Mucho se ha escrito acerca de los problemas con la droga que tienen lugar en el barrio de El Raval de Barcelona. Son caudalosos los ríos de tinta volcados sobre toda la problemática de los narcopisos que han azotado al barrio durante la última década, así como numerosas las actuaciones por parte de los cuerpos policiales que operan en la capital catalana para frenar esta lacra. Pero la lucha contra el consumo de estupefacientes manu militari ha sido siempre una suerte de David contra Goliath y, por más que se logran resultados, no se ha conseguido erradicar por completo su consumo.

Al más mínimo descuido, esta tara vuelve a aflorar en cualquier rincón, sobre todo en aquellas zonas en las que, por diversos motivos, el acceso a estas sustancias es más sencillo. Por el camino, los residentes de la zona ven cómo aumenta la degradación en sus barrios, la criminalidad y los problemas de convivencia. La delincuencia crece frente a los portales de sus hogares, denuncian.

UNA RUTA ESCOLAR

Esta es la situación que los habitantes que viven cerca de la calle de l'Arc de Sant Agustí viven de forma rutinaria, pues la vía se ha convertido en un punto en el que, habitualmente, decenas de personas consumen estas sustancias a plena luz del día. Sucede, además, que el lugar forma parte de una ruta escolar, por lo que cada día muchos niños atraviesan la zona, exponiéndose al peligro no ya de las personas que se están pinchando, sino también por los restos y residuos, como jeringuillas, que puedan quedar en el suelo. Algunos días, el panorama es tan desolador en esta calle del Raval que llegan a producirse auténticas colas de heroína, con diversos toxicómanos apoyados sobre las paredes con la droga lista para ser consumida, tal y como se puede ver en el vídeo de este artículo. 

Una mujer que ha consumido heroína en El Raval / LUIS MIGUEL AÑÓN - CRÓNICA GLOBAL

Vecinos del barrio aseguran a Metrópoli que este suceso se repite, aunque no cada día, muy habitualmente, y definen la calle como una "zona negra". También explican que la imagen de personas pinchándose a escasos metros de los domicilios, apoyados en las paredes de la parroquia de Sant Agustí, es una estampa que lleva produciéndose desde hace años. Ninguna de las fuentes consultadas por este medio tiene constancia de que se hayan producido agresiones o ataques a los pequeños, pero sí subrayan el potencial riesgo para los menores que supone toparse casi cada día con personas que se están inyectando.

La calle de l'Arc de Sant Agustí / METRÓPOLI

"Causan muchos problemas", cuenta el regente de un bar de la zona. "El pasado domingo dos personas se pelearon frente al bar y acabaron tirando una mesa y las sillas por el suelo", comenta. Las peleas, siempre entre ellos, "son muy frecuentes", añade. Con respecto al resto de interacciones, "muchos se acercan al establecimiento con intención de pedir limosna, que les carguen el teléfono", etcétera.

COMEDOR SOCIAL

Cabe preguntarse por qué la calle de l'Arc de Sant Agustí lleva años actuando como zona negra del consumo de droga en el barrio. La respuesta se encuentra en la misma parroquia. Todas las mañanas, la institución eclesiástica abre un comedor social ubicado en la parte trasera del edificio. Si bien algunas personas acceden al interior para comer la comida que allí se reparte, la mayoría coge unos paquetes con alimentos para llevar y comérselo fuera.

El reparto se hace a primera hora de la mañana. Debido a ello, es con el amanecer que docenas de personas sintecho o en situación de extrema pobreza se dan cita en las inmediaciones del inmueble secular hasta que, comida en mano, unos se dispersan, otros se instalan a la sombra de sus paredes y, de estos, algunos aprovechan para pincharse. Esos instantes coinciden precisamente con el momento en el que los niños recorren el camino hasta cualquiera de los varios de los centros educativos del barrio.

