Anna Campos, la nueva propietaria de la pastelería La Estrella

Anna Campos, la nueva propietaria de la pastelería La Estrella SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Ciutat vella

La veinteañera que ha salvado la pastelería más antigua de Barcelona: “Las macropanaderías traumatizan al cliente”

Esta vecina de Sant Antoni tomó las riendas de La Estrella en noviembre de 2024, tras conocer su cierre por falta de relevo generacional, justo antes de que el negocio cumpliera 200 años de historia en el barrio del Raval

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La Estrella (calle Nou de la Rambla, 32) ha celebrado recientemente su 201 aniversario, un hito que ha sido posible gracias a las ganas e implicación de Anna Campos, la veinteañera que, desde noviembre de 2024, está al frente de la histórica pastelería, la más antigua de Barcelona.

Nada fue casual: esta vecina de Sant Antoni ya conocía el negocio de haber trabajado en él durante tres años. Llegó con tan solo 17 años mientras cursaba segundo en la Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona (EPGB) para aprender el oficio. Se convirtió en su primer empleo antes de marcharse a Irlanda a probar suerte. Después, regresó a la capital catalana, donde puso en marcha BanAnna Cakes, un negocio que traspasó al poco más del año.

Mientras buscaba una alternativa, se enteró por una amiga de que La Estrella estaba cerrada por falta de relevo generacional. “En ese momento, mi vida era una hoja en blanco”, explica Campos en conversación con Metrópoli. Habló con su familia y, tras comprobar que la operación era viable económicamente, se lanzó de cabeza.

De eso hace ya dos años. Ahora, Campos tiene 26 años y regenta con mucha ilusión y ganas la pastelería más antigua de Barcelona. “Sé que tengo una gran responsabilidad”, apunta. Sobre sus hombros recae el peso de 201 años de historia. Sin embargo, Campos muestra serenidad: “Confío mucho en mi producto y espero estar todo el tiempo que sea posible”, añade.

Respaldo de los vecinos

La reapertura de La Estrella conmocionó a los vecinos del barrio, especialmente a los más veteranos. Muchos se alegraron de que fuera Campos quien cogiera las riendas del negocio, a quien conocían como “la chica pelirroja”. “Cuando vienen, hablan conmigo y me cuentan historias sobre la pastelería”, explica la misma. Para los clientes, además de pastelera, se ha convertido también en una confidente. “Los conozco a todos y sé lo que suelen pedir”, comenta a este medio.

Obrador de la pastelería La Estrella

Obrador de la pastelería La Estrella SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Entre los productos que más salen están los croissants, la bollería y los desayunos en general. Los fines de semana, en cambio, triunfan el brazo de gitano y la tarta massini; productos que elabora en un horno de más de 100 años de antigüedad.

“Al principio sacrificamos muchos croissants”, explica. Campos se ríe al recordar lo que le costó cogerles el truco a las máquinas que la rodean en el obrador de La Estrella. “Todas me sacan unos 20 años”, apunta. Ahora es una experta y no las cambiaría por otras más modernas. “Todo queda mejor en este horno”, comenta.

Se refiere a la cocción, mucho más lenta, que consigue que los productos salgan más tiernos y con mejor forma. “Se nota mucho la diferencia”, precisa. En Barcelona solo quedan cuatro hornos como este. El problema llega cuando se estropean: “Me cuesta mucho encontrar a alguien que me lo arregle o conseguir piezas, porque ya no se fabrican”.

La esencia de La Estrella

Si algo tuvo claro Campos desde el momento en que pasó a hacerse cargo de la pastelería fue que quería preservar su esencia. Cuando cogió las riendas del negocio, y para no asustar a nadie –en sus palabras–, calcó el escaparate que tenían las anteriores propietarias, aunque introdujo sus propias recetas.

Productos de la pastelería La Estrella

Productos de la pastelería La Estrella SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Campos intenta mantener los productos de toda la vida, que son los que siguen gustando a los clientes: “Los turistas quieren probar el producto de aquí y los barceloneses, lo que han comido toda la vida”, añade. Así, sobre la base de la pastelería catalana, la joven ha ido incorporando su sello al obrador con nuevas elaboraciones. El choco loco es una de ellas: un bizcocho de cacao relleno de cerveza Guinness. También ha incorporado el brownie y el red velvet.

Competencia desleal

Sobre el auge de las macropanaderías, Campos reconoce que suponen una amenaza, aunque asegura que los clientes entienden la diferencia. Donde más les afecta, explica, es en las comparaciones de precios. “Nos ha pasado que han encargado un pastel para 20 personas y se esperan que les cueste menos de 25 euros”, relata a este digital.

Otro de los hándicaps es el tiempo de atención. “La gente ahora va con mucha prisa y, en eso, te quitan clientela”, lamenta Campos. En cuanto a la calidad, sin embargo, asegura que no se pueden comparar y defiende tanto su producto como el de otras pastelerías de la ciudad. “Hay que apoyar al negocio local, que somos los que nos la jugamos y ponemos toda nuestra vida para mantenerlo”, apunta.

Anna Campos, la nueva propietaria de la pastelería La Estrella

Anna Campos, la nueva propietaria de la pastelería La Estrella SIMÓN SÁNCHEZ BARCELONA

Otro de los aspectos que señala son los ingredientes. Según Campos, en estos establecimientos se utilizan emulsionantes y otros aditivos que pueden sentar mal. Esto, asegura, tiene un efecto en los clientes, que después dejan de pedir determinados productos tras haber tenido una mala experiencia. “Las macropanaderías traumatizan al cliente”, afirma.

Futuro incierto

Desde que reabrió las centenarias puertas de La Estrella, Campos no ha faltado ni un día. “Trabajo 14 horas al día seis días a la semana”, apunta. Reconoce que hay semanas en las que se muestra optimista y piensa que se jubilará allí. En cambio, otras observa lo que ocurre con otras pastelerías de barrio –que flojean, se traspasan o incluso cierran– y se pregunta cuánto tiempo durará ella.

“Tengo que mentalizarme de que la pastelería es un capricho, no algo vital”, apunta. Por ahora, sin embargo, sus ganas son más fuertes y confía en que, mientras los clientes quieran que siga al frente de La Estrella, ella seguirá allí. Gracias, Anna.