¿Por qué tantas restricciones, por qué tantos problemas aunque se cumplan todos los requisitos legales? ¿Una inversión privada que puede generar beneficios para el conjunto de la ciudad, es punible? Esas preguntas las lanzó el impulsor del proyecto del Hermitage, Albert Pinadell, en un debate junto al concejal del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona, Xavier Marcé, responsable de Turismo e industrias creativas, en el Círculo del Liceu. Sus responsables, con José García Reyes al frente, dieron cuenta de la anomalía: “Hemos intentado que todos los actores participaran en este debate, pero ha sido imposible”. Es decir, nadie de los comunes, hostiles al proyecto del Hermitage en Barcelona, quisieron dar la cara.

Nadie, ni Jordi Martí ni Janet Sanz, que han liderado la oposición del Ayuntamiento al Hermitage, aceptó la invitación, y el debate se transformó, en realidad, en un diálogo entre Pinadell y el socialista Xavier Marcé sobre cómo se podría recuperar una inversión que podría dejar, solo en la Barceloneta, según Pinadell, unos 50 millones de euros, de forma directa e indirecta por la actividad que se generaría en el Puerto de Barcelona, en la Nova Bocana. ¿Qué explicación se podría ofrecer si en el acuerdo entre los inversores y la Autoridad del Puerto de Barcelona se cumplían todos los requisitos, dando respuesta al proyecto que quería poner en pie el científico Jorge Wagensberg, que falleció en marzo de 2018?

LA CLÁUSULA DEL AYUNTAMIENTO

Fue Marcé quien ofreció una respuesta contundente, después de admitir las diferencias entre los socialistas y los comunes, que forman parte del mismo gobierno de coalición. Marcé, que dejó claro que el PSC no tiene en su mano ahora mismo un cambio en el proyecto, porque la decisión es de Ada Colau y del exsocialista Jordi Martí, consideró que la oposición es “ideológica”, sin muchos más añadidos. “Hay una antipatía formal, ideológica, al proyecto”, señaló.

Render del museo Hermitage en el Port, junto a la parcela que ocuparía el Liceu a la derecha / CEDIDA

La clave hay que buscarla en la tercera modificación de la Bocana del Puerto, en la reordenación que impulsa la Autoridad del Puerto de Barcelona, con la inclusión, por indicación del Ayuntamiento de Barcelona, de un artículo que señala que si se modifica el “espacio central” de esa Bocana, y se incorpora un uso cultural se deberá firmar un convenio específico entre Ayuntamiento y Puerto. Eso ocurrió en abril de 2018.

HISTORIA DE UN DISPARATE

Ese convenio, sin embargo, nunca se firmó. El Ayuntamiento pidió cuatro informes externos y señaló que en ellos se desaconsejaba el proyecto para el área del Hermitage, un proyecto cultural, con inversores privados, que podía disponer de los fondos museísticos del Hermitage de San Petersburgo. En uno de ellos, que firmó el filósofo Josep Ramoneda, se desaconsejaba, efectivamente, el proyecto, pero el propio Ramoneda no se oponía y dejaba claro que se cumplía con los requisitos para proceder a la inversión, siempre que no recibiera ninguna subvención pública, como así es, según Pinadell. El hecho es que se fue dando largas, con algunas reuniones “poco fructíferas” entre los inversores con Jordi Martí y Janet Sanz.

Xavier Marcé consideró que lo “lamentable” es que, en ningún momento, se ha podido entrar en un debate sobre el fondo del proyecto, sobre cómo se prestarían esos fondos del museo, sobre qué características tendría, sobre cómo podrían las galerías de arte de la ciudad participar en la dinámica cultural que se podría generar. Y puso de ejemplo el propio “no debate” en el Círculo del Liceu: “No es normal que no se pueda debatir, no es ejemplarizante que no se pueda abordar un proyecto que formaría parte de una práctica en la que ha crecido la ciudad, con la participación público-privada. Es la historia de un disparate”, remachó.

ESPERAR A UN CAMBIO POLÍTICO

Pero, ¿hay autocrítica en el otro lado? Pinadell asumió que, tras la muerte de Wagensberg, el proyecto del Hermitage ha carecido de un liderazgo claro, y que, “tal vez” ha podido fallar la comunicación. Uno de los asistentes lo señaló de forma más clara: “Ustedes representan todo lo que los comunes no quieren, un fondo de inversión suizo, promotores inmobiliarios, un museo asociado al lujo”. Sin embargo, Pinadell negó la mayor, dejando claro que el Hermitage Barcelona tendría autonomía propia, que no se trata en ningún caso de una franquicia, y de que el museo de San Petersburgo desea asociarse a Barcelona y el proyecto no está muerto.

Los terrenos del Port de Barcelona, junto al Hotel Vela, donde se tiene que construir el Hermitage / PORT DE BARCELONA

Aunque el proceso se ha judicializado, porque el Ayuntamiento impugnó el acuerdo adoptado por el Puerto de Barcelona, en el que se incluye el proyecto del Hermitage y una posible colaboración con el Liceu de Barcelona, --de ahí el gran interés de los socios del Círculo del Liceu que abarrotaron las dos salas donde se celebró el debate-- Pinadell confió en que se pueda instalar en Barcelona. La esperanza no es otra que un cambio político en el Ayuntamiento.

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