VIGILANCIA

Este medio ha podido comprobar que a lo largo del día varias patrullas a pie de la Guardia Urbana transitan por la zona e interactúan con las personas que se asientan tanto en esa calle como en la plaza aledaña. Sin embargo, "no siempre están presentes cuando abre el comedor" de la beneficencia y, por tanto, es cuando más gente se amontona en el lugar para pincharse, comentan las fuentes consultadas por este digital.

No muy lejos, en el barrio aledaño de El Gòtic, la escuela Àngel Baixeras ya denunció problemas similares a finales de 2022 por la presencia de excrementos y jeringuillas que habían dejado personas que cada noche acudían a drogarse a la plaza de Carme Simó. Plaza, por otra parte, que servía de patio del recreo para los alumnos del centro. Para atajar esta problemática, el Ayuntamiento decidió aumentar la limpieza en la zona y la vigilancia policial.

Un consumidor de heroína en El Raval / LUIS MIGUEL AÑÓN - CRÓNICA GLOBAL

Este caso quizá pueda ser más complicado, en tanto que solo hay un colegio, la escuela Lingua, que se ubica en las inmediaciones --a unos 150 metros--, y la calle no actúa como zona de ocio para los alumnos. El resto de los colegios del barrio están más alejados. Con todo, la problemática prosigue y la lacra de la droga asedia tanto a los vecinos como a los usuarios de esta ruta escolar segura.

LUCHA CONTRA LA DROGA

Preguntados por este medio, desde el Ayuntamiento explican que se ha aumentado la presencia de agentes en un 20% en el marco de un operativo especial para abordar esos puntos (Raval sur) en los que se ha detectado un aumento del consumo de drogas en la vía pública. Dicho dispositivo se suma al ya desplegado por la Unidad Territorial de la Guardia Urbana y que funciona en el distrito de Ciutat Vella. "El objetivo del dispositivo es prevenir, disuadir y corregir conductas de riesgo, aumentando la visibilidad y los agentes y también mejorar y aumentar la capacidad de actuación cuando se producen hechos delictivos o comportamientos que pueden alterar la convivencia del barrio", señalan.

Por otro lado, hay un servicio específico de educadores de calle que intentan reconducir el consumo a los lugares habilitados para ello, como son los Centros de Atención y Seguimiento de las Drogodependencias (CASD). En una rueda de prensa del pasado otoño, la regidora de Salud Pública, Gemma Tarafa, destacó que la problemática del consumo debe abordarse no solo por el consumo en sí, sino también por cómo altera a los barrios y a las personas. El consumo en vía pública indica que hay "una red de venta, tráfico y distribución muy cerca" y que no es lo mismo consumir en la calle que en un centro especializado y con seguimiento "cuyo máximo objetivo es evitar que se siga consumiendo". En Barcelona, entre el 80 y el 85% de las jeringuillas que se encuentran --uno de los indicadores para controlar la tendencia del consumo-- se recogen en el distrito de Ciutat Vella.

Jeringuillas usadas para el consumo de heroína en El Raval / LUIS MIGUEL AÑÓN - CRÓNICA GLOBAL

"La ciudad cuenta con 31 educadores y educadoras de calle que hacen intervenciones con las personas que consumen drogas para vincularlas a los servicios de atención sanitaria y social y hacen diariamente recogida de jeringuillas u otros restos de consumo conjuntamente con los servicios de limpieza. Esta cifra se ha ampliado de manera notable en los últimos años, garantizando turnos de mañana, tarde y noche durante los siete días de la semana. La última vez fue durante el otoño pasado, cuando el equipo se incrementó en un 35% desde los 23 profesionales que había", añaden fuentes municipales.

"El Ayuntamiento y Salud Pública trabajan para reducir el impacto que la concentración de personas con drogodependencias puede tener sobre el espacio público. En este sentido, Salud Pública tiene reuniones de coordinación y seguimiento semanales con el distrito y el resto de servicios que trabajan en el espacio público como el servicio de limpieza, Guardia Urbana o sinhogarismo", concluyen.

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