En la ronda de Sant Antoni, los vecinos están que trinan contra el gobierno de Ada Colau. Llevan cuatro años esperando que el Ayuntamiento saque la polémica losa -que albergó las carpas provisionales de los comerciantes del mercado del barrio mientras se reformaba el histórico edificio- que desde hace más de dos años es un foco de incvismo. Ahora, a las las disputas políticas entre comunes y socialistas por el proyecto de reurbanización, se ha sumado este sábado un ruido insoportable de la música y los gritos de la fiesta del centro LGTBI, un equipamiento municipal.

Vecinos de la Plataforma d'Afectats per la Llosa de Sant Antoni midieron la tarde-noche del sábado los decibelios que tuvieron que soportar: hasta 94 decibelios desde un balcón próximo. En el interior de la vivienda, con doble cristal, el sonómetro marcaba 78 decibelios, hacia las 21.00 horas.

SIN NINGÚN USO EN CUATRO AÑOS

Una residente de la zona expresaba su malestar a Metrópoli. "La losa lleva cuatro años sin ningún tipo de uso oficial. Solo ha sido un foco de incivismo, peleas y delitos y con el mercado de la miseria llenando la calle numerosos días. Y ahora cuando quedan unos pocos meses para sacarla -en noviembre-, el Ayuntamiento se pone a hacer conciertos".

El fiestón de este sábado en la ronda de Sant Antoni es un ejemplo más de las contradicciones del gobierno de los comunes, que dirigen las concejalías del Eixample (Pau González), de Salud (Gemma Tarafa) y Emergencia Climática y Transición Ecológica (Eloi Badia).

Hace unas semanas, el Ayuntamiento presentaba un informe de la Agència de Salut Pública de Barcelona sobre los efectos de la contaminación acústica en la salud de las personas, y medidas para combatirla. Tarafa tuiteó: "El ruido es el segundo factor ambiental con más impacto sobre la salud. 210.000 (personas) sufren afectación emocional, psicológica y social, 60.000 trastornos del sueño y hay 300 casos nuevos de cardiopatías isquémicas". Y concluía: Hemos presentado con Eloi Badia medidas para hacerle frente".

BOTELLONES A DOQUIER

La realidad es otra de muy distinta, y lo ocurrido en Sant Antoni no es un caso único. Numerosos barrios de Barcelona sufren cada fin de semana un ruido insoportable por botellones. El Triángulo Golfo del Poblenou es un ejemplo, la Barceloneta ya teme la llegada del verano, en las plazas de Gràcia se ha convertido en un mal endémico, y los vecinos de Diagonal Mar y el Besòs i el Maresme tienen que aguantar todo el año los alborotos de haber convertido el Fòrum en el único recinto de conciertos de la ciudad.

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