Puerta del restaurante Glug en una imagen de archivo

Puerta del restaurante Glug en una imagen de archivo Instagram

Eixample

El restaurante de Barcelona al que se rinde el prestigioso The New York Times: sin camareros, vino de grifo y con influencia italiana

El prestigioso diario incluye a este local del Eixample en su icónica guía de '36 horas', trazando una ruta que huye del centro masificado y abraza el nuevo modelo de ciudad bajo el lema "This is Barcelona"

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El sutil cambio de eslogan oficial del Ayuntamiento, que ha pasado del clásico "VisitBarcelona" a la rotunda afirmación "This is Barcelona", no ha pasado desapercibido al otro lado del charco.

La ciudad ha llegado a su punto de ebullición con el turismo masivo y busca ahora atraer a visitantes que respeten sus riquezas culturales bajo sus propias reglas.

El prestigioso diario The New York Times, a través de la pluma de Jason Horowitz, ha tomado el guante en su aclamada y reciente guía 36 horas en Barcelona.

Evitar el centro

El rotativo neoyorquino constata una realidad: muchos barceloneses evitan el centro histórico ante las hordas de visitantes.

Exterior del restaurante Glug en Barcelona

Exterior del restaurante Glug en Barcelona Instagram

Sin embargo, advierte a sus casi diez millones de suscriptores digitales que Barcelona "no está acabada".

La clave, sugieren, es aventurarse por barrios como Gràcia, el Eixample o Poblenou.

Y es precisamente en la cuadrícula perfecta de L'Antiga Esquerra de l'Eixample donde la cabecera ha encontrado la joya de la corona del nuevo panorama gastronómico local: Glug, ubicado en la calle Viladomat 289.

La revolución se sirve en la barra

Abierto en junio de 2024, Glug no es un restaurante convencional. No hay camareros.

En su lugar, los seis cocineros del local sirven directamente a los comensales desde detrás de una larguísima barra que domina el espacio.

Uno de los platos que se sirven en Glug de Barcelona

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Al frente de este proyecto, que ya es un lugar de peregrinación para los propios chefs de la ciudad en sus días libres, se encuentra un tándem de lujo: el catalán Iván García (ex de Direkte y Aürt) y la turinesa Beatrice Casella (ex de Céleri e Hisop).

Juntos han creado una atmósfera que rechaza las formalidades, con capacidad para 38 personas, en un local teñido de un intenso color rojo tinto y amenizado por una jukebox nostálgica que reproduce CDs.

Fusión ítalo-catalana: del hit de la cebolla a la croqueta de la abuela

La propuesta culinaria, pensada inicialmente como un local de 'platillos', ha evolucionado hacia una gastronomía superlativa que fusiona sin complejos el recetario catalán con dejes italianos.

El plato estrella es la sopa de cebolla con botones de queso Comté. Requiere ocho horas de fuego lento para reducir la cebolla de Figueres casi hasta el caramelo. Se le añaden unos tortellini rellenos en un guiño a las sopas del Piamonte, creando una explosión de sabor en boca.

Interior del restaurante Glug en una imagen de archivo

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La croqueta de macarrones es otro de los platos destacados. Nace de la tradición italiana de freír la pasta del día anterior, pero se rellena con el inconfundible sofrito de carnes de los macarrones de la abuela de Iván.

La carta, corta y purista, de unos 16 platos, varía con la temporada, ofreciendo desde tortellini de rabo de toro con fonduta de parmesano hasta sorprendentes postres vegetales, como el de topinambur con vainilla y helado de piñones.

El reivindicativo "Glug" del vino

El nombre del restaurante es una onomatopeya del sonido al verter y beber vino, toda una declaración de intenciones.

Beatrice es la encargada de guiar a los clientes a través de las más de 620 referencias que atesoran. Pero lo más revolucionario son sus tiradores de vino. "Queríamos cambiar la idea de que el vino de tirador es de mala calidad", apunta la chef. Sirven mezclas ideadas por ellos mismos directamente del grifo, democratizando el acceso a copas de alto nivel.

La entrada del restaurante Glug en una imagen de archivo

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La ruta del NYT: "Heavy esmorzar de forquilla" y arte ignorado

Para acompañar la experiencia en Glug, el New York Times propone un itinerario de 36 horas que actúa como un mapa del tesoro para el nuevo modelo de turismo que busca la ciudad:

  • Viernes: Comida creativa en Al Kostat (de Jordi Vilà), tarde de Gaudí temprano en la Casa Vicens, cena en el bistró Monocrom y cócteles retro en la Bodega Universal.
  • Sábado: Un auténtico "heavy esmorzar de forquilla" en el mítico Gelida. Compras de diseño local en Lydia Delgado, comida en La Panxa del Bisbe, y una tarde explorando el Museu del Disseny y el Poblenou, antes de ver atardecer en la playa de Bogatell. Para cenar, la parada obligatoria en Glug, seguida de absenta en el Bar Marsella y un final de fiesta insospechado en el Tablao Flamenco Cordobés.
  • Domingo: Desayuno de especialidad en el Bar la Camila (Gràcia) y la única concesión al circuito más tradicional: la visita a la Sagrada Familia.