El busto de Wagner, en el Palau de la Música

El busto de Wagner, en el Palau de la Música PALAU DE LA MÚSICA

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Wagner vuelve a conquistar Barcelona

La capital catalana, en el Palau de la Música, ha formado parte de la gira de celebración del 150 aniversario del festival de Bayreuth con un programa compuesto por una selección de fragmentos de la tetralogía del Anillo del Nibelungo de Wagner y cuenta con la participación de grandes especialistas como Catherine Foster

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Richard Wagner tenía tal obsesión por la concepción de la ópera como un arte total que construyó un teatro en la ciudad alemana de Bayreuth para representar sus obras exactamente como él las concibió.

Él fue quien “metió” a la orquesta en el foso, quien apagó totalmente las luces durante la representación, o quien trabajó profusamente en la visibilidad y la acústica del teatro. Desde hace 150 años se celebra en dicho teatro un festival en el que año tras año se representan sus óperas, con especial foco en la tetralogía del Anillo del Nibelungo que se representa varias veces de manera consecutiva.

Es el destino para todos los amantes de la música de Wagner. Unos 56.000 por año logran entrada y la lista de espera para lograr entradas para la tetralogía es de hasta 10 años. O se va con una agencia autorizada, o hay que armarse de paciencia.

Celebración

La orquesta del festival, formada por maestros de diferentes orquestas, es la que mejor interpreta a Wagner, lo mismo que los cantantes y directores que allí acuden. Respecto a las producciones hay división de opiniones porque la directora, Katharina Wagner, bisnieta del compositor de Leipzig, tiende a confundir innovar con provocar o simplemente reinventar, como sufrimos en el Liceu en su no muy bien acogida dirección de escena de Lohengrin hace dos años.

Este año la ha “liado” con el estreno en Bayreuth de Rienzi, una ópera de juventud de Wagner, que entusiasmaba a Hitler y que no forma parte del “canon” de Bayreuth, las diez obras que se han representado siempre. Katharina quiso incluir en el 150 aniversario del festival la discusión sobre el antisemitismo de su bisabuelo. En fin, centrémonos en la música.

La primera vez que se interpretó una ópera completa de Wagner en Barcelona, en concreto Lohengrin, fue en 1882 en el Teatre Principal, el gran rival del Liceu y que hoy tiene un proyecto de revitalización que ojalá llegue a buen término.

La soprano Catherine Foster, una de las voces más reconocidas del wagnerismo

La soprano Catherine Foster, una de las voces más reconocidas del wagnerismo CATHERINE FOSTER

Pero el gran hito wagneriano de Barcelona tuvo lugar en la noche de fin de año de 1913, cuando se estrenó Parsifal en el Liceu, siendo el primer teatro fuera de Bayreuth que estrenó una ópera compuesta para interpretarse en el teatro de Wagner. Barcelona, que cuenta con tres asociaciones wagnerianas, es un referente del ecosistema wagneriano y, tal vez por eso, la orquesta del festival solo había tocado hasta ahora dos veces fuera de su teatro, en 1955 y en 2012, y las dos veces en el Liceu de Barcelona.

Para celebrar el 150 aniversario del festival se ha organizado una gira por España. El director para esta gira es Pablo Heras Casado, un reputado director que cada vez es más protagonista en el ecosistema de Bayreuth. Estrenó en 2023 con gran éxito una nueva versión de Parsifal en el festival, tanto que grabaron un disco con Deutsche grammophon.

Este año ha dirigido a la orquesta en el concierto al aire libre conmemorando el 150 aniversario del festival y prepara la tetralogía para dentro de dos años. Se ha convertido en referencia de Wagner, lo mismo que Roberto González Monjas, director artístico de la orquesta Mozarteum en Salzburgo, lo es de Mozart.

La orquesta visitará Santander, Sevilla, Valencia y Madrid, comenzando la gira, como no podía ser de otra manera, en Barcelona, el pasado sábado 29 de agosto. Pero esta vez el Palau de la Música Catalana le ha ganado la partida al Liceu, ya que el concierto se ha realizado en el maravilloso teatro modernista.

