuevos espacios. Estudió filosofía, hizo amistades y comenzó a construir una vida que ya no giraba alrededor de la religión. La terapia, que en su caso se prolongó durante años, también tuvo un papel importante. La idea era aprender algo que para quien ha crecido dentro puede resultar sorprendentemente difícil: estar en el mundo.
Eso puede significar cosas aparentemente pequeñas. Escuchar una canción, leer un libro, conocer a alguien diferente o decidir qué pensar sobre política. "Puedo escuchar cualquier tipo de música sin limitantes", dice Natán. Samuel lo resume de otra manera: "Lo bonito de ahora es no tener límites".
No hablan de una vida extraordinaria. Precisamente al contrario. Samuel asegura que ahora puede descubrir quién es sin tener a alguien recordándole constantemente qué puede o no puede hacer. "Yo soy una persona muy normalita, pero sí que me satisface el hecho de que no haya nada que me esté marcando, recordando que estoy haciendo un mal", explica.
Convertir lo vivido en ayuda
Parte de esa reconstrucción ha terminado convirtiéndose en una forma de acompañar a otros. Los dos forman parte de una asociación creada por extestigos que, según explican, nació alrededor de 2017-2018 y que actualmente cuenta con unos 900 socios.
Entre sus actividades están el asesoramiento legal y el apoyo psicológico, especialmente para personas que no encuentran profesionales familiarizados con este tipo de experiencias.
También reciben mensajes de personas que todavía están dentro y que escriben desde cuentas anónimas por miedo a las consecuencias. Uno de los casos recientes que recuerdan es el de un joven cuyos padres le presionaban para bautizarse. La asociación intenta ofrecerle herramientas, pero también ayudarle a estudiar, encontrar trabajo o construir una red de apoyo que le permita tomar decisiones con mayor autonomía.
Uno de los bautismos del Congreso Regional de Testigos de Jehová en el Palau Sant Jordi de Barcelona, a 25 de julio de 2026
Para Natán y Samuel, la cuestión no se limita a discutir las creencias religiosas de los Testigos de Jehová. Ambos consideran que la libertad religiosa debe respetarse y sitúan el debate en otro lugar: las consecuencias sociales que, según su experiencia, pueden tener determinadas prácticas dentro de una comunidad.
"El debate que debe surgir en la sociedad es: ¿Puede nuestra sociedad albergar grupos que tienen conductas tanto coercitivas como sectarias y que causan un daño?", plantea Natán.
Quiénes son ahora
Cuando se les pregunta quiénes son hoy que no podían ser cuando estaban dentro, la respuesta acaba llevando a la misma palabra: libertad. No una libertad entendida como hacer cualquier cosa, sino como poder decidir qué escuchar, qué leer, con quién relacionarse y qué pensar.
Natán habla de poder expresarse mejor y de vivir sin miedo a ser juzgado. Samuel, a sus 50 años, todavía se pregunta quién es. La diferencia es que ahora tiene espacio para buscar la respuesta.
"Antes mi área para descubrirme estaba muy limitada. Yo no tenía opciones para salir de esta habitación. Ahora para mí puedo explorar todo lo que hay", explica.
Los dos siguen identificándose como víctimas de aquello que vivieron. No parece que quieran convertir esa identidad en una condena permanente. Más bien la utilizan para explicar por qué están haciendo lo que hacen ahora: hablar, acompañar y poner en contacto a personas que todavía atraviesan el mismo proceso.
Un salón del reino de los testigos de Jehová en Barcelona / GOOGLE MAPS
"Puedes hacer tu vida, rehacerte", dice Natán.
Después de una infancia y una vida adulta construidas alrededor de unas reglas muy concretas, quizá esa sea la idea que mejor resume su historia. No se trata solamente de abandonar una religión. Para ellos, salir significó perder un mundo entero y tener que aprender, poco a poco, a construir otro.