Una de las playas de Sydney en imagen de archivo
Una joven barcelonesa de 26 años, sobre su cambio de vida en Sidney (Australia): “Los precios son similares y el salario se dobla”
Alexia viajó para aprender inglés durante unos meses y dos años después ya considera la ciudad australiana como su hogar
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Cada vez más jóvenes de Barcelona optan por hacer las maletas y probar suerte fuera de España. Las dificultades para acceder a una vivienda, la búsqueda de mejores condiciones laborales o el deseo de ganar experiencia internacional empujan a muchos a explorar nuevos horizontes.
Entre los destinos que han ganado popularidad se encuentra Australia. La Work and Holiday Visa, dirigida a menores de 30 años, permite residir, trabajar y viajar por el país durante doce meses, una fórmula especialmente atractiva para quienes quieren combinar empleo y aventura.
Alexia llegó a Sidney con un objetivo mucho más limitado. Su intención, según explica a Metrópoli, era quedarse unos meses para mejorar su inglés. Sin embargo, aquella experiencia temporal terminó convirtiéndose en un cambio de vida.
Dos años después, la joven continúa en Australia y considera Sidney como su hogar.
Viviendas en construcción en Sidney
Una ciudad volcada en la vida al aire libre
Una de las primeras cosas que llamó su atención fue la forma en la que Sidney está organizada para disfrutar del espacio público.
Parques bien mantenidos, barbacoas eléctricas de uso gratuito, rutas costeras junto al océano y zonas exteriores abiertas a los ciudadanos forman parte del paisaje habitual. Para Alexia, existe una clara voluntad de facilitar que las personas disfruten de la ciudad sin necesidad de consumir.
La experiencia, además, no se ha limitado a Sidney. Durante este tiempo ha podido conocer algunos de los paisajes más emblemáticos de Australia, desde la Gran Barrera de Coral hasta Uluru o la extensa costa este del país.
Viajar por estos lugares también le ha permitido descubrir una relación diferente con el ocio y con el tiempo libre.
Una playa de Sidney
Menos prisas que en Barcelona
Alexia señala que una de las diferencias que más nota respecto a Barcelona es el ritmo cotidiano.
Mientras que en la capital catalana percibe una vida más acelerada, en Sidney considera que existe una mayor tendencia a proteger el equilibrio entre trabajo y vida personal.
Los horarios también son distintos. El día suele comenzar pronto, los desayunos se adelantan y la actividad física ocupa un lugar importante en la rutina de muchos residentes.
Esa filosofía se refleja igualmente en el entorno laboral. Según cuenta, ha encontrado mayor flexibilidad, menos presión y una especial atención al bienestar psicológico de los trabajadores.
A su juicio, no se trata necesariamente de dedicar menos horas al empleo, sino de organizar el trabajo de una forma más eficiente y con menor nivel de estrés.
Salarios más altos y alquileres más caros
La economía también ha sido determinante. Alexia asegura que determinados gastos habituales, como la comida o la ropa, presentan precios similares a los que pueden encontrarse en España. La gran diferencia, sostiene, se encuentra en los ingresos: los salarios pueden llegar a duplicar los españoles.
Ese mayor poder adquisitivo hace que algunos gastos cotidianos sean más fáciles de asumir.
La vivienda, sin embargo, constituye una excepción. Los alquileres son más elevados, aunque la joven destaca que existe una oferta amplia y diversa para encontrar alojamiento.
También valora positivamente las posibilidades para poner en marcha proyectos propios. Según explica, darse de alta como trabajador autónomo resulta relativamente sencillo y existen facilidades fiscales para quienes no alcanzan determinados niveles de ingresos.
En su opinión, este modelo reduce las barreras de entrada y favorece que más personas se animen a probar nuevas iniciativas profesionales.
El desafío inicial del idioma
No obstante, la adaptación no fue inmediata. "Durante los primeros meses tuve dificultades para acostumbrarme al acento local y necesité tiempo para desenvolverme con naturalidad en inglés", explica.
La diversidad cultural de Sidney terminó jugando a su favor. "Convivo con personas procedentes de numerosos países, practico el idioma de manera constante y pierdo el miedo a cometer errores", cuenta.
Precisamente esa multiculturalidad es uno de los aspectos que más valora después de dos años en el país. El contacto diario con personas de diferentes orígenes le ha permitido conocer otras formas de pensar y entender la vida.
Una pareja espera a alguien en el aeropuerto de El Prat en una imagen de archivo Barcelona
Una cultura muy vinculada al deporte
Otro de los cambios que ha experimentado tiene que ver con los hábitos saludables.
Alexia explica que fumar en espacios públicos está socialmente peor visto, el alcohol tiene un precio elevado y el vapeo está prohibido.
En paralelo, la práctica deportiva tiene una fuerte presencia en la vida cotidiana. Los running clubs, las carreras populares, los maratones y las actividades al aire libre forman parte de la oferta habitual de muchas ciudades australianas.
Ese contexto, cuenta, ha influido en sus propias rutinas y la ha llevado a conceder más importancia al ejercicio. Además, ha conocido casos de personas que han conseguido transformar su afición por el deporte en una actividad profesional gracias a las oportunidades existentes.
La distancia, la parte más complicada
Para los jóvenes que estén pensando en seguir un camino parecido, Alexia anima a no dejar que el miedo sea el principal freno. "La distancia es complicada, pero vale la pena", considera.
Reconoce que trasladarse a otro país implica dificultades y sacrificios, pero considera que también puede abrir importantes oportunidades tanto en el terreno laboral como en el personal.
Su historia comenzó con la idea de pasar unos meses en Australia para mejorar el inglés. Dos años después, aquella estancia temporal se ha convertido en una nueva etapa de su vida y en una forma diferente de entender su futuro.