Cabe preguntarse, no obstante, qué nuevo error ha cometido el Liceu para perder este evento histórico. ¿Será porque era a finales de agosto y le da pereza abrir?¿Será por presiones sindicales para mantener el mes de vacaciones? Sea por lo que sea volvemos a 1882, otro teatro le gana la partida a nuestra casa de ópera, probablemente por la indolencia del equipo directivo cuya renovación es urgente.

¿Demasiada luz?

Pero más allá del enésimo error de la actual dirección del Liceu, lo importante, lo histórico, es que la orquesta del Festival de Bayreuth ha vuelto a tocar en Barcelona. Y como era de esperar, lo ha hecho de manera sublime. Ellos son, sin duda la referencia para la música wagneriana. Wagner se ha de interpretar como lo interpretan ellos. Por cierto, todos los músicos, incluido el director, vestían frac, con zapatos de charol incluidos, o vestido de noche. La liturgia se ha de cuidar en todos los detalles, incluida la formalidad de la vestimenta.

Escuchar las valquirias en el Palau cuyo escenario está coronado precisamente por la escultura de Pablo Gargallo de su cabalgata es un privilegio, aunque la penumbra total no se ha logrado al inicio de la representación gracias, o por culpa, de las preciosas vidrieras que dejan pasar demasiada luz para los gustos de Wagner hasta que anochece.

El programa está compuesto por una selección de fragmentos de la tetralogía del Anillo del Nibelungo y cuenta con la participación de grandes especialistas como son Catherine Foster, probablemente la referencia actual para el papel de Brünnhilde, el gran Klaus Florian Vogt, que este año, al cumplir con su vigésima aparición consecutiva en el festival de Bayreuth, ha realizado la proeza de asumir en todas las óperas de la tetralogía el papel de protagonista, y Nicholas Brownlee, quien ya lleva cuatro temporadas consecutivas actuando en el festival y a quien veremos en el Liceu el próximo febrero. Tres de los cantantes más sólidos en la actualidad en papeles wagnerianos.

El programa comienza con la entrada de los dioses al Valhalla del Oro del Rin y concluye con la escena final del Ocaso de los Dioses, ópera a la que se dedica la segunda parte del concierto. Entre medio fragmentos de las Valkirias y de Sigfrido. Una auténtica maravilla a la que solo se le puede poner una pega, la duración, podía haber sido algo más largo. En las casi dos horas del concierto la orquesta viaja por varios momentos fundamentales para entender la tetralogía. Probablemente no se pueden condensar más y mejor las 16 horas de la tetralogía de como lo hace Heras Casado.

Constelación de estrellas

La recepción del público fue entusiasta, aplaudiendo a rabiar al final de cada pieza y durante quince minutos al final. El director totalmente entregado, realiza un esfuerzo notable, dirigiendo con todo su cuerpo, viviendo la música. La orquesta es una constelación de estrellas, combinando experiencia y juventud. Destaca el concertino, un clásico en Bayreuth, el eslovaco Juraj Cizmarovic, con más de 30 participaciones en el festival.

Es impresionante la brillantez del viento, lo mismo que la manera cómo las cuerdas pasan de la sutileza a envolver a toda la orquesta. Heras Casado es capaz de encontrar todos los matices de una orquesta de por sí genial.

El concierto es verdad que rompió algunas reglas de Wagner, pero para disfrute del público. La orquesta encima del escenario, con una sonoridad increíble pero lógicamente diferente a la que se puede escuchar en el foso de Bayreuth, escalonado y semi cubierto, el público aplaudió al final de cada pieza, algo prohibido en el festival, y el gran “anatema” (gracias maestro) fue que hubo un bis, ni más ni menos que la marcha de la valkirias.

En resumen, una noche histórica y perfecta que, ojalá, se pueda repetir.